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¿Es Europa más segura que Estados Unidos?


La discusión sobre la seguridad a ambos lados del Atlántico suele estar cargada de estereotipos. Para muchos europeos, Estados Unidos es sinónimo de armas, homicidios y violencia urbana. Para no pocos estadounidenses, las grandes ciudades europeas aparecen como espacios donde proliferan robos, asaltos y una creciente sensación de inseguridad. Un nuevo conjunto de datos comparables, recopilado por criminólogos de University College London (UCL) y reseñado por The Economist, permite introducir algo indispensable en esa discusión: cifras.

La primera conclusión es contundente. Cuando se trata del delito más grave —el homicidio— las grandes ciudades estadounidenses son considerablemente más peligrosas. Chicago registró en 2024, según los datos citados por The Economist, 587 homicidios: alrededor de 22 por cada 100.000 habitantes. La tasa promedio de diez ciudades europeas incluidas en la comparación fue de apenas 1,7. La distancia es enorme y difícilmente puede explicarse como una simple diferencia estadística.

Pero allí termina la respuesta sencilla. Si se observan otros delitos, el mapa cambia. En robos a viviendas, asaltos y robos a comercios, algunas ciudades europeas presentan tasas comparables e incluso superiores a las estadounidenses. Berlín, por ejemplo, aparece con una incidencia de robos domiciliarios muy superior a la de varias grandes urbes de Estados Unidos. Londres destaca negativamente en determinados robos contra negocios.

La paradoja ayuda a entender por qué las percepciones públicas pueden diferir tanto de las estadísticas. Una persona puede vivir en una ciudad con una tasa de homicidios muy baja, sin embargo, sentirse insegura porque presencia hurtos, robos de teléfonos, asaltos o conductas antisociales. Y puede ocurrir lo contrario: que habitantes de una ciudad con elevada violencia letal desarrollen rutinas y espacios cotidianos en los que se sienten relativamente protegidos.

Hay, además, que ser prudentes con las comparaciones internacionales. Las definiciones legales de los delitos, las formas de denunciarlos y la disposición de las víctimas a acudir a la policía varían de un país a otro. El homicidio es, precisamente por eso, uno de los indicadores más fiables: un cadáver es mucho más difícil de perder en las diferencias burocráticas que un teléfono robado.

La comparación deja así una conclusión menos espectacular, pero más útil. Europa es, en términos generales, mucho más segura frente a la violencia letal. Estados Unidos, en cambio, no es necesariamente peor en todas las formas de delincuencia cotidiana. La seguridad no puede resumirse en una sola cifra.

Y queda una cuestión política de fondo. Las sociedades suelen reaccionar no solo ante el riesgo objetivo, sino ante el miedo. Cuando ese miedo sustituye a los datos, la seguridad se convierte fácilmente en instrumento electoral. Las cifras comparables sirven justamente para lo contrario: discutir políticas públicas a partir de hechos y no de consignas.


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