Imelda Castro: “El voto de castigo existe y lo hemos vivido; no hay que confiarse”
Sinaloa encara las elecciones de 2027 con una advertencia que Morena no puede permitirse ignorar. “El voto de castigo existe y lo hemos vivido; no hay que confiarse”, admite Imelda Castro (Agua Caliente de Cebada, Sinaloa, 57 años), recién nombrada coordinadora estatal del partido y perfilada como la eventual candidata a la gubernatura de un Estado golpeado por la violencia, la crisis económica y el desgaste político. Reconoce que la reconstrucción no pasa solo por recuperar la seguridad, sino también por reconciliar a una clase política fracturada y atender a una población cuya salud mental, dice, debe convertirse en una prioridad de Gobierno.
La senadora con licencia recibe a EL PAÍS a pocos días de su nombramiento, en medio de una sucesión marcada por la crisis que atraviesa el Estado y por el controvertido intento de Rubén Rocha Moya de regresar al Gobierno pese a la investigación que enfrenta en Estados Unidos. Con más de cuatro décadas de trayectoria política, la morenista asegura que nunca ha tenido contacto con integrantes de una célula delictiva.
Cuando se le pregunta por la posible infiltración del crimen organizado en el Gobierno de Sinaloa —encabezado durante cinco años por Rocha, gobernador con licencia y señalado por el Departamento de Justicia de Estados Unidos, junto con otros nueve funcionarios y exfuncionarios, por presuntos vínculos con un brazo del Cartel de Sinaloa—, Castro responde con cautela. “No tengo elementos para decir que hay [infiltración del crimen organizado]”, responde. Y de inmediato matiza: “Tampoco meto las manos a la lumbre por nadie”.
Pregunta. Como sinaloense, ¿qué cambiaría de lo que han hecho los gobiernos hasta ahora en Sinaloa?
Respuesta. Es muy importante considerar la secuela que produce la confrontación entre grupos del crimen organizado: económica, política y emocional. En materia económica, hay que entender que Sinaloa, por su propia historia narcótica, tiene una economía distinta a cualquier parte del país. Tenemos una economía falsa. Que tiene 80% de burbuja y 20% de base estructural. Hay que partir de la economía real: recuperar empleos y empresas, impulsar inversiones públicas y privadas y avanzar en la necesaria e inevitable industrialización, para que podamos cambiarle el rostro a Sinaloa. No se trata de un cambio cosmético. En materia política, Sinaloa tiene que arribar a una especie de reconciliación y cierre de filas. No me refiero a la guerra que está sucediendo, sino a la población y a las fuerzas políticas. Más allá de la competencia. Tenemos que caminar con la oposición. Implementar la justicia restaurativa: debe haber reconciliación y reparación del daño. Todas las familias que tienen desaparecidos deben saber el destino de sus seres queridos, aunque sea fatal. Si atendemos esas tres grandes secuelas, Sinaloa va a poder salir adelante.
P. ¿Reconciliación con PAN, PRI y Movimiento Ciudadano?
R. Necesitamos inclusión. El Poder Ejecutivo en el Estado tiene que convocar a una reconciliación política en Sinaloa y dejar atrás el proceso electoral. Tenemos que convocar antes de los comicios para que la competencia se dé de manera sana y no pensemos en la guerra cognitiva y digital.
P. ¿Cómo recuperar la confianza de los sinaloenses?
R. Ha habido crisis en la clase política que han afectado su credibilidad, pero no es un factor dominante. En los últimos años, si algo se ha recuperado en México es justamente la confianza y la credibilidad. Morena ha ganado la mayoría de las gubernaturas, de las dos cámaras y la presidencia. Sinaloa tiene el mismo comportamiento que el país. Los partidos de la coalición están arriba del 50% y eso se va a reflejar en las elecciones. Algunas acciones de servidores públicos no se ven bien por parte de la ciudadanía y generan pérdida de confianza, pero es totalmente recuperable para Morena cualquier problema. Graciela Domínguez [gobernadora interina] es una servidora pública honesta, profesional y con experiencia. Ella va a iniciar un plan de seguridad y gobernabilidad que mucha falta le hace a Sinaloa y por esa vía se puede recuperar la confianza.
P. ¿Cree que el desgaste de los últimos meses no cobrará factura?
R. Ninguna competencia política es un día de campo, porque se trabaja con el recurso humano más delicado: el comportamiento electoral. Cuando la gente va a la urna, hace una recapitulación política antes de emitir su voto. El voto de castigo existe y lo hemos vivido; no hay que confiarse. En el caso de Morena, el electorado está evaluando todo, no solo a funcionarios, sino también las acciones del Gobierno federal. En Sinaloa, 1,2 millones de sinaloenses reciben apoyos y hay una inversión de 23.500 millones de pesos en programas sociales, además de inversiones en agua, campo, infraestructura y salud. La gente sabe entender la guerra digital, las acusaciones falsas y los intentos injerencistas.

