Política

España, Marruecos y algunas tretas


El escritor francomarroquí Tahar Ben Jelloun publicaba hace unos días en estas páginas una tribuna titulada España-Marruecos, superar la crisis. El autor compara la relación entre los dos países con un matrimonio donde, ya se sabe, a veces hay problemas. Marruecos, explica, no era responsable de la avalancha migratoria de Ceuta. Era imposible, añade: esos días se estaba celebrando la Fiesta del Trono. Parece un argumento definitivo: es un régimen bastante masculino y los hombres no sabemos hacer dos cosas a la vez.

Ben Jelloun, que asistió a esa celebración y escribió un artículo donde dice que había sentido ira y vergüenza por la huida masiva de sus compatriotas y las muertes de tantos de ellos, sostiene que las acusaciones de “la derecha y la extrema derecha” eran injustas. Pero la mayoría de los españoles, de ideologías muy distintas, creen que sin cierta participación del país vecino no habría sido posible la entrada masiva. Hay numerosos indicios que apuntan hacia esa versión. Otra cosa es que, como sugieren algunos expertos, se les fuera de las manos. O que, por supuesto, convenga tener buenas relaciones, basadas en el respeto, con un país importante para España. Según Ben Jelloun, manifestar esas sospechas son “delitos de palabra”, producto del racismo que infecta a la derecha; otro factor desestabilizador del matrimonio de España y Marruecos es la injerencia de Argelia. Pero luego el escritor añade un argumento más, vinculado al irredentismo: Marruecos no tenía nada que ver, pero el problema es que las ciudades autónomas sean españolas. “Llegar a un acuerdo para devolver Ceuta y Melilla a Marruecos sería un gesto histórico y realista. No es normal que la frontera europea esté en territorio africano”, escribe. Como sabe bien Ben Jelloun, las fronteras dependen más de la historia que de la geografía; hay otras fronteras europeas fuera del continente. No se pueden “devolver” a Marruecos ciudades que son españolas desde mucho antes de que existiera Marruecos. Tampoco funciona la analogía con Gibraltar, catalogado por la ONU como territorio no autónomo. Llama la atención que no se le ocurriera mencionar a los ceutíes y melillenses: serán cosas del anticolonialismo de Schrödinger. Cuesta creer que ellos quisieran pasar de vivir una democracia liberal europea próspera a encontrarse sometidos a una monarquía autoritaria mucho más pobre. Sabemos que muchos ciudadanos marroquíes prefieren justo lo contrario: arriesgan la vida por ello. Y quizá también lo prefiere el propio Ben Jelloun, que vive en Francia desde hace mucho tiempo.


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