“Atrapar a un depredador”: el controvertido programa que exponía a pedófilos y que fascinó a la TV de EE.UU.
Fuente de la imagen, MTV Documentary Films
La nueva película Primetime, protagonizada por Robert Pattinson, se centra en la polémica serie que hacía operativos encubiertos para atrapar a posibles agresores sexuales. Fue un éxito de audiencia que dio pie a un intenso debate ético sobre la televisión.
En noviembre de 2004, se emitió en la televisión estadounidense un nuevo y controvertido segmento que se conoció como To Catch a Predator (“Atrapar a un depredador”), como parte del programa de actualidad Dateline de la cadena NBC.
Se presentó como un reportaje informativo convencional, en el que un equipo de televisión montaba guardia a las afueras de una casa esperando a que llegaran desconocidos.
Pero no eran visitantes comunes y corrientes: habían sido atraídos por un grupo de justicieros digitales autodenominado Perverted Justice (Justicia pervertida), que decía tener la misión de tenderles trampas a posibles pederastas.
Se usaba un “cebo” —un actor adulto que se hacía pasar por adolescente— para recibirlos en la puerta.
Cámaras ocultas grababan la llegada antes de que el presentador del programa, Chris Hansen, apareciera para confrontarlos con las pruebas incriminatorias de su rastro digital.
Mientras tanto, las fuerzas del orden locales esperaban el momento perfecto para capturarlos.
Advertencia: este artículo contiene referencias al suicidio y al abuso sexual que pueden resultar perturbadoras para algunos lectores.
“Atrapar a un depredador” causó furor en EE.UU.
En la mitad del camino entre el periodismo de investigación y el espectáculo de televisión, la serie horrorizó y cautivó a la audiencia, llegando a alcanzar una media de 7 millones de espectadores por episodio.
El programa de Hansen difuminaba las fronteras entre el reportaje periodístico, la actuación policial real y el entretenimiento: se trataba de “una fábula moral sencilla y perturbadora sobre el justo castigo y la humillación pública”, según Adrian Horton, del diario británico The Guardian.
Rápidamente, el programa pasó al prime time, compitiendo directamente con la popular serie de la cadena ABC Lost.
Es en este punto preciso en el que empieza Primetime, la nueva y provocadora película sobre este polémico programa.
El rol de Chris Hansen
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En una actuación que podría darle el Oscar, Robert Pattinson transmite el carisma distintivo del presentador del programa, Chris Hansen.
El reportero tuvo sus inicios en investigaciones, un año antes de la primera emisión de “Atrapar a un depredador”, realizó una operación encubierta en Camboya: el resultado del programa fue exponer a los pedófilos que explotan el tráfico sexual de niños.
Este programa le dio el modelo para este espectáculo mucho más cerca de casa.
“Este fue un momento muy especial en la historia de la civilización occidental, en el que los niños empezaban a vivir en línea [por primera vez] y alcanzaron la mayoría de edad en línea”, le dijo a la BBC David Osit, director de un documental de 2025 sobre el programa de Hansen, Predators.
“Fue un momento en el que los jóvenes usaban internet de una manera notablemente desregulada, y los adultos lo averiguaron. Se horrorizaron”.
Como se explora en su documental, Osit es un sobreviviente de abuso sexual infantil y quedó fascinado con el programa de Hansen cuando tenía 20 años: lo veía como una forma de tratar de entender por qué los delincuentes cometen sus crímenes.
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Fue más tarde, cuando se topó con comunidades de fanáticos online dedicadas a “Atrapar a un depredador”, que decidió realizar su documental.
La sección final de Predators presenta entrevistas con Hansen, quien afirma que su trabajo ha sido para sobrevivientes como Osit y “sirve a un propósito mayor”.
Otro reality show, Cheaters (“Infieles”), sentó un precedente para “Atrapar a un depredador” cuando se estrenó en 2000: dramatizaba operaciones encubiertas contra parejas infieles.
“El concepto era similar: personas que sometían a sus parejas a ser ‘sorprendidas en el acto’ de la infidelidad”, dice el periodista cultural Louis Staples.
“Resultó un espectáculo extrañamente fascinante, convirtiendo las indiscreciones privadas en humillación y retribución públicas.”
Una nueva fase de los programas de telerrealidad
Pero se podría argumentar que la popularidad del programa de Hansen dio paso a una nueva era de sensacionalismo en los reality shows, sucediendo a la etapa fundacional de programas que se basaban en “experimentos sociales”, como “Gran Hermano” y Survivor.
“‘Atrapar a un depredador’ encarna lo que yo llamo la era del ‘salvaje Oeste’ de los reality shows“, señala Staples.
“Hacia 2004, empezamos a ver una oleada de programas más extremos y centrados en el espectáculo, como el aterrador programa de transformaciones [mediante cirugía estética] The Swan y el programa de citas ‘Hay algo sobre Miriam’ [en el que un grupo de hombres salía con una mujer sin saber que era transgénero, hasta que se revelaba la verdad en un momento culminante]”.
De igual manera, “Atrapar a un depredador” representa un nuevo escalón en la progresión que vivió el género de los reality shows, donde parecía que no había límites a la hora de buscar titulares y altos índices de audiencia.
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La fórmula de “Atrapar a un depredador” siempre implicaba que Hansen leyera en voz alta, palabra por palabra, los registros de chat de contenido sexual explícito de los sujetos y respondiera con comentarios irónicos.
Antes de que él se descubriera, los sujetos —que no sabían en qué se estaban metiendo— a menudo eran incitados por los señuelos a hacer comentarios subidos de tono o incluso a exponerse físicamente.
Pero lo que de pronto puede resultar más llamativo de “Atrapar a un depredador” es cómo su contenido escabroso y su tono burlón se veían respaldados por la idea de que el equipo de Hansen estaba ejerciendo justicia social.
