El Pequeño Nicolás quiere recuperar su nombre
Con 19 años, Francisco Nicolás Gómez Iglesias perdió su pasaporte y su nombre. Más de una década después, acaba de recuperar lo primero, el documento que le permite salir de Europa y ver el mundo que durante años sus amigos le han contado. Él, que en abril sopló 32 velas, aspira ahora a recuperar también lo segundo, el nombre que consta en ese pasaporte, y desprenderse para siempre del alias que lo catapultó a la fama y lo sepultó en ella: El Pequeño Nicolás.
Su caso es uno de esos que divide en dos las opiniones de una sociedad que, en un momento, llegó a convertir a Gómez Iglesias casi en icono pop. De un lado, quienes conocieron su causa a través de los medios —su red de contactos, su confluencia con personajes relevantes del PP de Mariano Rajoy o sus maniobras para hacerse pasar por miembro de una comitiva real o del Centro Nacional de Inteligencia (CNI)— ven con incredulidad que, después de haber sido condenado a 12 años y 5 meses de cárcel en total (en primera instancia por la Audiencia Provincial), finalmente el Pequeño Nicolás no vaya a pisar la cárcel. Del otro, quienes le conocen como Fran —sus amigos, su familia, su entorno y una parte de la sociedad madrileña en la que se mueve— defienden que lo verdaderamente increíble es que las andanzas de un “chaval” adolescente se llegaran a investigar como si de un criminal se tratara.
El joven ha tenido que sentarse en el banquillo cuatro veces desde 2021. Primero, por falsificar un DNI para que un amigo suyo le hiciera el examen de selectividad en 2012 (fue condenado por eso a un año y nueve meses de prisión); segundo, por organizar una supuesta comitiva de la Casa Real para acudir a Ribadeo (Lugo) a verse con el alcalde (fue condenado a tres años de cárcel por la Audiencia Provincial de Madrid, pero el Tribunal Supremo le absolvió); tercero, por hacerse pasar por miembro del CNI y del Gobierno delante del empresario Javier Martínez de la Hidalga para hacer negocios con una finca en Toledo (tuvo una condena inicial de tres años y medio, pero el alto tribunal eliminó el delito de usurpación de funciones públicas y lo dejó en dos años); y cuarto, por urdir una trama ilegal para conseguir información confidencial de base de datos de policías.
Esta condena era la que más preocupaba a Gómez Iglesias porque suponía cuatro años y tres meses de prisión, lo que implicaba entrar en la cárcel, puesto que la pena era mayor a dos años —el límite marcado por la ley para acogerse a una suspensión de la entrada en prisión—. Pero el Supremo impuso una rebaja hasta los dos años y medio de cárcel porque consideró que existían dilaciones indebidas, es decir, que desde que se inició el procedimiento en 2014 hasta la última sentencia había pasado tanto tiempo que la pena debía atenuarse.
El hecho de que la pena de cada uno de los delitos no superara los dos años de prisión, unido a que “no consta” que el Pequeño Nicolás “haya cometido delitos con posterioridad” ni pueda ser considerado “reo habitual”, es lo que ha provocado que los magistrados de la Audiencia Provincial hayan acordado que, con el pago de 1.800 euros y no volver a delinquir, la pena está liquidada. Fuentes de su entorno defienden que él ha acogido esta noticia “pletórico” al ver que el macroprocedimiento llega al mejor final que podía esperar. Indican que los juicios se han ido desinflando y los delitos han ido cayendo por el camino. Por ejemplo, nunca fue condenado por estafa, a pesar de que muchas veces se le tachó de estafador. Y defienden estas fuentes que se han intentado despreciar sus logros en los tribunales, por ejemplo, utilizando el hecho de que su abogado fuera Manuel Marchena (hijo del magistrado de la Sala de lo Penal del Supremo). La realidad es que Marchena únicamente le defendió en uno de los cuatro procedimientos y en ese recurso su padre, el togado del alto tribunal, se abstuvo.
“La ley permite la suspensión con estas características para todo el mundo por igual”, explica el abogado Juan Carlos Navarro, que ha sido quien le ha acompañado en la mayoría de los juicios estos años. “Él se enfrentaba con incertidumbre, inseguridad y angustia [a la posibilidad de entrar en prisión]. Como cualquier persona. El que te diga que se va a enfrentar a un juicio y que lo tiene ganado es un soberbio”, repone el letrado.
Tejiendo redes
El pasado mayo, mientras Gómez Iglesias esperaba para saber si tenía que cambiar la habitación de su casa por una celda, acudió al show en directo del programa Línea de la Cal, en el Teatro Capitol de Gran Vía (Madrid). Le reconocieron entre el público, como tantas veces, y cientos de voces clamaron al unísono: “Presidente, presidente”.
—¿Te vas a presentar? —le interrogó uno de los presentadores.
—No, paso de la política —contestó él ante el micro.
—Si te presentaras, ¿por qué partido sería?
—Por supuesto, por ninguno de izquierdas —contestó él entre risas.
Gómez Iglesias lanzó en octubre de 2024 una suerte de campaña llamada “Mr. President” por la que, previa suscripción, enviaba emails diarios para contar “cosas que hasta ahora nadie ha contado”. En su vídeo de presentación, publicado justo el día en el que se cumplían 10 años de su detención, decía: “Aunque algunos han intentado acabar conmigo, aquí sigo. Considero que ha llegado el momento de contarlo todo”, explicó. Buena parte de lo que reveló ya había sido publicado por distintas investigaciones en prensa o se había detallado en un documental que Netflix había emitido unos meses antes titulado (P)ícaro: El Pequeño Nicolás, y esta iniciativa se fue diluyendo sin que se materializara en un salto a la política.
En los últimos años, Gómez Iglesias se ha acercado a figuras como el eurodiputado Luis Pérez, Alvise, con quien se le ha visto veranear en Marbella, o con quien acudió a Valencia los días posteriores al desastre natural de la dana de 2024. Paralelamente, no ha dejado de tener, de vez en cuando, alguna aparición pública, especialmente en programas online y podcasts dirigidos a jóvenes. “Tenéis que entender que llevo siete años en el foco. Sigo estando en el foco… alguien que vive mi vida, evidentemente, algún trastorno tiene que tener”, contó en marzo de 2022 en el Podcast Club 113. En mayo de ese año, cuando Carlos Alcaraz ganó el Mutua Open de Madrid, el joven estuvo en el mismo reservado que el tenista en la discoteca Tiffanys durante su celebración. Y unos meses más tarde trascendió su relación con José Luis Huertas, un hacker apodado Alcasec que terminó en prisión provisional por crear una base de datos gigante e ilegal con detalles de cientos de miles de personas.
Quienes le conocen dicen que el Pequeño Nicolás sigue estando en todas las salsas y no ha perdido su habilidad de tejer redes y tener amigos en todos lados. Pero fuentes de su entorno aseguran que ahora, tras el fin del periplo judicial, se encuentra en un proceso tranquilo para recuperar su vida, centrado en su familia y sus amigos, y sin que, de momento, tenga planes relacionados con la política en el horizonte.



