Movimientos de subsaharianos hacia Marruecos alimentan la alerta por un nuevo salto masivo en Ceuta
“Gran ataque 23 de septiembre” es el nombre de uno de los grupos de mensajería que los servicios de información e inteligencia están monitorizando esta semana, ante la amenaza de una nueva entrada masiva de inmigrantes en Ceuta y también en Melilla, coincidiendo con las elecciones en Marruecos este miércoles. Rabat ha blindado la frontera, por lo que distintas fuentes policiales dudan de que un episodio como el del 30 y 31 de julio, en el que unas 75.000 personas atravesaron El Tarajal, pueda volver a producirse. Pero movimientos de subsaharianos hacia el norte de África en los últimos días, que confirman fuentes de inteligencia, han alimentado la preocupación. La boya colocada por el Ministerio del Interior en el espigón para ejercer de barrera física pretende sortear los problemas judiciales de las devoluciones en caliente, pero distintas voces policiales reconocen que el control de la frontera depende esencialmente del reino alauí.
“Entrarán si quiere Marruecos que entren”, se resignaba este martes Félix, taxista de 44 años nativo de Ceuta. Rabea Abdeselam, de 43 años, también de origen ceutí, dudaba, en cambio, de la llegada de nadadores después de haber cruzado durante el día a Castillejos (Marruecos): “Han traído muchos policías y militares. Me han pedido documentación al volver. Está la cosa muy dura”.
En las últimas semanas, en redes sociales como Instagram o TikTok se ha extendido el hashtag haraga ―un término de origen árabe que quiere decir “los que queman” y que en el contexto migratorio se utiliza en referencia a “quemar” o saltarse los controles fronterizos― con fotografías de jóvenes que a finales de julio lograron entrar en España. Un contenido que cala en los que buscan emigrar del continente africano para buscar trabajo y mejores condiciones laborales en Europa, y en este contexto, fuentes de Inteligencia e Información explican que en las últimas semanas se vienen detectando “desplazamientos grandes” de subsaharianos “en trenes y autobuses” hacia Marruecos. Especialmente, explican, desde Sudán.
Dentro de esta corriente creciente, Ceuta se ha convertido en el objetivo principal, si bien Melilla, con unos servicios sociales mucho menos sobrecargados, también ha comenzado a estar en la conversación virtual, indican estas fuentes que conocen las labores de monitorización. “Dicen que Melilla es una mejor opción, sobre todo para ejecutar el salto en el momento de la oración [en referencia al momento del rezo musulmán]”, explican.
La coincidencia de estos llamamientos con las elecciones legislativas en Marruecos ha elevado una preocupación verbalizada, incluso, por el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, en su rueda de prensa de este lunes, en la que anunció un refuerzo de la seguridad en ambas ciudades autónomas. En total habrá 120 agentes durante las horas nocturnas y 90 en las diurnas, con un despliegue de tres pelotones de los Grupos de Reserva y Seguridad (GRS, aproximadamente 60 efectivos) para apoyar la dotación habitual destinada en la zona, como ha avanzado EL PAÍS.
La boya y la confianza en Marruecos
En Ceuta muchos vecinos parecen haberse resignado a que el agravamiento de este gran problema migratorio solo depende de Rabat. La sentencia del Tribunal Supremo, conocida el pasado 8 de julio, que prohíbe realizar devoluciones en caliente en la frontera si las entradas se producen a nado, fue una de las grandes dificultades de esta crisis. Los argumentos del fallo se extendieron como la pólvora y de forma tergiversada por las redes sociales de ciudadanos marroquíes, y la jurisprudencia provocó que ni una persona de las miles que llegaban por el mar pudiera ser retornada al país vecino de forma instantánea. Motivo por el que solo un día después de la entrada masiva, Interior decidió colocar una gran boya alargada en el Tarajal para ejercer de “barrera física”, de manera que si volvía a entrar algún migrante, de acuerdo a la literalidad de la sentencia, estas devoluciones exprés sí pudieran producirse.
“La boya no es un medio disuasorio, es una herramienta jurídica”, indica un policía desplegado en Ceuta. La mañana de este martes, la prensa local advertía de que varios tramos del flotador habían quedado inutilizados, al quedar totalmente hundidos en el mar. Algo que este periódico ha podido comprobar a última hora de la tarde. Precisamente, el departamento de Marlaska anunció este martes que se habían iniciado los trámites para acometer la prolongación de hormigón y añadir un muro en el mar de 15 metros, con una inversión de unos siete millones de euros. Mientras eso llega, la queja de los policías y guardias civiles en el terreno más escuchada es que el control efectivo fronterizo está prácticamente en manos de Rabat. “Se parte de un hecho fáctico: la frontera no la custodiamos nosotros. No tenemos capacidad de repeler. Tienes que tener fe en Marruecos”, cuenta un alto cargo ceutí de la Policía.
Los distintos episodios migratorios en la frontera han ido modulando la capacidad de respuesta de las fuerzas de seguridad españolas, según reflejan estas fuentes que recuerdan, por ejemplo, la tragedia de febrero de 2014, por la que 16 guardias civiles utilizaron pelotas de goma y botes de humo y 15 inmigrantes que intentaban llegar a nado murieron en el mar. Un sargento, un teniente y 13 agentes de la benemérita terminaron procesados por un presunto delito de homicidio imprudente. Y en 2021, la justicia también censuró la actuación de la vicepresidenta del ejecutivo ceutí y la entonces delegada del Gobierno, que realizaron devoluciones en caliente de menores cuando la ley no lo permite. En opinión de algunos de los mandos policiales sobre el terreno la capacidad de “repeler” una entrada masiva en territorio español no depende entonces de la cantidad de agentes que haya desplegado, sino de la capacidad de disuasión anterior que tenga la gendarmería marroquí.
Las fuentes de inteligencia explican que del análisis de redes estos días no se ha detectado una estructura sólida que esté organizando un gran asalto, sino que puede tratarse de “intentos dispersos o en pequeños grupos”, aprovechando que las fuerzas de seguridad de Rabat estén empleadas en garantizar los comicios.
En cualquier caso, Marruecos ha garantizado al Gobierno que custodiará la frontera e impedirá cualquier salto. Así lo expuso, por ejemplo, el ministro de Exteriores, José Manuel Albares, que aseguró que está en constantes conversaciones con su homólogo marroquí, Naser Burita. Hasta tres ciudadanos ceutíes que este martes cruzaron a Marruecos y luego regresaron, en conversación con este periódico, aseguraron que existe un enorme despliegue policial mucho antes, incluso, de llegar a la zona fronteriza. También fuentes policiales que estos días han estado en contacto con el Centro Nacional de Inmigración y Fronteras (CENIF) han asegurado a EL PAÍS que se ha estado comprobando la zona con drones.
La preocupación, en cambio, no termina con las elecciones del país norteafricano porque las mentadas fuentes de inteligencia reflejan que los movimientos de personas del sur de África hacia arriba son indicativos de que la presión migratoria no cesará mientras siga el buen tiempo.


