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Ellen Burstyn, homenajeada en Venecia, se mete en la piel de una Marilyn anciana

Nadie vio entrar este lunes a Ellen Burstyn en la sala de prensa del Gran Casino del Lido. Cuando llegaron los periodistas, ya estaba allí. A sus 93 años, serena y sonriente, con un peluquero dando los últimos retoques a su pelo blanco, la estrella del Nuevo Hollywood, una de las principales exponentes del método del Actors Studio, actriz de Alicia ya no está aquí o El exorcista, se mostró cercana, alejada de cualquier divismo, pero dejando entrever el escurridizo misterio del arte de actuar. Burstyn habló del pasado, de lecturas, de la deuda a la recién fallecida Gloria Steinem o de cómo le temblaron las piernas el día que conoció a Marlon Brando. También, del consejo que recibió en su juventud de Bette Davis o de cómo la única vez que trabajó con Barbara Stanwyck se dio cuenta de que ella era de otra raza.

En Flesh Impact, el cortometraje escrito y dirigido por Maggie Gyllenhaal para celebrar a dos grandes actrices, Ellen Burstyn interpreta el monólogo de una Marilyn Monroe anciana y olvidada. Al viajar al pasado, es Dakota Johnson quien la sustituye en la máscara del icono. La pieza se ha estrenado en Venecia para acompañar la entrega del León de Oro por toda su carrera y para recordar el centenario de una actriz creadora de su propio mito que, junto a otras intérpretes clásicas, conforma uno de los Olimpos femeninos más influyentes de la historia.

En ese Olimpo están dos de las actrices que también citó ayer Burstyn. Con Stanwyck coincidió en el wéstern televisivo The Big Valley. “Teníamos una secuencia juntas. No sé si conocen esa horrible costumbre de poner una X en la cámara para las réplicas. Yo la detesto y por eso me quedé junto a la cámara para que Stanwyck me viera, pero ella me dijo: ‘Quítate’. Y miró a la X. Yo nunca he sido buena con las X, necesito conectar con el actor con el que trabajo y que alguien prefiera una X a un rostro es extraño para mí”.

La otra experiencia que no olvida fue con Bette Davis, al principio de su carrera. Modulando su voz sin ningún esfuerzo, Burstyn imitó la voz de la actriz de La loba: “[Bette Davis] me dijo: ‘Ahora que estás al principio de tu carrera, déjame que te dé un consejo, cariño. Lo único que importa es el trabajo y cualquiera que interfiera en ese camino es tu enemigo. Y se lo tienes que decir: ‘Tú eres mi enemigo’. Esas fueron las lecciones que recibí de mis mayores”.

La verdadera formación de Burstyn está directamente ligada al Actors Studio y a Lee Strasberg, el hombre que introdujo en Estados Unidos el método Stanislavski gracias a los emigrantes rusos del Teatro de Arte de Moscú, sobre todo, gracias a su paso por el célebre Group Theater. Burstyn, que hoy es presidenta del Actors Studio, recordó que fueron Elia Kazan y Cheryl Crawford quienes fundaron la escuela en 1947. “Estudiar con un maestro como Strasberg cambia tu vida, no solo tu oficio. Si un actor joven necesita un consejo, es que busque su maestro y nunca lo abandone. Yo siempre seguí con Lee, también después de ganar el Oscar [por Alicia ya no vive aquí]”.

En el cortometraje sobre Marilyn Monroe, las citas a Strasberg son recurrentes. También recuerdan que los grandes estudios consideraban a la actriz de Con faldas y a lo loco un “bicho raro”. “Somos una transacción, putas”, dice el monólogo. “Cuando llegué al Actors Studio, Marilyn ya lo había dejado”, recordó Burstyn en el Lido. “Pero sí nos encontramos en una ocasión. Ella era deslumbrante, y lo especial para mí fue que por unos segundos me miró y observó. Ese descubrimiento me acompañará toda la vida. Marilyn era una construcción; ella podía viajar o salir a la calle sin que la reconocieran, dejando a Marilyn en casa”.

En el monólogo escrito por Gyllenhaal, se incide en esa idea, la de una máscara creada por muchas manos, como el maquillador Allan Whitey Snyder, o el propio Billy Wilder —autor de la frase que da título a la pieza, Flesh Impact, por cómo su carnalidad rompía los límites de la pantalla— pero, sobre todo, creada por ella misma. Una autoría que ahora que se cumple su centenario se le empieza a reconocer. “Este monólogo es una meditación sobre qué es ser una actriz y Maggie ha escrito un texto que ahonda en cómo Marilyn, que sigue siendo el mito entre los mitos, inventó esa persona, tan sexual e inocente a la vez, con toda su inteligencia y profundidad”.

Burstyn rememoró el rodaje de Alicia ya no vive aquí, con un imberbe Martin Scorsese, que trabajaba a fondo las escenas para luego permitir su improvisación, o el de El exorcista, la película de terror de William Friedkin que revolucionó el género y su carrera. “Fue un rodaje muy difícil. Friedkin tenía mucho talento, aunque también era uno de esos directores capaces de hacer cualquier cosa por una buena toma. Físicamente fue muy doloroso, sí, cambió del todo mi vida. Es una gran película”.

Mejor con cineastas noveles

La actriz explicó también por qué siempre le ha gustado trabajar con directores noveles: “Son más fértiles al inicio de su carrera, cuando aún no han pasado por la trituradora de Hollywood. Me gusta el talento crudo, la inocencia del amateur. La industria los acaba hiriendo”. A la pregunta de cuál es su consejo para un actor, respondió: “Lo más importante es no darle demasiado a los directores hasta no saber qué quieren, esperar a ver qué pueden darte ellos. Es bueno saber esperar, no merece la pena adelantarse. Muchos solo quieren niños obedientes, y eso es muy poco estimulante para tu creatividad”.

A su edad, Burstyn asegura que sigue creyendo en la capacidad del cine para hablarle al presente. “Mi país ahora mismo está ofreciendo mucho material para contar buenas historias y alguien tendrá que contarlas. Estamos entrando en una nueva era del todo desconocida. La tecnología da miedo, pero quiero pensar que traerá cosas mejores, no pierdo la esperanza en la humanidad”.

Además del León de Oro a la actriz, se proyectaron dentro del concurso dos películas, Look Back, del japonés Hirokazu Kore-eda, y la italiana L’estranea, de Paolo Stripolli, que quiere contar en clave de thriller la necesidad de una madre de controlar el destino de sus hijos, pero se queda en una especie de retrato surrealista de ese lugar común de la mamma italiana.

Más interés tiene la nueva película del prolífico Hirokazu Kore-eda que, después de presentar en Cannes su fábula sobre un niño robot en Sheep in the Box, ha filmado otro cuento, esta vez en clave manga, basado en las viñetas de Tatsuki Fujimoto. Se trata de una historia de amistad muy bonita, de dos niñas del Japón rural que quieren ser dibujantes. La película contagia su pasión por el manga con trepidantes sesiones de dibujo. El uso del sonido, de las plumillas con las que pintan sin descanso, crea un ritmo muy especial. Look Back viaja a lo largo del tiempo como una fantasía ligera sobre lo que une y separa a dos amigas que una vez encontraron en el dibujo el territorio común de su imaginación.


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