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Por qué 130 años después aún obsesiona el asesinato de los padres de Lizzie Borden, uno de los mayores misterios sin resolver en EE.UU.

Al dramatizar vívidamente las vidas de asesinos infames, los realizadores Ryan Murphy e Ian Brennan han convertido en un éxito rotundo Monster (“Monstruo”), su show de antología de crímenes de la vida real en Netflix.

El asesino en serie Jeffery Dahmer, los hermanos parricidas Lyle y Erik Menéndez, y el homicida y profanador de tumbas Ed Gein todos han sido recibido el tratamiento “Monster“, representaciones que Murphy afirma buscan abordar un interrogante: ¿Los monstruos nacen o se hacen?

Advertencia: este artículo contiene detalles que pueden resultar perturbadores para algunos de los lectores.

Para la cuarta temporada, el dúo seleccionó a Lizzie Borden como tema de su especulación creativa. Y no han sido los primeros. Durante décadas, novelistas, dramaturgos, poetas, y hasta compositores de ópera y músicos de rock se han inspirado en la historia macabra de la mujer estadounidense acusada de dos asesinatos espeluznantes en agosto de 1892.

Es un hecho tan infame en la historia del crimen en EE.UU. que los niños en la escuela todavía recitan la cancioncilla: “Lizzie Borden tomó un hacha y le propinó a su madre 40 trancazos / Y cuando vio lo que había hecho, le dio a su padre 41” (“Lizzie Borden took an axe and gave her mother 40 whacks / And when she saw what she had done, she gave her father 41”).


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