Política

El “feminacionalismo” y la mano dura con los inmigrantes impulsan a Abascal entre las mujeres

Noviembre de 2025. Dentro de una campaña por la “libertad” de las “mujeres españolas”, llega al Congreso una iniciativa para prohibir el velo integral islámico.

Mayo de 2026. Aparecen en Almería carteles en los que se ve a una joven con pelo suelto y pantalón vaquero junto al mensaje: “¿Te da miedo volver sola a casa de noche? La inmigración masiva tiene consecuencias”.

Septiembre de 2026. Santiago Abascal, líder de Vox, el partido que ha impulsado la campaña y ha colocado los carteles, se dirige en un debate parlamentario sobre Ceuta al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, para decirle que los “invasores” están provocando “terror sexual” en la ciudad.

Los tres hitos tienen dos cosas en común. La primera es que responden a lo que la socióloga italiana Sara Farris bautizó como “feminacionalismo”, un discurso consistente en apelar al electorado femenino presentando a las mujeres nativas bajo amenaza de los inmigrantes, sobre todo musulmanes. “El feminacionalismo es una triangulación, una técnica para acercar a un partido a una preocupación de sus adversarios, en este caso los derechos de las mujeres, pero desde un marco propio, en este caso la xenofobia”, explica el politólogo José Miguel Rojo, que investiga sobre extrema derecha y opinión pública. Su colega Carmen Lumbierres, de la UNED, resume así la estrategia: “Coger el ‘sola y borracha quiero llegar a casa’ feminista y darle la vuelta para dirigirlo contra el inmigrante”.

Cartel de Vox

Lo segundo que tienen en común la campaña, el cartel y el mensaje de Abascal es que, según indican los datos demoscópicos y coinciden los expertos consultados, le están empezando a funcionar a Vox. Como muestran las series de 40dB. y More in Common, que incluyen ya datos tomados en plena crisis de Ceuta, las mujeres tienen una visión sobre la inmigración más negativa que los hombres y son algo más partidarias de medidas restrictivas. En evolución, el endurecimiento de sus posiciones es más fuerte.

Entre las tendencias detectadas, hay una que alienta las expectativas electorales de Vox, que ya de por sí vive un momento de optimismo por su tendencia al alza en las encuestas y el reciente éxito de Alternativa para Alemania en Sajonia-Anhalt (Alemania): al mismo tiempo que los datos reafirman que el recetario antiinmigración de Abascal arrolla entre los jóvenes —el punto fuerte del partido—, ahora también muestran que atrae a cada vez más mujeres, mejorando su rendimiento justo en su punto débil.

Dureza, gravedad

Solo un 28,9% de las mujeres tienen una visión “positiva” de la inmigración, 8,6 puntos menos que ellos. Son datos de la encuesta de 40dB. La crisis de Ceuta y la inmigración que evidencian una brecha de género que se suma a la de edad. Esta es incluso mayor, con visiones más negativas cuanto más jóvenes son los encuestados, hasta el punto de que las opiniones positivas entre los 18 y los 24 años se quedan en un 21,5%, frente al 40,9% a partir de 65.

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De 17 preguntas que permiten calibrar enfoques y actitudes sobre la inmigración, en diez son las mujeres las que muestran más dureza, en seis los hombres y en una empatan. ¿Ejemplos? Ellos muestran más “compasión” y “solidaridad”, mientras en ellas abundan más el “miedo” y la “inseguridad”. Las mujeres son más partidarias de acelerar las devoluciones y menos de ampliar los recursos para el asilo. Eso sí, el dibujado por 40dB. es un escenario variopinto, sin diferencias drásticas por género, en el que ellas son al mismo tiempo menos favorables a ampliar las vías de entrada legal, pero también a delatar a un inmigrante sin papeles sin ayudarlo.

Más clara es la diferencia de género a la hora de imputar gravedad al desafío migratorio. Las mujeres lo ven más grave. En 40dB. se observa, a la luz de la crisis de Ceuta, que no es solo migratoria, pero también es migratoria. Un 65,5% de las mujeres la consideran “uno de los problemas más importantes” que afronta el país, 5,5 puntos más que ellos.

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La percepción de la gravedad del reto migratorio, que se ha disparado con la crisis de Ceuta, lo ha hecho con más fuerza entre las mujeres, según More in Common. Si en noviembre de 2025 la inmigración era percibida como uno de los tres principales problemas por un 32,9% de ellos y un 25% de ellas, ahora son las mujeres las que lo ven más acuciante: 47,5% a 44,2%. El cambio se produce justo en una toma realizada durante la crisis de Ceuta, que coincide con una subida del porcentaje de mujeres que elevan la inmigración al podio de los problemas sociales de cerca de 20 puntos.

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A José Miguel Rojo, uno de los autores de la Encuesta Nacional de Polarización, no le sorprende este cuadro general. Según explica, existe una “visión estereotípica” de la mujer que le atribuye más proclividad a posturas proinmigración por rimar estas con la “empatía” y los “cuidados”, actitudes típicamente asociadas a lo femenino. Pero esto está lejos de captar la complejidad de la realidad, explica Rojo, que señala que existe una “generalización” de las visiones negativas sobre la inmigración ya detectada en Europa, y que ahora empieza a observarse en España, por la cual las mujeres pueden tener actitudes tan desfavorables o incluso más que los hombres.

Capacidad ante la inmigración

La inclinación femenina a las visiones negativas y las posiciones duras tiene un beneficiario: Vox. Aunque ellos siguen viendo en mayor medida que ellas a Abascal como la solución para la inmigración —en coherencia con la trayectoria de un partido que tiene desde su origen mucha más fuerza entre los hombres—, la velocidad con la que avanza este convencimiento entre las mujeres es mucho mayor.

