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El verano que la reina Sofía pudo casarse con Harald de Noruega

En el verano de 1954, Federica de Grecia organizó un crucero de 11 días por el Egeo para un centenar de príncipes europeos. Oficialmente, la consorte de Pablo I, rey de los helenos, planeó la travesía en el lujoso Agamenón para abrir las puertas de su país al turismo tras los estragos de la Segunda Guerra Mundial. Extraoficialmente, Federica, que tenía alma de celestina como su bisabuela la reina Victoria de Inglaterra, ideó el viaje para que las futuras testas coronadas del Viejo Continente se conocieran, si había suerte, se enamoraran.

Fue en este crucero donde la entonces princesa Sofía, hija mayor de Federica, conoció a Juan Carlos de Borbón. Según contaron ambos años después, no hubo química entre ellos durante la travesía en el Agamenón. Tendrían que pasar siete años para que se reencontraran y se enamoraran.

Lo que sí surgió en ese crucero en el mes de agosto de 1954 fue una afinidad y coincidencia de ambiciones entre la reina Federica y Astrid de Noruega, hija del rey Olav V. Según cuentan las crónicas de la época, la princesa Astrid, de 22 años, se empecinó en fraguar un noviazgo entre su hermano menor, el príncipe Harald, futuro rey de los noruegos —apodado “el jeque blanco” por su inmensa fortuna—, con Sofía de Grecia. Y Federica, famosa por sus intrigas palaciegas, secundó la idea.

El primer encuentro entre los jóvenes príncipes ocurrió en el verano de 1959. Los reyes Pablo y Federica recorrieron en coche junto a sus hijos los países escandinavos. La propia madre de Felipe VI recordó esta visita en La reina, su biografía oficial, publicada por Pilar Urbano en 1996. “Yo iba a cumplir veintiún años. Y no había visto en mi vida al príncipe Harald de Noruega. Pues bien, nada más pisar tierra noruega, nos desayunamos con que los periódicos de Oslo nos daban ya como pareja. ¡Increíble! En primera página, fotografía del príncipe Harald, y fotografía mía. ¡Y no nos conocíamos! Él no había venido al crucero Agamenón. ¡Nunca nos habíamos visto!”, explicó la reina Sofía a Urbano.

Según la historiadora Françoise Laot, autora de Juan Carlos y Sofía, la reina Federica estaba decidida a “orientar a su hija mayor hacia una monarquía del Norte y el único futuro rey en edad de tomar esposa es Harald de Noruega”. Laot detalla en su libro que se organizaron regatas, bailes y reuniones del Gotha para que los príncipes se conocieran mejor. En el verano de 1960, los monarcas helenos y sus hijas oficiaron de anfitriones de Harald en Mon Repos, la residencia de verano de los Grecia en la isla de Corfú. El heredero nórdico pasó unas semanas de vacaciones con sus primos Glücksburg —ambas familias descienden de Cristian IX de Dinamarca y Victoria de Inglaterra—, pero el anhelado romance no prosperó.

“Yo sé que hubo interés en casarnos. Se provocaron encuentros, se hicieron cábalas, corrió mucha tinta, etcétera, etcétera, etcétera. El resultado de ese emparejamiento forzado fue nulo”, contó la reina Sofía a Urbano. Nunca se aclaró quién dio calabazas a quién, pero, tal como contó el periodista real Jaime Peñafiel, entonces Harald ya estaba enamorado de otra mujer: una modista llamada Sonia Haraldsen, hija de unos comerciantes sin ascendencia noble.

El rey Olav no quería que su hijo se casara con Haraldsen, así que prosiguieron los intentos por unirlo a Sofía. El monarca noruego y la reina griega enviaron a sus hijos a la boda del príncipe Eduardo, duque de Kent y primo de Isabel II, con la aristócrata Katharine Worsley, en Londres, en el verano de 1961. En uno de los banquetes sentaron juntos a Harald y Sofía, a los que todos ya consideraban novios. Alguien del entorno real incluso filtró que se convocaría a la prensa en el hotel Savoy para anunciar la fecha de su compromiso. Pese a todos los intentos, el príncipe noruego no mostró mayor interés en su “prima” griega.

