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Sheinbaum encara su tercer año con el combate a la corrupción y el impulso de la economía como prioridades


La presidenta Claudia Sheinbaum va a doblar la esquina de su segundo año de mandato con un golpe en la mesa que simboliza muchos de los desafíos en el horizonte. El cierre de la rebelión de Rubén Rocha supone tanto un espaldarazo a su liderazgo en clave interna, como una señal de autoridad y firmeza de cara al exterior, que en México suele estar monopolizado, sobre todo en los últimos años, por la complicada relación con Estados Unidos. La salida definitiva del mapa del ya exgobernador de Sinaloa, imputado por un tribunal de Nueva York por narcotráfico junto a otros nueve funcionarios estatales, tiene también derivadas en el combate a la corrupción y por la seguridad, dos de los problemas estructurales del país que continúan siendo un quebradero de cabeza. Pero aún quedan más asuntos pendientes, sobre todo el impulso de una economía anémica, que amenaza la viabilidad de las políticas sociales.

La mandataria encara además su tercer año de mandato con una cita marcada a fuego: las elecciones intermedias del próximo junio. Unos comicios donde el oficialismo se juega, ante todo, conservar su mayoría parlamentaria y amarrar gran parte de los Estados. La cita condicionará la agenda con incentivos en clave electoral, como posibles golpes de efecto contra la oposición. Ya se empiezan a ver las señales con la reciente iniciativa prioritaria de una reforma constitucional para prohibir que ciudadanos con doble nacionalidad puedan optar a presidentes o gobernadores. Como reverso de la misma moneda electoral, desalentará políticas públicas costosas de cara a las urnas, como los cambios tributarios, reclamados cada vez con más insistencia dentro y fuera del país.

El caso Rocha ha marcado un hito desde el inicio de la crisis, a finales de abril, con la histórica imputación contra un gobernador en activo por parte de Estados Unidos. El golpe, directo a la línea de flotación del morenismo, fundado en la regeneración política y el combate a la corrupción, también supuso un punto de inflexión en la estrategia defensiva de la presidenta, volcada desde entonces en denunciar una campaña injerencista y contra la soberanía del país. Pese a la defensa, la presidencia acusó el desgaste, registrando un mes después su mayor descenso en los niveles de aprobación, pese a mantenerse en niveles altos, según la encuesta periódica de Enkoll para este periódico.

De fondo, corría también otro escándalo de corrupción. La megatrama de huachicol fiscal incrustada en las altas esferas de la Marina destapada en septiembre, justo cuando iniciaba el segundo año de mandato de la presidenta. Un caso en el que el Gobierno ha concentrado sus esfuerzos, con la detención ya de los supuestos cabecillas de la trama, y que amenaza con tocar a altos cuadros de Morena. La sombra se extiende sobre Andrés Manuel López Beltrán, hijo del expresidente y exsecretario de Organización del partido, en el ojo del huracán recientemente por la cancelación de la visa por parte de Estados Unidos, respondida por el Gobierno con acusaciones, de nuevo, de injerencismo.

Sheinbaum ha aprovechado este contexto para avanzar en la consolidación de su propio proyecto, renovando los liderazgos heredados del sexenio anterior con cambios de calado, como la cabeza de la Fiscalía General de la República, la coordinación del grupo morenista en el Senado, o incluso la cúpula del partido, donde estaba el hijo del expresidente. También la crisis abierta en Sinaloa tiene una derivada que refuerza el liderazgo de la presidenta. No solo apagó la rebelión de un veterano barón del partido, también logró blindar la sucesión de cara a las elecciones estatales, también el año que viene, de las influencias del rochismo.

Para Khemvirg Puente, politólogo de la UNAM, “la presidenta ha aprovechado el caso Rocha para dar un manotazo sobre la mesa y afianzar su liderazgo. Pese a todo, siguen habiendo tanto disputas internas en Morena, como con sus socios parlamentarios”. La sintonía parece haber mejorado con el Partido Verde y el PT, que a comienzos de año bloquearon cambios en el mapa electoral, una de las reformas estrella de la presidenta. De cara a los planes legislativos para el curso que arranca, entre las primeras apuestas aparece una ambiciosa reforma anticorrupción, que endurece las reglas de transparencia para la Administración pública tras la polémica desaparición del Instituto Nacional de Transparencia (INAI), entre otros organismos autónomos, debilitando los filtros institucionales contra la corrupción.

Luces y sombras en seguridad

La caída de El Mencho es el mayor golpe contra el crimen organizado no solo del sexenio, sino en la historia reciente del país. El final del narco más buscado del mundo, abatido por el Ejército, encarna la estrategia más activa de seguridad, comparada con el sexenio anterior. La reducción de las cifras de asesinatos, a la mitad en lo que va de mandato, es otra muestra, pese a seguir en cotas altas que mantienen a la violencia como una de las principales preocupaciones de los mexicanos.

La guerra intestina abierta desde hace más de un año entre facciones del Cartel de Sinaloa es uno de los fuegos más evidentes, con un Estado que acumula más de 3.000 muertos y 2.000 desaparecidos. La tragedia de los desaparecidos, que ha dejado hace mucho de ser una emergencia coyuntural para convertirse en una herida estructural, está en el punto de mira de los organismos internacionales, que denuncian su práctica extendida con una impunidad prácticamente absoluta. Sheinbaum ha tratado de tomar la iniciativa con un nuevo registro nacional de casos, que más que certezas ha generado desconfianza entre familiares y organizaciones civiles.

La economía también concentra los planes prioritarios, dado el estancamiento del crecimiento desde el año pasado. El Plan México es la gran apuesta para impulsar el desarrollo a través de proyectos de infraestructura y superar la larga dependencia de la economía mexicana de las exportaciones al vecino del norte. Los economistas coinciden en que es una acertada hoja de ruta, pero todavía plagada de incertidumbre ante la falta de financiación. El contexto no ayuda, con la extensión del tratado de libre comercio con Estados Unidos y Canadá (TMEC) en el aire, las nubarrones geopolíticos y la caída de inversión nueva en el país.

Sheinbaum ya ha activado un plan complementario con el objetivo de incentivar las inversiones mixtas. Para desenmarañar la madeja, Carlos Brown, economista y director de proyectos de Oxfam México, recomienda que el primer paso sea la inversión pública. “Nuestros grandes empresarios no son grandes inversionistas y necesitan una señal de certidumbre tras décadas de anemia en la inversión pública”, apunta el economista, además de añadir que eso pasa irremediablemente “por un cambio en el sistema hacendario. México tiene un problema de falta de ingresos, que ya incluso las agencias de calificación de deuda están subrayando. No hacer nada en ese sentido sería mandar una señal incluso al mercado”.

Una reforma fiscal a fondo es el gran elefante en la habitación desde el sexenio pasado. Los dos gobiernos mexicanos más progresistas y con más legitimidad en las urnas desde la apertura democrática no se atreven a activar una palanca que muchos consideran, desde el FMI hasta el mundo académico, prioritaria para cambiar las bases económicas y atajar la desigualdad y la pobreza en uno de los países con una recaudación más baja de la región. Sheinbaum tampoco parece dispuesta a abrir el melón, y menos en un año electoral como el que se avecina.


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