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¿Por qué la ultraderecha baja en Suecia mientras avanza en Europa?

La jornada electoral de este domingo en Suecia mantiene en vilo al país. Con el 95% escrutado, los partidos de la oposición de centroizquierda suman tres escaños más que los de la derecha. Una ventaja de apenas 28.000 papeletas que aún podría revertirse cuando se contabilicen este miércoles los sufragios del exterior y una parte del voto anticipado. Aun así, los comicios ya dejan una lectura clara: el ultraderechista Demócratas Suecos retrocede por primera vez en unas elecciones parlamentarias desde su fundación en 1988.

El partido de extrema derecha, liderado por Jimmie Akesson desde 2005, tocó techo en las elecciones de hace cuatro años, cuando alcanzó el 20,5% de los apoyos y se convirtió en la segunda fuerza parlamentaria, solo superado por los socialdemócratas, vencedores también en los comicios de este domingo. El retroceso de Demócratas Suecos, en un momento de pleno avance de las fuerzas ultraderechistas en Europa, sitúa a la líder socialdemócrata, la ex primera ministra Magdalena Andersson, como la favorita para encabezar el próximo Gobierno del país escandinavo.

A falta del escrutinio definitivo, Demócratas Suecos cae al 17,5%, y es superado por Los Moderados (conservadores), el partido del primer ministro, Ulf Kristersson, a pesar de que todos los sondeos de los últimos meses mantenían a los ultras como primera fuerza de la derecha. Tras las elecciones de 2022, los cristianodemócratas, los liberales y los conservadores rompieron el cordón sanitario que había mantenido a la extrema derecha aislada durante décadas y alcanzaron un acuerdo de gobierno. La formación de Akesson no entró en el Ejecutivo de coalición, pero lo ha sostenido estos cuatro años en el Parlamento. En esta ocasión, Demócratas Suecos había exigido varias carteras ministeriales, y los otros tres partidos de la derecha se habían mostrado dispuestos a aceptarlo.

“Una onda expansiva debe estar recorriendo a Demócratas Suecos ahora mismo. Es un varapalo con el que no contaban”, declaró la noche del domingo Tommy Möller, catedrático de Ciencias Políticas en la Universidad de Estocolmo, al diario digital Nyheter24. La explicación más repetida entre los analistas suecos apunta a que, en los últimos años, los conservadores y los cristianodemócratas han asumido gran parte de las políticas de inmigración y seguridad que los ultras monopolizaron durante décadas. A ello se suman los vínculos con Rusia de algunos dirigentes de la formación que salieron a la luz en la recta final de la campaña electoral.

En su breve intervención al filo de la medianoche, Akesson trató de restar importancia a la pérdida de apoyos. “Hoy hay muchas personas en el país que ya no se sienten incómodas al declarar que son votantes de Demócratas Suecos”, sostuvo ante unos simpatizantes con caras largas. Una afirmación con la que parecía sugerir que esta vez los sondeos no habían infravalorado a su partido porque, a su juicio, ya no existe el voto oculto.

El líder ultraderechista incidió después en que el retroceso de su formación se debía a que una parte de sus votantes había optado finalmente por los liberales con el objetivo de aumentar las posibilidades de que las derechas alcanzaran la mayoría absoluta. Hasta hace poco más de una semana, el Partido Liberal rondaba el 2% en los sondeos, muy lejos del umbral del 4% necesario para obtener representación parlamentaria. Finalmente, la lista encabezada por la ministra de Educación, Simona Mohamsson, de 31 años e hija de un palestino y una libanesa, supera holgadamente el 5%, un resultado mejor que el cosechado hace cuatro años.

Bjorn Söder, diputado de Demócratas Suecos desde 2010, fue bastante más transparente que Akesson. “Estoy en shock, declaró a la televisión pública cuando ya era evidente el sorpasso de los conservadores.

Menor respaldo entre los jóvenes

Además de la fuga de apoyos hacia otros partidos del bloque de la derecha, otra de las razones principales del fracaso de Demócratas Suecos es el menor respaldo que ha obtenido entre los jóvenes que votaban por primera vez. Según los dos sondeos a pie de urna que se publicaron tras el cierre de los colegios electorales, los ultraderechistas han retrocedido hasta siete puntos porcentuales respecto a 2022 entre los menores de 21 años. No obstante, esas cifras hay que tomarlas con cautela, ya que ambas encuestas erraron estrepitosamente al pronosticar que el bloque de la izquierda sumaría aproximadamente 15 escaños más que el de la derecha.

Un indicador más fiable que los sondeos a pie de urna sobre la pérdida de apoyo de los ultras entre los más jóvenes son los comicios escolares, una especie de simulacro electoral en todos los institutos del país nórdico que se organiza con el objetivo de fomentar el interés en la política entre los adolescentes. Los datos, publicados el domingo, muestran una caída vertiginosa de Demócratas Suecos, que se desploma del 21% de hace cuatro años a un 14%.

Las elecciones escolares también reflejan una subida de Alternativa por Suecia (AfS), una escisión de Demócratas Suecos aún más radical, inspirada en la alemana AfD, que obtiene entre los adolescentes un respaldo del 1,2%, frente al 0,06% que sumó hace cuatro años.

Aún se desconoce cuántos apoyos ha sumado AfS en las elecciones parlamentarias. La Autoridad Electoral no publica datos sobre los partidos que no obtienen representación parlamentaria hasta que concluya el escrutinio. No obstante, en unos comicios tan ajustados, la pérdida de votos de Demócratas Suecos hacia una formación aún más extremista puede acabar resultando decisiva (en las elecciones europeas de 2024 AfS obtuvo 17.000 sufragios).

El partido liderado por Akesson pierde fuelle en casi toda Suecia, pero especialmente significativo resulta su retroceso en la región de Escania, su bastión tradicional, en el sur del país. La ultraderecha obtiene un resultado peor que el de hace cuatro años en sus 33 municipios. En Malmö, la capital regional, pasan de ser segunda formación más votada a la cuarta.

A pesar de que el bloque de la izquierda mantiene una ventaja de tres escaños sobre los partidos de la derecha, la victoria aún no está asegurada. Hace cuatro años, los conservadores obtuvieron un representante más, en detrimento de los socialdemócratas, tras contabilizar el voto exterior. En los comicios de 2018, bailaron tres escaños.

Si los cuatro partidos de la oposición suman finalmente una mayoría absoluta, la socialdemócrata Andersson encarará unas difíciles negociaciones para formar una coalición de gobierno. Llegar a un acuerdo con Los Verdes no se antoja demasiado complicado, pero las enormes discrepancias entre el Partido del Centro y La Izquierda auguran unas conversaciones largas y complejas. “Si [los centristas y los poscomunistas] mantienen sus líneas rojas, Suecia no tendrá Gobierno”, ha declarado este lunes Kristersson. “Haré todo lo posible para solucionarlo”, ha subrayado el primer ministro, que trata de cortejar al Partido del Centro, aliado tradicional de Los Moderados hasta que estos levantaron el cordón sanitario a la ultraderecha.


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