Solo hace dos años, un 22,6% de los hombres veían a Vox como el partido más capacitado para gestionar la inmigración, cerca de 10 puntos más que ellas. Ahora la distancia es solo de 3,4 (28,8% a 25,4%), después de que el porcentaje de mujeres convencidas por Abascal casi se haya duplicado. Vox ya era en septiembre de 2024 el partido preferido para gestionar la inmigración en electorado masculino, y lo sigue siendo. Entre las mujeres, el favorito era el PSOE y ahora es Vox, que entonces era tercero.

Si las buenas noticias para Vox salidas del electorado femenino son novedosas, los jóvenes llevan años deparándoselas. Y siguen apareciendo al aplicarle la lupa a sus posiciones sobre inmigración. Vox, el partido preferido para gestionar este fenómeno en el conjunto de la población, lo es con rotundidad entre los grupos más jóvenes, hasta alcanzar un 40,8% de respaldo de 18 a 24 años.

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Menos brecha

El endurecimiento de las posiciones de las mujeres sobre inmigración va acompañado de una creciente conexión de Abascal con este electorado, cuya resistencia a Vox ha sido desde su irrupción en 2018 su principal escollo para competir de tú a tú con el PP y el PSOE.

Mirando la legislatura completa, el peso del voto femenino a Vox con respecto al masculino ha aumentado tanto en 40dB. como en el CIS. ¿Y si se acorta el periodo a un año? En septiembre de 2025, por cada apoyo femenino a Vox había 1,7 apoyos masculinos, mientras ahora la relación es de 1 frente a 1,29, según 40dB. (el CIS aún no ha publicado estos datos tras la crisis de Ceuta). Solo desde el inicio de su serie en abril, More in Common ha registrado una reducción del 1,46 al 1,1 de ese coeficiente. Es decir, sigue habiendo brecha de género en el voto ultra, pero mengua.

No obstante, el actual 15,4% de intención de voto de las mujeres a Vox, media de 40dB. y de More in Common, muestra que Abascal aún tiene tarea. No solo está lejos del logro de Marine Le Pen, a la que algunas encuestas dan en Francia incluso más voto femenino que masculino, sino también de derechas triunfantes europeas como Hermanos de Italia o Alternativa para Alemania, que aún arrastran brecha de género pero cuyo apoyo entre las mujeres es superior al de Vox entre los hombres.

“Nuestras mujeres”

Las opiniones de las mujeres muestran ya los efectos del martilleo discursivo vinculando la inmigración con el riesgo para su libertad y su seguridad, analiza José Miguel Rojo, que añade que, al margen de estos primeros avances para Vox, la experiencia europea —sobre todo, francesa— muestra que el “feminacionalismo” le ofrece una vía de crecimiento futuro. Eso sí, puntualiza el investigador, Vox carga con un lastre: el “liderazgo hipermasculino” de Abascal, sumado a la escasez de referentes femeninos y la salida (Macarena Olona) o postergación (Rocío Monasterio) de los que había. “Vox es un reducto patriarcal en las extremas derechas de los grandes países europeos. Si se feminiza como en Francia, Italia o Alemania, donde la extrema derecha tiene mujeres como líderes, puede dar un salto”, apunta.

Coincide Carmen Lumbierres en que Vox tiene “limitaciones” —“de discurso, de liderazgos”— para presentarse con “credibilidad” como “defensor de las mujeres”, pero cree que los números muestran “claramente” que el “feminacionalismo” está “calando”. “Aunque persiste una dualidad en las mujeres, más permeables a los mensajes que ofrecen protección, pero también más proclives al cuidado a los demás, la extrema derecha está sabiendo interpelarlas con esa disyuntiva entre ‘nuestras mujeres’ y ‘sus hombres’, señalados como una amenaza para ellas y sus hijos”, señala la profesora de la UNED. Y advierte: el marco óptimo para este mensaje es la “presentación de la inmigración como conflicto”, algo que “se ve con frecuencia en televisión, y más ahora con la crisis de Ceuta”.

“Constante propaganda”

Aunque subraya que al “feminacionalismo” aún le falta recorrido en España para ser tan “exitoso” como en Francia, Laura Camargo, autora de Trumpismo discursivo (Verbum, 2024), sí observa que la insistente vinculación entre “islam” y “violencia sexual” por parte de Vox está “empezando a darle frutos”, sobre todo con Ceuta ejerciendo de “disparador” de los “miedos” que alienta la ultraderecha.

“Estamos en un cambio de fase. Vemos una foto que poco a poco se está moviendo”, afirma, en referencia a las percepciones de las mujeres sobre la inmigración, la profesora de Lingüística de la Universidad de las Islas Baleares, que detecta ahí el efecto de una “labor constante de propaganda” de Vox que incluye “invertir grandes sumas de dinero en iniciativas para conquistar atención mediática y digital y generar escándalo”.

Camargo cita algunas de estas iniciativas, que a su juicio “han terminado por calar”: de la campaña contra el burka y el niqab a los carteles de chicas en peligro, de la colaboración con la influencer Angie Corine —con un mensaje vinculando inmigración e inseguridad que llega a una joven audiencia femenina—a la campaña Barrios seguros, todo ello acompañado de un decreciente protagonismo de la batalla contra las leyes de género y el aborto.

“Para combatir años de labor de zapa de Vox —analiza Camargo—, es imprescindible desarrollar un concepto de seguridad de las mujeres que no se limite a una seguridad física supuestamente amenazada por violadores extranjeros, sino a una seguridad más amplia: la que dan la libertad y los derechos, la que garantizan el derecho a la conciliación, el trabajo digno y el trato igualitario entre hombres y mujeres”.


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