Macron defiende la UE ante los estudiantes en su visita a España: “Somos este viejo continente que se subestima. Pero no vamos tan mal”
El presidente francés, Emmanuel Macron, ha enarbolado este martes, ante un nutrido grupo de estudiantes en Madrid, un alegato de regusto europeo contra la “desesperanza”. Frente al auge del “nacionalpopulismo” y del extremismo; ante el creciente poder que acumulan las compañías tecnológicas, erosionando las democracias liberales, el líder galo ha pedido “rehumanizar” las redes sociales y “retomar la eficacia” de las democracias, para que la ciudadanía no se deje seducir por la rapidez en la gestión que venden las autocracias.
“Somos este viejo continente que se subestima. Pero no vamos tan mal”, ha esbozado Macron en un acto sobre la democracia en Europa en la era digital celebrado en el Paraninfo de la Universidad Complutense, parte de su visita de Estado. El galo ha respondido, primero, a las preguntas del escritor Javier Cercas ―los dos, que se conocen desde 2023, estaban de pie, mano a mano, en el estrado del salón de actos―, y luego a las de varios estudiantes.
En opinión de Macron, que se ha expresado siempre con tono argumentativo, sin leer un solo papel, la UE está viviendo un “despertar”, y ha reclamado que el bloque comunitario, tras décadas de paz y prosperidad, se erija también en una potencia en el campo tecnológico y militar.
Cercas ha iniciado el diálogo con tono más bien sombrío. ”Estamos en una depresión democrática”, ha dicho en francés, idioma que ha mantenido durante toda la conversación. A finales del siglo XX, ha seguido, tras la caída del comunismo, “pensábamos que la democracia era inevitable”. Pero, en su visión, ese optimismo excesivo encalló con el iceberg de la crisis financiera del 2008, “un terremoto” comparable al crack de 1929, que propició la llegada del fascismo, y terminó con la segunda guerra mundial.
Esta crisis no ha alumbrado el fascismo, sino lo que Cercas denomina el “nacionalpopulismo”, cuyo mejor ejemplo sería el presidente estadounidense Donald Trump. “Quizá mas peligroso que el fascismo”, ha aventurado el escritor. “Aún no conocemos la verdadera cara del nacionalpopulismo”.
Macron ha reconocido que las cosas se han puesto complicadas tirando a feas; ha regresado la guerra a Europa; China y Estados Unidos “por primera vez en la historia [son] dos potencias hostiles a la idea de Europa”, ha dicho. Y frente a la angustia que provoca esta “multicrisis”, “los extremos son mucho más atractivos”.
Ese es el campo donde se mueven las redes sociales y los algoritmos y la inteligencia artificial. No están hechas para que las democracias funcionan bien, ha dicho, sino para “despertar el máximo de excitación” en los usuarios. Viven de generar un “impacto negativo”. “Nos vamos a exponer muchas horas al dia a cosas que nos separan”, ha expresado.
Macron ha insistido también en la necesidad de regular el acceso de los niños y adolescentes a estas redes digitales. Desde su Gobierno, ha impulsado una ley para prohibir el acceso de los menores de 15 años, pero fue tumbada en agosto por el Consejo Constitucional.
El presidente Francés ha aterrizado en España en un momento complicado, a medida que apura también los meses finales de su segundo y último mandato, con cierta sensación de final de época, y también de vértigo ante lo que pueda venir después.
“Su política es bastante debatida ahora en Francia”, comentaba justo antes del acto, en el Paraninfo, un grupo de alumnas francesas que estudian un programa de derecho hispanofrancés en la Universidad Complutense y la Sorbona de París. Entre esa oposición en Francia citaban las huelgas que sacuden ahora mismo los institutos de su país “porque los recursos son bajísimos”.
Macron llegó al poder en 2017, tras el referéndum del Brexit y la primera victoria de Donald Trump en las elecciones estadounidenses, los dos hitos del 2016 que fijaron el tono de la sinfonía política global. Esa melodía dura hasta nuestros días, por mucho que Macron se haya empeñado en ponerse en frente.
“Hay muchas cosas buenas en esta revolución”, ha reflexionado Cercas sobre las redes sociales, antes de preguntarle a Macron cómo hacer para rechazar las malas, sin frenar los avances.
Se les ha visto cómodos en la conversación. La relación entre ambos se remonta a 2023, cuando el escritor recibió un correo electrónico de la embajada francesa en Madrid en el cual le explicaban que el presidente de la República era un gran seguidor de sus libros, y que tenía mucho interés en tomar un café con él en Barcelona, aprovechando una visita a esta ciudad donde se iba a celebrar una cumbre hispano-francesa con el presidente español, Pedro Sánchez.
Aquella propuesta se acabó convirtiendo en una entrevista para EL PAÍS realizada en el Elíseo en los días previos a la visita de Macron a Barcelona, que giró en torno a las mismas ideas que han poblado la conversación esta tarde en Madrid: el auge del nacionalpopulismo, la amenaza que supone la extrema derecha para las democracias liberales, la invasión rusa de Ucrania y el sentimiento europeísta. “Hay una crisis inédita por la guerra. La respuesta es una Europa poderosa”, decía Macron en el titular de aquella pieza. También hablaron de literatura: “Es lo único que importa”, cerraba el presidente francés la entrevista, unas palabras que parte de la opinión pública francesa consideró una frivolidad.
Este encuentro fue seguido, unos días después, del café al que se habían emplazado en Barcelona, para mantener una conversación privada, varias semanas más tarde, de una cena en el Elíseo junto al rey emérito, Juan Carlos I, y el novelista peruano Mario Vargas Llosa.
Los tres se encontraban en París para la ceremonia de ingreso del premio Nobel en la Académie Française. “Aquella cena a cuatro se prolongó durante más de tres horas, a lo largo de las cuales Macron preguntó y escuchó mucho más de lo que habló”, rememora Cercas en su reciente libro El periódico de la democracia, sobre los 50 años del diario EL PAÍS. “Luego, como si yo fuera un periodista, me pasé la madrugada entera transcribiendo palabra por palabra, en la habitación de mi hotel, cuanto se había dicho en el Elíseo, con la certeza febril de que acababa de asistir a una noche única y de que lo que estaba apuntando era muchísimo más interesante que el diálogo con Macron publicado días atrás en el periódico”.