“Harald nunca manifestó nada. Y ella respondió de manera muy femenina. El que cerró la puerta fue él. Y ella, como mujer un poco desdeñada, le dio dos vueltas a la llave. Nunca hubo nada de nada”, afirma Urbano en conversación telefónica con EL PAÍS. “¿Que a ella le gustase? Eso está en su secreto. Cuando yo hablé con la Reina, le creí cuando me dijo que no hubo nada. En privado era muy expresiva y gestual. Por sus gestos, le creí. Me dijo que todo había sido un artificio de los periodistas noruegos y españoles y que no hubo nunca nada. Fin de la historia”.

Periodistas como Jaime Peñafiel o Pilar Eyre sostienen que sí hubo algo. “Harald fue el gran amor de Sofía. Quien no ha sido su gran amor es el rey Juan Carlos”, sentencia Peñafiel en conversación con EL PAÍS. “Tenían una relación más o menos pública. No sé si Federica la amparó o la estropeó. Hubiera sido un buen matrimonio”, añade el experto en realeza.

“Harald y Sofía llegaron a ser novios y estuvieron a punto de casarse, por mucho que la propia reina lo niegue”, afirmaba Eyre este viernes en la revista Lecturas. “Fue un noviazgo en toda regla que, sin embargo, le dejó un regusto tan amargo que ha optado incluso por mentir sobre ese episodio de su vida”. Según Eyre, Harald le hizo un desaire a la madre de Felipe VI en la boda del duque de Kent. “No se atrevió a sentarse en su lugar asignado al lado de Sofía, que se sintió humillada a ojos de todos los invitados. Avergonzada, bajaba los párpados, se abanicaba con el libro de cantos… Hasta que un chico larguirucho y medio rubio le dijo: ‘Sofi, ¿puedo?’, y sin esperar respuesta se sentó a su lado”, cuenta la periodista.

De la boda de los Kent surgió otra boda, pero no la que todos esperaban. Aquel chico larguirucho y medio rubio era el príncipe Juan Carlos de Borbón. Esta vez, Juanito, como lo llamaban, congenió con Sofi. Los dos se alojaban en el hotel Claridge’s de la capital británica y aprovecharon esos días para conocerse mejor. Fueron juntos al cine a ver Éxodo, la película sobre la fundación del Estado de Israel protagonizada por Paul Newman; tomaron el té y cenaron en el hotel Savoy; hicieron compras de incógnito por el barrio de Mayfair; y bailaron en una fiesta en Hovingham Hall, la casa de campo de la familia Worsley en North Yorkshire.

“Fue entonces cuando empezamos a sentir el tirón del atractivo”, confesó la reina Sofía a Urbano en sus entrevistas para el libro La reina. Tras el enlace de los Kent, José Ibáñez Martín, embajador de España en Portugal, envió un informe al dictador Francisco Franco con algunos pormenores del incipiente romance entre el hijo de los condes de Barcelona y la hija de los reyes de Grecia. Solo un año más tarde, los príncipes Juan Carlos y Sofía se casaron en Atenas. Harald de Noruega pudo casarse con Sonja Haraldsen en 1969 tras un largo pulso con su padre. El heredero noruego había hecho pública su decisión de renunciar a sus derechos al trono si no se autorizaba su boda.

El romance interruptus de Sofía y Harald es una de las anécdotas favoritas de los cronistas reales, una leyenda que han vuelto a contar tras la muerte del monarca noruego, ocurrida este viernes 28 de agosto. A lo largo de estas décadas, sí hubo una larga y estrecha amistad entre ambos reyes y sus familias. Así que el fallecimiento del soberano nórdico a los 89 años es otro golpe para la madre de Felipe VI, que en los últimos años ha perdido a algunas de sus personas más cercanas: su hermano, el rey Constantino, en enero de 2023; su prima y mejor amiga, Tatiana Radziwill, en diciembre de 2025; y su hermana y confidente, Irene de Grecia, en enero de este año.


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