Sánchez mide el alcance del malestar social contra la derecha para decidir si convoca ya elecciones
Estaba escrita y medida, y la frase lo decía todo: “Hagan lo correcto porque la historia les juzgará antes de lo que creen y con más contundencia de la que se imaginan”. Al escucharla, buena parte del hemiciclo interpretó en ese “antes de lo que creen” que Pedro Sánchez ya tiene totalmente decidido adelantar las elecciones de manera inminente, en la primera fecha posible, el 29 de noviembre. La realidad, según diversas fuentes del entorno del presidente y personas que hablaron con él en la larga jornada en el Congreso, es que Sánchez aún no ha tomado una decisión definitiva, aunque el adelanto electoral inmediato sí está encima de su mesa.
Es la decisión estratégica más importante que tiene que tomar Sánchez. Un acierto puede cambiarlo todo. Se vio con el que tuvo él en 2023, cuando convocó de manera sorpresiva y al final atinó porque al PP le tocó la campaña en plena formación de los gobiernos autonómicos con Vox y eso movilizó a la izquierda y le dio a Sánchez un millón de votos más de los previstos y la posibilidad de formar gobierno aunque con mucha dificultad y dependiendo de Junts, que finalmente ha sido su peor pesadilla.
Pero la historia, como recordaban varios ministros consultados, está llena de clamorosos errores de convocatorias, la última más evidente cuando Emmanuel Macron decidió adelantar las legislativas y acabó atrapado en manos de la ultraderecha con una sucesión de primeros ministros dimitidos.
Sánchez ha demostrado mucho olfato político para este tipo de decisiones. Pero también errores. En 2019, la repetición electoral con la que esperaba arrasar fue un fiasco y acabó pactando una coalición con Podemos, lo que deseaba evitar, pero con 10 escaños menos y ya sin la opción B de irse con Ciudadanos.
Esta vez, según distintos ministros y dirigentes del máximo nivel, Sánchez ha abierto un periodo de evaluación y escucha para no equivocarse ante la decisión clave que puede acabar como una genialidad o un error fatal que abra la puerta a la ultraderecha también en España, uno de los últimos bastiones de la izquierda mundial. Sánchez no tiene ninguna agenda pública durante el fin de semana, así que lo dedicará a meditar su decisión.
El presidente no solo está escuchando a todos sus ministros, asesores principales, líderes del PSOE, sino también a sus aliados políticos, en especial Sumar, que es decisivo porque si tiene un resultado pésimo da igual que los socialistas resistan, el gobierno caerá. Además está mirando sondeos y análisis de datos que en estos casos se hacen de muchos tipos. En La Moncloa hay un equipo especializado en todo tipo de datos, que procesa todo lo que ya tenían, hace nuevos sondeos sobre la realidad con la caída de los decretos, y establece hipótesis de las consecuencias electorales que tendría todo esto en unos posibles comicios en noviembre.
El problema que contemplan es que ahora puede haber una arreón de la izquierda por la vivienda, pero para las elecciones quedarían 54 largos días y en medio pueden pasar muchas cosas en el ámbito judicial, en Ceuta —con la inminente visita de los Reyes— y en cualquier otro aspecto que pueda complicar las elecciones.
Además de evaluar esos datos, Sánchez también medirá las dimensiones de la ola de indignación que ha generado la votación en el Congreso en la que se ha tumbado el llamado “decreto Maricarmen”, que incluía un escudo antidesahucios para impedir que personas vulnerables como ella sean expulsadas de sus casas. Ahora se vuelven a quedar desnudas, y es previsible que siga el goteo de desahucios, algo que sin duda el Gobierno utilizará en contra de los que han votado no, PP, Vox y Junts.
Una de las formas más fáciles de evaluar la fuerza de ese enfado, y hasta qué punto puede convertirse en combustible electoral para la izquierda, es la manifestación de este sábado. Sus dimensiones darán al Gobierno un buen termómetro para entender cómo está la sociedad, un sondeo muy real además del que hagan los encuestadores de La Moncloa en estas horas.
Algunos expertos consultados en estas horas señalan que Sánchez sí puede tener una oportunidad buena para aprovechar ese momento, aunque también creen que cambiar la tendencia a favor de la derecha que detectaban todos los sondeos hasta ahora es muy difícil sobre todo porque Vox está muy sólido en todos ellos.
Con todos estos datos, la opinión de los dirigentes más importantes del partido, de los ministros, de los asesores, de los socios y su capacidad de análisis político, muy desarrollada después de ocho años y medio en La Moncloa y 12 al frente del PSOE, con el parón de seis meses cuando lo echaron, Sánchez tomará una decisión durante el fin de semana, probablemente el domingo.
Si opta por convocar, podría hacerlo el mismo lunes por la mañana en La Moncloa, como en 2023, y después marcharse a la Ejecutiva del PSOE, que ya estaba convocada de antemano, para explicarse y arrancar la campaña.
Hay también dirigentes que creen que debe ser muy prudente y no precipitarse porque si adelanta ahora está renunciando a muchos meses de Gobierno —tiene mandato hasta julio de 2027— y tal vez pueda venir un momento mejor, aunque otros muchos señalan que es improbable que exista una ventana de oportunidad más adecuada.
En el caso de que decidiera no convocar, Sánchez tiene que decidir qué hace con los decretos decaídos, si vuelve a presentar otros parecidos para intentar parar los desahucios y se inventa una nueva negociación con Junts, aunque parece muy difícil que pudiera llegar a un acuerdo si los independentistas ni siquiera quisieron abstenerse después de que se incorporaran el 90% de sus propuestas, mientras el PNV y Coalición Canaria se iban al sí tras la misma negociación.
Sánchez y sus ministros tenían otros planes, y estaba previsto empezar pronto con la ronda de portavoces de los Presupuestos, no tanto con la idea de que salgan sino que fueran el trampolín para convocar las elecciones. Aunque muchos dirigentes señalan que este es mejor y ya no necesita los Presupuestos. El presidente también quería intentar aprobar la financiación autonómica, algo importante para uno de sus grandes apoyos, Salvador Illa, pero todo eso queda ahora en el aire. Al PSC no le interesa especialmente ir ahora a elecciones generales y hacer una campaña municipal clave en 2027 con el PP y Vox en La Moncloa y la izquierda en depresión.
Por eso una decisión tan importante como esta siempre tiene pros y contras. Y aunque el adelanto electoral crece como la opción más probable en los ambientes del Gobierno y del PSOE, algunos otros llaman a la calma y piden pensarlo bien antes de decidir. Eso es lo que parece que hará Sánchez. Pero no por mucho tiempo. Todo indica que la respuesta, como tarde, llegará el lunes.