“La razón por la que la pedofilia, la depredación infantil y el tráfico de menores se han convertido en temas tan importantes en la política es que resulta extraordinariamente fácil adoptar una postura al respecto”, dice Osit.
A pesar de ser él mismo sobreviviente de abuso sexual infantil, recibió amenazas de muerte por cuestionar los métodos de Hansen en su documental y por mostrar imágenes en bruto —obtenidas mediante solicitudes de acceso a la información pública— que ofrecían una perspectiva más humana de los presuntos depredadores del programa: los mostraba suplicando, explicando sus historias personales (que incluían enfermedades mentales) y expresando remordimiento.
“Es una dinámica bastante binaria de buenos contra malos, aunque como sociedad también hemos contribuido enormemente a un mundo en el que, a través de los medios de comunicación, sexualizamos abiertamente a los jóvenes y adolescentes”, opina.
Predators aborda, por ejemplo, la hipersexualización a la que se vio sometida una Britney Spears adolescente.
“Como sociedad, no creemos que los depredadores de menores necesiten protección”, añade Osit.
“Por lo general, ni siquiera los aceptamos como seres humanos, por lo que es comprensible que no nos preocupe demasiado proteger su identidad. Pero si decides que ciertos grupos no necesitan protección, puedes empezar a argumentar que otras personas tampoco la necesitan”, plantea.
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Un caso particularmente sombrío puso de relieve la turbia ética del programa.
En 2006, se intentó una operación encubierta en Texas contra el fiscal adjunto de distrito Louis William “Bill” Conradt.
Pero cuando no apareció, el equipo de televisión de Hansen y la policía (con una orden de registro y arresto redactada apresuradamente) llegaron a su casa, poco después de lo cual Conradt se suicidó.
Más tarde, la hermana de Conradt demandó al programa por US$105 millones y el caso se resolvió fuera de los tribunales.
El documental de Osit revela hasta qué punto el equipo de Hansen estaba confabulado con la policía, y los agentes supuestamente recibían dinero para aparecer en el programa y usaban cámaras (antes de la aparición de las cámaras corporales) para obtener imágenes más convincentes.
Hansen respondió a la muerte de Conradt en 2021 alegando que el abogado poseía pornografía infantil, declaración que la revista Esquire desmintió en un reportaje sobre su suicidio.
También dijo que, si bien era “un momento difícil”, no “se sentía responsable” y añadió que se podía “asumir” que Conradt “no quería afrontar la situación”.
Cómo su formato sigue prosperando
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El segmento original “Atrapar a un depredador” fue cancelado por NBC en 2008, pero su formato de búsqueda de ratings continúa hoy en día casi en su forma original, ampliado a una serie independiente.
Takedown with Chris Hansen aparece en TruBlu, el servicio de streaming que cofundó en 2022.
Mientras tanto, en línea, los imitadores también han proliferado en YouTube y otras plataformas.
“Ahora todo el mundo tiene la posibilidad de recrear este tipo de contenidos en sus teléfonos”, dice Staples, señalando el documental de Netflix de Louis Theroux Inside the Manosphere, que describe este tipo de operaciones encubiertas.
“Nos gusta pensar que hemos dejado atrás ‘Atrapar a un depredador’, pero la economía de la atención demuestra que todavía estamos gravitando hacia contenido igualmente extremo en las redes sociales”, añade.
“Si miramos el panorama en línea hoy en día, hay una sensación de justicia vigilante que sustenta gran parte del contenido viral. Mi algoritmo siempre me muestra videos de personas a las que expulsan de vuelos por mal comportamiento, o a las que golpean en McDonalds después de decirle algo racista al camarero.
“Esto da una sensación de que la gente mala recibe su merecido – de que se hace justicia – que sigue siendo claramente muy potente para generar atención y participación”.
En Predators, Osit habla con Skeet Hansen, un admirado imitador del presentador original que no ve ninguna razón por la cual no debería poder monetizar y responsabilizar a los depredadores.
“Algunas personas piensan que Hansen es un verdadero monstruo”, expone Osit. “Y algunas personas piensan que es absolutamente un héroe”.
“Creo que depende de cómo te sientes con respecto a la humanidad, cómo te sientes con respecto a las personas más débiles entre nosotros y cómo te sientes con respecto a la dinámica de la sociedad”, opina.
Ya sea que se los considere explotadores de rating o herramientas genuinas de justicia, “Atrapar a un depredador” y programas como ese continúan generando divisiones.
Lo mismo ocurre con la película inspirada en el programa, Primetime: entre algunas críticas fuertes, se enfrenta a acusaciones de ser “una película superficial sobre la superficialidad”, según John Bleasdale en Sight and Sound.
El propio Hansen ha denunciado la película como “explotadora” y “una pieza de ficción dramática” y ha dicho que no descarta emprender acciones legales contra ella.
La película ciertamente plantea preguntas sobre el tipo de contenido que nuestra sociedad consume y crea voluntariamente, y las líneas borrosas entre el periodismo y el entretenimiento.
Es algo de lo que incluso el propio Osit era muy consciente durante la realización de Predators.
“Cada vez que ponemos música de fondo para intentar que alguien sienta algo, formamos parte de eso”, asegura el documentalista.
“Estamos dentro de ese paradigma de intentar entretener e informar. ¿Qué sucede cuando la atención que se pone en nuestro trabajo se convierte en una fuente de ingresos? ¿Qué ocurre cuando nos incentivan a contar historias sórdidas?”.
Primetime se estrena en los cines de EE. UU., Latinoamérica y España el 25 de septiembre.
Esta es una adaptación al español de una historia publicada por BBC Culture. Si quieres leer la versión original, en inglés, haz clic aquí.



