Las prisas de Morena
Por alguna razón, Morena tiene prisa para tomar todas las decisiones posibles respecto de las elecciones de 2027. Un partido colocado en la cima de las encuestas debería tomarse las cosas con más calma, pues su posición en las preferencias refleja un colchón de poco costo político por sus acciones. Sin embargo, el partido oficialista decidió hacer en un par de semanas la nominación de sus 17 candidaturas a diferentes gobiernos estatales.
Al ser el partido con mayor preferencia electoral en el país, resulta natural que sus procesos internos sean de interés general. La verdad es que, salvo en un par de entidades, a nadie le interesan mucho los procesos del PRI o del PAN. La carrera de esos partidos rumbo a la insignificancia ya muestra signos preocupantes, pues reciben trato de “partidos grandes” cuando están a un paso de quedar en un dígito en las preferencias.
Así que el ojo público tiene que estar puesto en quienes tienen posibilidades de triunfar, pues la derrota ya se da por descontada para la oposición en unas diez de las gobernaturas que están en juego. La nadería opositora es alarmante, pues hay estados en los que, a pesar del desastre que ha sido Morena en varios gobiernos locales, sigue siendo el partido preferido por la población.
El caso de Sinaloa es verdaderamente escandaloso. Si el crimen organizado lleva décadas asentado en esa entidad, con la llegada de Morena la presencia criminal ha escalado hasta la cabeza del gobierno estatal, lo que ha generado señalamientos internacionales. La estructura política sinaloense ha demostrado estar corrupta hasta la médula. El gobernador, el senador, alcaldes, titulares de carteras de gobierno, por supuesto, jefes de seguridad. Sinaloa lleva dos años sumida en una guerra entre cárteles sin que el gobierno local haga nada. A pesar de esto, la presencia opositora parece ser inexistente, pues no parece importar que líderes del morenismo en esa entidad tengan incluso una solicitud de extradición del gobierno norteamericano, pues las preferencias electorales son para ese partido.
El proceso de selección de candidaturas en Morena dejó muchos inconformes. Aunque la inconformidad es una respuesta lógica en quien no se vio favorecido con la decisión, en esta ocasión fue la propia dirigencia morenista la que se enfrascó solita en problemas al anunciar un supuesto método transparente y democrático que, al final, ni fue transparente ni mucho menos democrático.
Por la nefasta herencia de cultura política que significa “el dedazo” ejercido en el PRI durante décadas, los partidos políticos mexicanos sienten la obligación de tener que elegir a sus candidatos de manera democrática en una suerte de elección. La verdad es que nadie los obliga a hacer tal cosa. Los podrían seleccionar designándolos directamente y así se ahorrarían muchos problemas internos y mala imagen externa. Pero por alguna culpa autoritaria no lo hacen y entonces terminan dañando a quienes participan en el proceso, pues los engañan deliberadamente.
Para muestra, el botón de Chihuahua. Se pueden decir muchas cosas de Andrea Chávez, pero no se le puede negar que se dedicó a trabajar a fondo dos años su estado. La señora hizo el trabajo que le correspondía, pues enfrentaba a Cruz Pérez Cuéllar, un hombre que cuando nació Andrea ya hacía trabajo territorial en Chihuahua. El mañoso proceso de selección no solamente dañó a la figura de la señora Chávez, que mereció únicamente la defensa ramplona de un zafio Iscariote como Javier Corral, sino que también colocó en la diana de las críticas al ganador.
Dicen que la prisa es mala consejera. A eso hay que sumarle la ya tradicional ineptitud del morenismo para hacer bien las cosas. Quizá piensan que ya todo está solucionado, pero es cuestión de tiempo para ver la reacción de los que perdieron con el “método democrático”.


