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Wingston González, escritor: “La poesía me trae de vuelta al idioma garífuna”


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A los 5 años, Wingston González (Livingston, 1986) dejó de hablar el garífuna, su lengua materna. A los 12, gracias a las misiones evangélicas de la Summer Institute of Linguistics (SIL), aprendió a escribirlo. Asegura que pertenece a “la primera generación que va camino a la extinción de la lengua, del uso común de la lengua”. La poesía, dice, fue el puente que le permitió volver al idioma garífuna.

González empezó a escribir inspirado por la poesía española de José de Espronceda, y por la tradición oral de su familia. “Para mí escuchar sueños, relatar sueños, es muy parecido a la poesía. La poesía ocurre en medio, en lo liminal, entre lo que ya no es y lo que todavía no es. En los pueblos indígenas, trabajar con lo liminal es el día a día. Todavía no nos creemos dueños de la tierra en la que vivimos, ni mucho menos de las ideas que surgen de la tierra donde vivimos. Sabemos que no somos dueños ni siquiera de nuestros propios sueños”.

Luego, influenciado por la obra poética de la escritora beliceña, Marcella Lewis, entendió que la poesía garífuna existía, pero era necesaria hacerla aparecer. Rodeado de autores centroamericanos y latinoamericanos, en la librería “Catafixia”, a pocos metros de la Plaza de la Constitución en la capital de Guatemala, conversa sobre la cosmovisión garífuna como la “cultura de los sueños”.

Pregunta. ¿Cómo define la lengua garífuna en relación, por ejemplo, a cuando sale de Livingston y llega a un territorio donde ya no se habla tanto?

Respuesta. El idioma garífuna es una lengua arahuaca de la cual sobrevivirán tres idiomas, tal vez. Se forma con una gran base arahuaca, karipuna, con una fonética de los pueblos africanos esclavizados. Ellos aportan la fonética. El garífuna es un idioma americano en cuanto a léxico, morfosintaxis y todo, menos en lo fonético. Es una lengua puramente arahuaca. Se habla en Honduras, en Guatemala, en Belice, en la diáspora, aunque en realidad hablar de diáspora garífuna es extraño porque todo lo garífuna es diáspora.

P. ¿Cuál la diferencia entre estos poemas que lo llevaron a ganar el PLIA 2026 y los que componen otra de sus obras, como Traslaciones?

R. En Traslaciones hay una especie de espiritualidad del lenguaje. Yágütaguarügü /Un poquito más allá (obra ganadora del PLIA 2026), trabaja directamente con el mito y aparte está escrito en garífuna. Traslaciones es una espiritualidad del lenguaje, que tampoco tiene ningún sentido. Todo lo que pasa en ese libro es nonsense. Son gente volando en un avión, gente en centros comerciales, gente leyendo en la playa, son más terrenales, tienen que ver con el lenguaje que es una preocupación mía. En cambio, Yágütaguarügü son poemas sobre alguien que recibe la visita de un gubida, o sea, de una entidad más trascendental, disfrazado de la chica que más le gusta, alguien que viaja al Seiri para ver a su padre. Creo que tiene más que ver con la experiencia, con lo vital.

P. ¿En qué momento surge la idea de crear este poemario bilingüe?

R. Ocurrió cuando escuché esa palabra, que en realidad es muy difícil de traducir porque es como allá, pero allá nomasito, es lo que está allá, pero no está tan allá para ser allá. No es la lejanía. Es la cercanía, pero tampoco está tan cerca para ser acá. Lo liminal. En español se llama “un poquito más allá”, que en las traducciones es lo mejor que se puede, aunque tampoco es tan buena. Cuando empecé a pensar en esa palabra, ¿qué cosas no están lo suficientemente lejos para ser desconocidas, pero no están lo suficientemente cerca para ser familiares?.

Y cuando le di la vuelta a eso fui armando poco a poco los poemas, unos en español, otros en garífuna y los iba traduciendo, porque todos los escritores indígenas traducimos. Sea al inglés, sea al español, todos usamos la traducción como una herramienta más. Entonces, entre escribir en garífuna una cosa, traducirla hacia el español y hacerlo al revés, se fue armando el libro. Y así surgió, de reflexionar sobre esa palabra.

P. Se define como un escritor indígena, ¿por qué deja de lado hablar de lo afro?

R. Lo indígena es una capa. Hemos tenido la idea de que los negros no podemos ser indígenas y hay un poco de razón en eso, porque si llegaste a un continente como secuestrado, toda tu indigenidad está en el continente del que vos venís. En cambio aquí es un poco más complicado, porque los garífunas decimos que nuestra abuela es una arahuaca, o sea, una indígena arahuaca, y nuestro abuelo es un Igbo, Ifo, Yoruba, etc. Indigenidad, para mí, tiene que ver con todo aquello que está conectado con la precolonia. La indigenidad no es negar ni apartar la negritud, sino más bien reafirmarla como una negritud indígena.

P. La garífuna se asocia a lo afro y poco menos a lo indígena…

R. Somos negros caribeños, negros americanos, somos parte de ese proceso de secuestro tan jodido, pero también somos parte del encuentro con la gente de acá, o sea, el garífuna es como la comunidad mezclada con indígenas americanos antiguos más grande. Es la mezcla entre africanos y americanos más grande que hay, es parte de nuestra historia y también reivindicamos lo negro, de hecho yo siempre digo que soy más garífuna. Si alguien te pregunta ¿tú eres garífuna, negro, indígena? el garífuna te va a decir “soy garífuna” ¿qué quiere decir? que nosotros nos vamos a identificar desde nuestra garifunidad. Esa cosa liminal entre el mundo indígena americano y el mundo indígena africano. Entonces, y aquí sí es cierto, que aquí siempre que se piensa en indígena, se piensa en el indígena americano. Pero hay negritudes indígenas.


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