Política

Ceuta se echa a la calle para exigir soluciones a la crisis migratoria

Ceuta ha salido a la calle este miércoles en una gran manifestación para exigir soluciones que devuelvan la normalidad a una ciudad que lleva más de un mes sometida a una fuerte presión migratoria. Los ceutíes han estado calentando motores durante una semana, con una batería de protestas y actos de reivindicación. Pero la convocatoria del 2 de septiembre, día de la ciudad autónoma, era la gran apuesta para visibilizar el descontento de una ciudad de 83.000 habitantes que sigue sufriendo los efectos de la entrada multitudinaria del 30 y 31 de julio de más de 70.000 personas y la permanencia en sus calles de miles de migrantes que hacen vida en sus playas, parques o calles, hasta saber qué será de ellos. La cita ha congregado a unas 20.000 personas, según datos de la Delegación del Gobierno, que han reivindicado durante al menos tres horas su identidad propia y pertenencia a España. Entre fuertes críticas a la gestión del Ejecutivo, los manifestantes han reclamado la expulsión de los migrantes y que se les defienda frente a Marruecos.

El informe de la Policía que apunta al papel de agentes marroquíes en la entrada masiva de migrantes de los días 30 y 31 de julio ha estado muy presente tanto en los cánticos de los ceutíes como en las conversaciones de los manifestantes. El recorrido de la protesta ha arrancado a las siete de la tarde, en la zona de las Murallas Reales, al grito de “¿Dónde están los informes?” y “Ceuta unida jamás será vencida”. Antes, han estado calentando con “Yo soy español”, “Un caballa (gentilicio coloquial de los ceutíes) nunca se rinde” e “Invasores, expulsión”.

Los organizadores de la protesta, la Federación de Vecinos de Ceuta y la Asociación Siglo XXI, se han esforzado en subrayar el carácter apolítico y pacífico de la convocatoria, que ha hecho un recorrido que no ha superado el kilómetro hasta la lectura del manifiesto elaborado con motivo del Día de Ceuta. El presidente de la ciudad, Juan Jesús Vivas (PP), se ha sumado a la concentración una hora después. Emocionado, ha dado las gracias a sus ciudadanos por su muestra de unión. “Esta fuerza es imparable”, les ha dicho. El dirigente popular también ha agradecido el apoyo y la solidaridad del resto del país con la situación que atraviesa la ciudad autónoma. “Gracias a los españoles que nos dicen que no estamos solos, que nos dicen que Ceuta no se vende, se defiende”. Tras su intervención, ha sonado el himno de España y el himno ceutí. Los manifestantes han anunciado que se iban a la Delegación del Gobierno para trasladar al Ejecutivo, dentro de su libertad de expresión, el mismo mensaje: que la ciudad debe defenderse.

Las pancartas pedían ayuda a Europa: “SOS Europe Save Us” o se preguntan “Hoy Ceuta ¿Y mañana?”. También reclaman una “solución legal excepcional” para la salida de los migrantes. Después de una noche de taró ―la niebla densa característica de la zona del Estrecho―, ha quedado un día de bochorno, que no ha impedido que los ceutíes se echaran las banderas de Ceuta y España encima, como si fueran capas, o como faldas, muchas veces las dos. O se envolvieran en ellas como si fueran un pareo. Han desfilado locales de todas las edades, desde adultos a niños, jóvenes y mayores, y vestían, además de las banderas, camisetas con lemas como “Ceuta es España”, “Orgullo ceutí” o “Ceuta no se vende, se defiende”.

María Dolores, vecina del barrio de Los Torreones de El Mixto, le explicaba a su nieta que era la primera vez que se manifestaba en sus 67 años de vida y que a ella le había tocado con 14 años. “Es para que se vea que lo que han hecho está mal”, dice refiriéndose a la gestión del Gobierno de la crisis migratoria. La mujer, que viajó el día 29 a la localidad marroquí vecina de Castillejos, subraya que ya vieron aquel día “la montaña llena” de personas dispuestas a cruzar. “¿Si lo vimos nosotros, cómo no lo van a ver ellos, que con las cámaras ven hasta los monos de Gibraltar?“, se pregunta, mientras la nieta sonríe. “Desde que esto pasó, solo salgo por la mañana, con mi marido a comprar. Tienen que dar una solución tanto a los migrantes como a nosotros”, reclama. “Me da igual el partido que sea, ¡cómo pueden decir que tienen cuatro ordenadores para tramitar las expulsiones!, ¡qué poca vergüenza!”. La mujer cuenta que su hijo se hizo amigo de uno de los migrantes, que vivía en la playa y que el chico había regresado a Tetuán después de pasarlo muy mal durante este mes. “Ellos (los migrantes) también son víctimas de Marruecos, porque les engañaron diciendo que aquí tendrían trabajo, que no tendrían problemas”, considera. Sentada en un banco, no quiere seguir a la Delegación del Gobierno porque tiene miedo de que allí se monte el lío. “No somos xenófobos ni racistas, vivimos en convivencia”, reivindica. “¡Pero es que no se cabe!”.