P. ¿Qué sectores, actividades o intereses están contaminados con dinero del crimen organizado?
R. Aprobamos reformas para darle herramientas al sistema financiero y de seguridad para combatir el lavado de dinero. Si se pone en marcha, que se está haciendo, el congelamiento de cuentas es el primer paso. Tenemos que separar la economía real de la ficticia. No se trata de acusar a nadie: un restaurantero le vende a todas las personas que van a consumir; quien vende casas le vende a quien tenga capacidad de crédito. Se debe reactivar la economía con industrialización e inversión pública y privada. El 2027 va a ser un buen año para Sinaloa en materia económica y de seguridad.
P. ¿Cómo evalúa el Gobierno de Rubén Rocha Moya?
R. Siempre lo vi como un gobierno de transición. Sin embargo, el 25 de julio de 2024 aparece un cisne negro que nadie había previsto y que detonó la crisis que conocemos. No digo que la detención de un capo [Ismael El Mayo Zambada] que nunca había pisado la cárcel sea mala; es la forma en que se realizó, con una injerencia comprobada. Eso desarticuló relaciones políticas y desencadenó la crisis de seguridad y económica. A eso se suman las acusaciones de Estados Unidos. No tengo una evaluación. Se la dejo al pueblo de Sinaloa. Sí hubo errores. Lo que pasó fue insólito e inédito y generó un problema de gobernabilidad. Pero no hay sentencia ni investigación concluyente.
P. ¿Cuál fue uno de los principales errores?
R. Que el gobernador haya querido regresar, aunque era su derecho legal, con una investigación en marcha. Eso puso a Sinaloa en una situación difícil, al Gobierno federal y la relación bilateral. Todo.
P. ¿Tiene miedo de la campaña en un Estado en llamas?
R. Tengo más de 40 años recorriendo el Estado, conozco cada rincón de Sinaloa y su gente. No tengo temor de hacer campaña, he hecho muchas.
P. ¿Cuenta con protección?
R. Las dirigencias de los partidos de la coalición solicitaron el protocolo. Tengo protección. No tengo temor, pero son decisiones que me rebasan y tengo que aceptar.
P. Hay quienes aseguran que un Estado como Sinaloa es imposible de gobernar sin acordar con el crimen organizado. ¿Se han acercado a usted integrantes de alguna célula delictiva?
R. Se tienen que cambiar no solo las formas, sino el fondo de hacer política. Gobernar con autonomía. No se puede pensar que los poderes fácticos, cualquiera que sean, incluyendo el que mencionas, tienen que ser parte de la gobernanza. El Estado no puede aceptar la imposición de poderes que estén por encima de él. Nunca he tenido un cruce de ningún tipo con personas que se dediquen a cuestiones ilícitas.
P. ¿Puede asegurar que no hay infiltración del crimen organizado en el Gobierno de Sinaloa?
R. No debería haber. No tengo elementos para decir que la hay, pero no meto las manos a la lumbre por nadie. Las acusaciones que ha habido se tendrán que comprobar. Los que están ahí en su mayoría son de Morena y Morena tiene como principio básico el pacto con el pueblo. Si lo hubiera debe procesarse y denunciarse.
P. Algunos morenistas cuestionan que pueda controlar y limpiar el Estado del crimen organizado. ¿Qué les responde?
R. El gobernador de un Estado tiene la obligación de combatir los delitos del fuero común. El crimen organizado es un tema federal. No es un asunto que yo tenga que combatir. Se tiene que gobernar con autonomía y dejar que el Gabinete de Seguridad Federal atienda al crimen organizado.
P. ¿Se ve como la primera gobernadora de Sinaloa?
R. Sí. Desde hace tiempo me atraviesa ese pensamiento. Pero será el pueblo de Sinaloa el que tome la decisión.
P. ¿Busca ser la gobernadora que reconcilie al Gobierno de Sinaloa con la ciudadanía y a todas las fuerzas políticas?
P. ¿Rubén Rocha Moya debe separarse de Morena para limpiar la imagen del partido?
R. No hay una sentencia. Eso le toca a la Comisión Nacional de Honestidad y Justicia del partido.

P. ¿Se puede pacificar Sinaloa?
R. Se está pacificando Sinaloa. Pero reconocemos que no ha sido suficiente y que todavía hay focos rojos al sur del Estado. La paz duradera está ligada a la erradicación del crimen organizado, hay una pax de otro tipo que parece estable, pero prende de un hilo y en cualquier momento se cae. Cuesta vidas humanas y la desestabilización que se está viviendo.
P. Pactar con el crimen organizado no es una opción.
R. Nunca lo ha sido. Ha sido una anomalía, algo ilegítimo.


