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Hegseth transforma el Pentágono a su imagen y semejanza

El secretario de Defensa (o de Guerra, como él prefiere que le llamen) de Estados Unidos, Pete Hegseth, es cristiano nacionalista acérrimo, un convencido creyente en la forma y el aspecto físico, un admirador de la historia antigua europea y un escéptico redomado ante todo aquello que él considera progresista, o “woke”. Desde las universidades punteras a los mandos militares que le presentan objeciones. Y está transformando su Departamento de manera radical para adecuarlo a sus ideas.

Este miércoles, mientras su portavoz ha confirmado la salida definitiva de las tropas estadounidenses de Irak y un día después de que la guerra contra Irán cumpliera siete meses, ha anunciado varios pasos más para acelerar ese cambio, incluida la creación de una oficina de Asuntos Religiosos en el Pentágono y la eliminación o despido de un 20% de los puestos de mando.

En un discurso que describe como “el estado de las fuerzas armadas” —similar al que ya pronunció hace un año y en el que arremetió contra los militares de pelo largo o barba, con exceso de peso o de ideas progresistas—, el secretario de Defensa ha anunciado también el establecimiento de un proyecto para estudiar cómo serán las guerras del futuro. Y ha desvelado que pondrá al cargo a “tres grandes patriotas estadounidenses”: Elon Musk, el hombre más rico del mundo y fundador de Space X; Palmer Luckey, el cofundador de Anduril, especializada en aplicaciones de inteligencia artificial para la defensa, y el expresidente republicano de la Cámara de Representantes Newt Gingrich.

El Pentágono ya contaba con una unidad encargada de ese tipo de estudios, la Unidad de Innovación en Defensa. Su responsable, Doug Beck, dimitió el año pasado, uno más de una larga serie de ceses y renuncias en el Pentágono desde la llegada del antiguo presentador de la cadena de televisión Fox. La OTAN también cuenta con todo un comando dedicado a evaluar el futuro de los combates y cómo los ejércitos parte de la Alianza tendrán que prepararse para ellos. Ese comando tiene su sede en Norfolk (Virginia), a un par de centenares de kilómetros de donde él hablaba.

“La gente que lleva las cuentas dice que hemos despedido a un 10% de los generales y almirantes de las fuerzas armadas, y ese número suena correcto”, declaró, acerca de los ceses que ha acometido entre los altos mandos. “Y yo sé, porque he dado la orden, que hemos recortado el número total de puestos de mando un 10% más. Así que, en total, un 20%. Los medios lo llaman una purga. Yo lo llamo rendición de cuentas, y llevaba tiempo pendiente”.

En su intervención, que como la del año pasado tuvo lugar en la Academia de Infantería de Marina en Quantico (Virginia) y que pretende hacer anual, Hegseth, que habló delante de una gran bandera estadounidense, reiteró como entonces que las barbas y la grasa abdominal están prohibidas, tanto entre la soldadesca como entre los mandos. Y que el ejercicio físico es algo obligatorio a diario.

“Ni gordos, ni transexuales, ni barbudos, ni raritos, ni cobardes, ni radicales”, enumeró para describir a quienes no tienen cabida en las fuerzas armadas que él desea. “Solo guerreros”, subrayó.

El año pasado, el secretario de Defensa había hecho venir desde sus destinos repartidos por todo el mundo a cerca de 800 altos mandos de las fuerzas armadas, para un acto en el que también intervino el presidente, Donald Trump. Esta vez, su audiencia era de oficiales. Pero su lenguaje fue tan áspero, y tan partidista, como el de hace un año, cuando arremetió contra los generales gordos y llamó a las fuerzas a adelgazar y estar en plena forma para garantizar su “letalidad”.

Hegseth se vanaglorió de haber cesado a decenas de altos mandos militares y acusó a los medios de “traición” por publicar noticias sobre la guerra de Irán poco halagüeñas para el Pentágono.

También anunció la creación de una nueva fuerza para la innovación en robótica y el desarrollo de drones, y una iniciativa, “Fortaleza América”, para reforzar las cadenas de suministro militares en Estados Unidos, evitar la dependencia del exterior o incluso de la infraestructura civil en caso de un ataque enemigo. Así, indicó, las grandes instalaciones militares generarán su propia electricidad.

Una nueva base militar

Hegseth también invitó a los Estados del país a pujar ante el Departamento de Defensa y la Casa Blanca para ser escogidos como la sede de una nueva base militar que el Pentágono piensa construir en el futuro y que acogerá hasta 25.000 militares. Esas tropas provendrán de contingentes actualmente en el exterior y que serán repatriados. El jefe del Pentágono no especificó de qué lugares volverán. Su Departamento lleva a cabo una revisión del despliegue que mantiene en Europa y ha anunciado ya el regreso de miles de soldados destinados en Alemania.

Fiel a su proverbial desconfianza ante las universidades punteras que considera demasiado progresistas, anunció también un nuevo programa de colaboración con una serie de centros de estudios superiores de línea conservadora, para la formación de futuros mandos. “Necesitamos estudiantes de la civilización occidental y de los pilares de nuestra república. Líderes que entiendan la fe de Jerusalén, la filosofía de Atenas, el poderío de Roma y la libertad de Filadelfia en torno a 1776”, subrayó.


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