Erika Hilton, la diputada más votada de Brasil: la voz de la resistencia al bolsonarismo es una mujer trans
El Congreso Nacional de Brasil viró en estas elecciones aún más a la derecha. Tanto la Cámara como el Senado tendrán una mayoría de parlamentarios conservadores, con el partido de Flávio Bolsonaro más fuerte que nunca. Delante tendrán a personas como Erika Hilton, la diputada más votada en la historia de Brasil. En estas elecciones ha cosechado 1,5 millones de votos, seis veces más que hace cuatro años. Es un espaldarazo a una carrera política que empezó discretamente como concejala en el Ayuntamiento de São Paulo hace seis años y que ha ido escalando rápidamente.
Hilton, una mujer negra y transexual de 33 años, no tiene pelos en la lengua. Su llegada a la Cámara de Diputados hace cuatro años ya fue una revolución. Junto con Duda Salabert (que ahora también ha sido reelegida) fue la primera diputada federal trans en la historia del país. En esta legislatura ha ganado proyección nacional gracias a su carisma, a un carácter blindado contra las agresiones de sus colegas y sobre todo a una velocísima y afilada oratoria. Es militante del Partido Socialismo y Libertad (PSOL), una formación minoritaria a la izquierda del Partido de los Trabajadores (PT) de Luiz Inácio Lula da Silva.
Buena parte de la biografía de Hilton se parece a la de muchas mujeres trans abocadas a los márgenes. Durante su adolescencia, el fundamentalismo evangélico de su familia llegó a expulsarla de casa. Vivió en la calle un tiempo y ejerció la prostitución. Fue en la dura vida callejera donde empezó a tener contacto con los movimientos sociales y el activismo estudiantil.
Su fama en los últimos años ha crecido de la mano de las redes sociales. Un lenguaje fresco y cercano a los jóvenes la han convertido en un icono pop. Sus inteligentes respuestas a los diputados de la extrema derecha se convierten rápidamente en carne de meme y video viral. Hilton repite constantemente que la política puede ser algo atractivo, que interpele a los más jóvenes. Ella puede estar un día debatiendo en una sesuda comisión legislativa en Brasilia y por la noche vestida de gala en un desfile de moda en São Paulo o en un concierto de Beyoncé, su gran ídola. Otro logro importante ha sido extender su mandato más allá de lo que la derecha llamada despectivamente agendas identitarias o woke, como la protección de los derechos del colectivo LGTBQ+.
Hilton lideró, por ejemplo, una de las ofensivas clave para la clase trabajadora, la propuesta de enmienda a la Constitución para reducir la jornada laboral de seis a cinco días semanales. Después de cierta resistencia, el Gobierno de Lula asumió esa bandera al percibir que podía generar importantes réditos electorales. La propuesta, que aún no se ha aprobado definitivamente, obtuvo luz verde en la Cámara de Diputados después de que Hilton recogiera el guante de Rick Azevedo, un joven de Río de Janeiro, negro y gay, que cansado de la precariedad y de trabajar hasta la extenuación como dependiente lanzó el movimiento ‘Vida más allá del trabajo’ y consiguió colocar el tema en el centro de la agenda política. Azevedo dará ahora el salto a la política con mayúsculas: ha sido elegido diputado con el mismo partido de Hilton, con casi 200.000 votos.
Hilton ha sido la mujer más votada de la historia de Brasil, pero el diputado más votado es su némesis, Nikolas Ferreira. Este diputado treintañero, uno de los más prometedores bolsonaristas, fue reelegido con 3,1 millones de votos en el estado de Minas Gerais. Los dos protagonizaron famosos enfrentamientos en la última legislatura. El 8 de marzo de 2023, día de la Mujer, Ferreira subió a la tribuna de la Cámara con una peluca rubia diciendo que se llamaba “Nikole” y ridicularizando a las mujeres trans. Hilton lo denunció a la Fiscalía. La diputada también tuvo que aguantar diversos ataques tránsfobos de sus compañeros cuando fue elegida presidenta de la Comisión de Defensa de los Derechos de la Mujer.
Bajo la blanca cúpula convexa que Oscar Niemeyer diseñó como hogar para los diputados se pasean sobre todo hombres, en su gran mayoría blancos y de derechas. Y llegan refuerzos. Entre la nueva hornada de parlamentarios bolsonaristas hay figuras como Lucas Pavanato (tres millones de votos en São Paulo), que tiene como grandes prioridades “acabar con los baños unisex”, que las mujeres trans no puedan participar en competiciones deportivas o desterrar la supuesta “ideología de género” que en opinión de la extrema derecha campa a sus anchas en las escuelas.
Para Hilton, la noche electoral tuvo un sabor agridulce: contenta por ser reelegida con una votación récord pero preocupada ante un Congreso que promete ser más hostil que nunca y con Flávio Bolsonaro acariciando la presidencia. Ante sus seguidores pidió festejar el resultado, pero no perder el norte: “Quiero hablar de la responsabilidad que tenemos ante el futuro; vamos a celebrar los números que nos han dado en las urnas, pero mañana nos levantaremos con el compromiso de seguir luchando por el país en el que creemos, por la vida de las personas, por un proyecto más plural”, dijo. La segunda vuelta, el duelo final entre Lula y Flávio Bolsonaro, será el 25 de octubre.

