El violento secuestro del camionero que perdió media tonelada de cocaína
Más de media tonelada de cocaína que desaparece. Un clan albanés de narcotráfico que quiere recuperar su mercancía al precio que sea. Varios transportistas de origen rumano que se pasan unos a otros el encargo de llevar la droga por Europa y que luego, cuando el alijo es robado, se echan la culpa mutuamente de la pérdida. Y un vídeo de unos pocos segundos que empieza a circular por los teléfonos móviles en el que un individuo apunta a otro con una pistola en la cabeza mientras le grita: “¿Dónde está lo nuestro? ¿Dónde está la mierda?“. La Policía Nacional logró liberar el pasado 10 de julio al hombre de 47 años que aparecía en esas imágenes amenazado por un arma de fuego, según ha informado este jueves el Ministerio del Interior. Llevaba más de una semana secuestrado, tras haber sufrido numerosas palizas, estaba siendo trasladado a un lugar apartado de la provincia de Barcelona, supuestamente para ser ejecutado. En el operativo fue detenido uno de los presuntos captores que, en el momento de su arresto, llevaba una pistola Tokarev, de origen ruso, que intentó usar contra los agentes. La cocaína no ha aparecido. Tampoco el resto de los protagonistas de esta historia de droga y venganza.
Según la reconstrucción hecha por fuentes policiales, todo empieza el pasado 1 de agosto. Aquel día llegaba a los teléfonos móviles de numerosos camioneros de origen rumano un vídeo que permitía una única visualización antes de borrarse. En él, un hombre empuña una pistola y la sitúa junto a la cabeza de otra. Ambos son presuntos integrantes de una red que se dedica a trasladar de manera clandestina partidas de droga desde la península Ibérica al resto de Europa por encargo de grandes narcotraficantes. En los escasos segundos que dura el vídeo, el mensaje que lanza el hombre armado a los destinatarios es claro: o alguien ayuda a localizar el alijo de cocaína que ha desaparecido o la víctima, que ya muestra en el rostro evidentes signos de haber sido apaleada, morirá. Una de las personas que ha recibido la grabación informa de su existencia a la Policía rumana y las primeras pesquisas de esta permiten determinar que el mensaje ha sido enviado desde un número de teléfono móvil español y que está a nombre de un ciudadano de origen rumano asentado en España.
🚩Liberado un hombre que llevaba 10 días secuestrado por una supuesta deuda vinculada al #narcotráfico
🔹El hombre fue rescatado cuando el secuestrador lo trasladaba en un vehículo 🚗
🚔El #secuestro se produjo a raíz de un presunto vuelco que provocó la pérdida de un… pic.twitter.com/nvcZtR2bko
— Policía Nacional (@policia) August 27, 2026
Según detalla el inspector jefe Alberto Olivares, de la Unidad de Delincuencia Especializada y Violenta (UDEV) de la Policía Nacional, este había sido presuntamente contratado por un clan de narcotraficantes de origen albanés para que se encargara de la logística necesaria para trasladar media tonelada de cocaína que había llegado a Portugal a un lugar no determinado de Europa mediante camiones. Este intermediario contactó a su vez con la víctima, para que se encargase del trabajo, pero, al final, este subcontrató a un tercero, que fue el que finalmente se hizo cargo de la droga. Sin embargo, este último nunca llevó a su destino la carga. Aseguró que había sido asaltado por otro grupo de narcotraficantes y le habían robado la mercancía, lo que en la jerga policial se conoce como vuelco. Luego desapareció. Los propietarios de la droga pidieron entonces explicaciones al intermediario y este, al primer transportista, que finalmente fue secuestrado para que les dijeran dónde estaba el camionero del que se había perdido el rastro, sobre todo, la cocaína.
El 7 de agosto, las autoridades rumanas pidieron ayuda a Madrid convencidas de que el secuestro se había producido en España y que allí seguían sus protagonistas. La Sección de Secuestros y Extorsiones de la Policía Nacional, en colaboración con agentes de la Jefatura Superior de Cataluña, puso en marcha la Operación Umbra, un operativo contra reloj con un único dato: el nombre del presunto secuestrador y el número de teléfono que utilizaba. Las pesquisas permitieron determinar que la organización encargada del transporte de la droga tenía una nave industrial en Sabadell (Barcelona, 225.000 habitantes) donde paraban los camiones. Sin embargo, las vigilancias a la misma y el posterior asalto policial no permitieron localizar a la víctima, aunque la Policía confiaba en que, cuando se enteraran del mismo, los secuestradores se moverían de sus escondrijos por temor a ser detenidos.
No se equivocaron. El pasado 10 de agosto, solo 72 horas después del inicio de las pesquisas, los agentes detectaron en Barcelona un vehículo en el que viajaba la víctima junto a otra persona que parecía dirigirse a una zona montañosa apartada. La Policía montó un dispositivo de seguimiento a la espera de encontrar el lugar propicio para darle el alto y liberar a la víctima. Este fue una carretera sin casi tráfico en el término municipal de Caldes de Montbui (Barcelona, 18.600 habitantes). El secuestrador opuso resistencia. Primero, intentó embestir con su vehículo a los agentes, después, intentó la pistola que llevaba en una riñonera. La víctima aseguró a los agentes tras su liberación que el secuestrador le había asegurado que le iba a poner en libertad. Este afirmó que había actuado así por temor a ser él quien sufriera las represalias del clan albanés propietario de la cocaína. Tras pasar a disposición judicial por la presunta comisión de un delito de secuestro y otro de tenencia ilícita, el secuestrador ha quedado en libertad provisional. Mientras tanto, la droga perdida sigue sin aparecer.