Una de las consignas más repetidas ha sido unión y no caer en provocaciones. Los diferentes foros de WhatsApp en los que se han organizado las concentraciones llevan días llamando a la calma, en un intento por que no se rompa la imagen de la ciudad de las cuatro culturas (cristiana, musulmana, hebrea e hindú) y que ningún radical, ya sea de extrema izquierda o de extrema derecha, provoque altercados que desvíen su grito de auxilio. También han salido aleccionados para no entrar en provocaciones, en el caso de que se cruzaran con algún inmigrante irregular durante el trayecto.

A las 18.00, los vecinos de zonas muy afectadas por la presión migratoria como Loma Colmenar, donde se ha instalado un centro de acogida de urgencia de los migrantes, o El Príncipe ―ambas muy cercanas a la frontera de El Tarajal y con fuerte presencia de vecinos musulmanes― se habían organizado para acudir a la manifestación. Farida, ceutí y musulmana, vive en esa parte de la ciudad, en los pisos verdes en frente del hospital universitario. Cuenta que, en los primeros días, los migrantes se movían por los bajos de su edificio “como zombies”, que les pedían dinero y que también se peleaban entre ellos con navajas. “Nuestros maridos salían al barrio para poner algo de orden, para ahuyentarlos. La unión hace la fuerza, pero regresan. Esto es una pesadilla”, resume. Ella también critica la gestión del Gobierno: “Ojalá tengamos el apoyo de la UE porque este Gobierno nos ha vendido. Que den la cara por nosotros porque esta ciudad es española”. La mujer siente que al principio de la crisis no se contaba bien lo que pasaba en la ciudad, pero que ahora sí que se está trasladando su situación.

“Venimos porque somos caballas y españolas, además de musulmanas”, reivindica Husna, vecina del barrio de Hadú, en un momento de la tarde en el que los abanicos comienzan a coger velocidad por la humedad y la aglomeración de manifestantes. La mujer ha quedado con su hermana y se han encontrado con dos amigas, una de Loma Colmenar y otra de Miramar. “Miedo no sentimos, pero sí agobio. Solo una vez, cuando salía del gimnasio, me encontré con un chico que estaba esnifando pegamento y me asusté. Pero es que están pidiendo por todos lados, por el supermercado, por las calles, y hay peste. Ceuta era una ciudad limpia, en la que se vivía bien”, explica, sobre sus razones para protestar.

En los días anteriores, los caballas (gentilicio coloquial de los ceutíes) se han estado pertrechando con banderas de Ceuta y España, hasta tal punto que bazares y tiendas han hecho pedidos de urgencia. A mediodía, los más de 600 asistentes que llenaban el auditorio del Teatro Revellín, en el que se han celebrado los actos institucionales del día de Ceuta, han tenido un aperitivo de reivindicación de la ciudad, de su identidad propia y de la pertenencia a España. Entre los invitados se encontraban el ministro de Política Territorial, Ángel Víctor Torres, nombrado por el Gobierno responsable del mando único para gestionar la crisis migratoria de la ciudad, y la ministra de Migraciones, Elma Sáiz, además del delegado del Gobierno de la ciudad, Miguel Ángel Pérez Triano, que ha sido abucheado. Los tres representantes del Ejecutivo han aguantado estoicamente las reclamaciones que llegaban desde el público y también de Tarek Mizzian, sobrino de uno de los galardonados a título póstumo, el diputado de la Asamblea Mustaffa Mizzian. Durante su intervención, el familiar del premiado criticó el “abandono” del Gobierno socialista a la ciudad y reclamó “medidas diligentes” para que los migrantes que siguen en la ciudad retornen. “He tenido que mandar a mi mujer e hijo a la península porque no pueden salir a la calle con tranquilidad”, se lamentó. El auditorio se puso en pie aplaudiendo.

El presidente Vivas aseguró que está viviendo “el más difícil de todos los 2 de septiembre” de los 26 años que lleva gobernando. “Todas nuestras energías tienen que estar volcadas en sacar a Ceuta de la UCI, en volver a la normalidad”, pidió. El único cauce para lograrlo, según el Gobierno ceutí, pasa por “la vuelta a Marruecos de todos” los migrantes que llegaron a finales de julio, aunque también utilizó un tono conciliador, cuando insistió en que también hay una emergencia humanitaria y que se hace necesario tener espacios de alojamiento provisional de inmigrantes para cumplir esta función, pero también que el retorno se produzca “cuanto antes”. La colocación de estos recintos es una de las cuestiones que más ampollas han levantado, ya sea porque quitan espacios públicos a los ceutíes, como polideportivos, o por la cercanía a zonas residenciales o colegios. Vivas insistió en que los ceutíes no pueden seguir viviendo en una “olla a presión”, con el temor a lamentar un hecho que tenga “efectos irreversibles”, y reclamó, frente a los representantes del Gobierno, tener “un horizonte temporal definido” para lograrlo.


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