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La última pirueta de David Ellison para convertirse en el nuevo rey de Hollywood

David Ellison es el fruto de dos pasiones, la de su madre por el cine y la de su padre por el riesgo. Es también el fundador de Skydance, la pequeña productora de cine que en menos de dos años ha engullido a dos gigantes de la industria como Paramount y Warner Bros. Discovery para crear uno de los mayores gigantes del entretenimiento y la comunicación del planeta con un vasto catálogo de películas, cadenas de noticias como CBS y CNN; una constelación de canales de televisión entre los que figuran MTV, Nickelodeon, TCM, Discovery o TNT y plataformas de streaming como HBO y Paramount+.

Ellison ha logrado cerrar esta semana el acuerdo con un grupo de fiscales generales de una docena de Estados gobernados por demócratas que se oponían a la fusión de Paramount Skydance y Warner Bros alegando que incumplía las leyes antimonopolio y podría afectar a la competencia. El empresario jugó fuerte, en una arriesgada estrategia, amenazó al fiscal de California, que lideraba el litigio, con trasladar los centenarios estudios de Hollywood a Nashville (Tennessee). Aunque ha tenido que ceder con unos compromisos, la maniobra le permitirá convertirse en el nuevo rey de Hollywood.

Se le podrán discutir muchas cosas a este empresario de 43 años, como ser un nepobaby o su polémica cercanía a Donald Trump, pero es indiscutible que ha demostrado cierta audacia para crear en poco más de dos años un nuevo imperio audiovisual.

La millonaria ayuda de su padre

Hijo de Larry Ellison, el fundador del gigante tecnológico Oracle y uno de los tres hombres más ricos del mundo, y de Barbara Boothe Ellison, la tercera esposa de Larry. Ella ha sido una figura esencial en la vida de David y de su hermana Megan, reconocida productora de cine. Ambos hermanos crecieron en un rancho de Woodside, cerca de la bahía de San Francisco, rodeados de caballos y alejados de su controvertido padre. Su madre les inculcó el amor por el séptimo arte. Ella reunió una colección de centenares de cintas de video con algunos de los clásicos de Hollywood que visionaban por las noches y los domingos los llevaba al cine del pueblo. Así nació el interés de David por la industria cinematográfica.

Cuando apenas tenía 13 años, el joven Ellison quedó fascinado por una de las películas que vio entre las cintas VHS perdidas de su casa: Top Gun. Esa fue la conexión con su padre, con el que apenas tenía relación. Solo pasaban tiempo juntos unas semanas en verano a bordo de su superyate bautizado como Ronin. Larry Ellison, aficionado a la cultura samurái y las batallas de la Segunda Guerra Mundial, se hizo por aquella época con un avión de combate SIAI-Marchetti S.211, comprado a la Armada Italiana, para simular enfrentamientos aéreos con su hijo. Pronto empezó a tomar clases de aviación acrobática y a los pocos años competía haciendo piruetas con aviones.

Cuentan que de ahí, de las acrobacias y bailes aéreos, procede el nombre de Skydance, la productora que creó en 2006 tras fracasar como actor. David Ellison estudió en la Escuela de Artes Cinematográficas de la Universidad del Sur de California para desarrollar una carrera en Hollywood. Su primera película como actor, Flyboys, junto a James Franco, fue una producción que cuenta la historia de un legendario escuadrón aéreo estadounidense durante la Primera Guerra Mundial, pero fue un fracaso de taquilla. Sus pinitos en el mundo de la interpretación le llevaron a repetir en otra película, Hole in One, una especie de comedia de universitarios que pasó sin pena ni gloria.

Para crear Skydance contó con la inestimable ayuda de su padre, que le ayudó a reunir, junto a otros fondos de inversión, los 350 millones de dólares para comenzar a producir películas. Es el impulsor de la saga de Misión Imposible y el artífice de su éxito en taquilla. La tercera entrega de la serie de películas protagonizadas por Tom Cruise fue recibida con frialdad por el público y parecía que las aventuras de Ethan Hunt llegaban a su fin, pero Ellison decidió apostar por la serie que logró revitalizarse y convertirse en un referente del cine de acción de Hollywood.

Modernizar el sector

Poco a poco fue cosechando éxitos de taquilla al frente de Skydance, con la saga de Jack Reacher, Guerra Mundial Z, las películas de los Transformers o la segunda parte de Top Gun. Al tiempo que la empresa crecía, fue extendiendo el negocio al mundo de los videojuegos y las producciones de animación.

Así hasta hace poco más de dos años, cuando puso sus ojos sobre Paramount. La histórica compañía fundada en 1912 por Adolph Zukor atravesaba un bache tras años de mala gestión y luchas internas. Además, el auge del streaming y el declive de la televisión por cable estaban afectando al negocio. David Ellison entendió la situación y logró convencer a Shari Redstone, la heredera del mayor paquete accionarial de Paramount, para que vendiera la compañía por 8.000 millones de dólares. De esta forma, Skydance, con el aval de Larry Ellison, se hacía con una compañía mucho mayor y conseguía el pedigrí en Hollywood que no le daba el dinero. La operación le daba acceso al gran catálogo de películas de Paramount (más de 1.200 referencias y derechos sobre otras 2.800), las sagas de los superhéroes Marvel, Indiana Jones o Stark Trek entre otras muchas, y canales como CBS o MTV.

Pero Trump le complicó las cosas. Durante seis meses, el presidente estadounidense bloqueó la operación. Hasta que el pasado verano la FCC, la comisión federal de telecomunicaciones, le dio la autorización definitiva previo pago de 16 millones al ocupante de la Casa Blanca para liquidar una demanda que había interpuesto contra CBS por una entrevista a Kamala Harris.

Una gran ambición

Mientras cerraba los últimos flecos de la compra de Paramount, David Ellison vio la oportunidad de hincarle el diente a Warner Bros. Discovery, un grupo de mayor escala pero aquejado de problemas parecidos a los de Paramount. El exactor tuvo la visión de agrupar la industria para modernizar el sector con más tecnología, menos costes y producciones más rentables distribuidas en sus propias plataformas.

Pero Netflix golpeó primero. A finales del año pasado anunció un preacuerdo para comprar Warner anticipándose a David Ellison, pero este no se rindió. Tras presentar hasta nueve ofertas a los accionistas de los históricos estudios cinematográficos, logró que suspendieran el acuerdo con Netflix para abrir un periodo de ofertas competitivas, pero la mayor compañía de streaming del mundo se retiró de la puja y dejó el terreno libre para que Paramount Skydance engullera Warner con un precio de 110.000 millones de dólares.

Pronto empezaron las preocupaciones por la concentración de poder de los Ellison y las suspicacias por su cercanía a Trump. En poco más de dos años se habían hecho con dos de las principales cadenas de noticias del país. Y con un protagonismo en Hollywood propio de las épocas de esplendor pasadas.

Un grupo de 12 fiscales generales de Estados gobernados por demócratas presentó una demanda para tratar de detener la operación, pero David Ellison hizo una última acrobacia para desbloquear el litigio. En un discurso a sus empleados, David Ellison aseguró que esperaba cerrar el acuerdo “en dos semanas”. En una nota publicada esta semana agregó: “Ahora que hemos llegado a un acuerdo y lo hemos anunciado, estamos ansiosos por ponernos manos a la obra para construir un Hollywood más fuerte”. Y apostilló: “Quiero dejarlo claro: la nueva compañía fusionada tendrá su sede en Los Ángeles. No nos vamos a ninguna parte. Nuestra historia está aquí y aquí es donde se está construyendo nuestro futuro”.


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