Cuando Cádiz era la puerta de entrada de Estados Unidos
Mucho antes de que los militares estadounidenses desembarcasen por miles en la provincia de Cádiz en la Base Naval de Rota, otros norteamericanos llegaban al puerto de la capital cargados de trigo, harina o arroz. Venían desde Filadelfia, Baltimore o Boston, navegaban bajo un pabellón tan novedoso, el de las barras y estrellas, como provechoso, dado su carácter neutral en una Europa sumida en diversas guerras. Aquella relación era tan intensa y provechosa que Estados Unidos abrió en Cádiz en 1790, junto al de Bilbao, uno de sus primeros consulados en España. Y eso que apenas habían transcurrido siete años desde que la Corona española reconociese oficialmente la independencia de la antigua colonia británica.
Ese vínculo, que después se extendió durante más de dos siglos y medio, dejó un reguero de documentación emitida por despachos consulares, almacenes, bodegas, navieras y casas comerciales. Es justo el hilo que ha seguido el Archivo Histórico Provincial de Cádiz para su exposición Cádiz: 250 años de relaciones transatlánticas con los Estados Unidos de América, organizada como conmemoración de las efemérides de los dos siglos y medio de la Declaración de Independencia estadounidense. La muestra, enmarcada dentro de su iniciativa anual del documento del mes, estará disponible en el patio del palacete que alberga a la institución hasta finales del mes de agosto. Documentos administrativos, cartas mercantiles, pasaportes, contratos y fotografías reconstruyen una relación que tuvo poco de episódica.
“Vamos tocando diferentes fondos: públicos, notariales, privados o gubernativos. Llevo años aquí y todavía me sorprendo, los archiveros somos custodios de ese patrimonio”, valora Santiago Saborido, director del Archivo, responsable de la muestra y autor del documento explicativo de la exposición. El recorrido empieza mucho antes de que Estados Unidos fuese una nación con el testamento de Pedro Menéndez de Avilés, fundador de una de las primeras ciudades americanas, San Agustín (en el Estado de Florida) en 1565. Poco antes de su muerte en Santander, en 1574, dejó escrito su legado en Sanlúcar de Barrameda. La supervivencia del documento en sí es casi “un milagro”, después de que muchos protocolos notariales sanluqueños se perdiesen en los años previos a la Guerra Civil.
Pero es con la independencia de los Estados Unidos, el 4 de julio de 1776, cuando la relación alcanza otra dimensión. “Los barcos dejaron de venir con pabellón británico y empezaron a llegar con las barras y estrellas. El comercio nunca paró, pese a que las naciones cambiaron y Cádiz siguió recibiendo estos navíos”, explica Saborido. Pese a que la ciudad ya no tenía formalmente el monopolio que ostentó durante buena parte del siglo XVIII para el comercio con los territorios de ultramar, seguía siendo uno de los emporios comerciales del Atlántico. Eso explica en buena medida que Estados Unidos abriese aquí en 1790 uno de sus primeros consulados en España.
Fue así porque el presidente estadounidense Thomas Jefferson estaba interesado en defender los intereses comerciales de la joven república en los principales puertos europeos. El momento internacional no podía serle más propicio. El nuevo país se declaró neutral en los enfrentamientos que dividían a Europa. “Los océanos estaban muy vigilados por esas guerras y Estados Unidos, que siempre ha sido muy agudo para los negocios, iba con pabellón neutral y entraba y salía por los puertos españoles con libertad. Ahí se enriquecieron y quedó constancia en nuestro Archivo”, añade el director. Los barcos estadounidenses llevaron cereales a una España necesitada de alimentos y regresaron cargados con vino, sal y otros productos agrícolas.
Neutralidad provechosa
“Aquellos cargamentos ofrecieron un alivio de harinas frescas y sin averías a una Cádiz sitiada por las tropas de Napoleón”, como explica el Archivo, en referencia al sitio francés a la ciudad a principios del siglo XIX, uno de los más largos de la historia. Tras las mercancías había ya una estructura diplomática encargada de proteger a capitanes, comerciantes y tripulaciones. El consulado expedía certificados, tramitaba reclamaciones marítimas, intervenía en cuestiones de seguros y herencias y asistía a los ciudadanos de su país. Prueba de esa actividad es uno de los documentos favoritos de Saborido: un pasaporte repleto de sellos europeos de un ciudadano de Nueva Orleans en los primeros años del siglo XIX. El poderío del Consulado gaditano queda claro con solo descubrir la enorme jurisdicción que llegó a abarcar: desde la frontera portuguesa hasta Gibraltar y Ceuta, además de puntos como Sevilla o Ayamonte.
Al frente de la institución estadounidense en Cádiz estuvo inicialmente Richard Harrison, pero le duró poco el puesto. Le sucedió José Iznardi, un rico comerciante español de Rota con intereses en Estados Unidos, relación directa con Jefferson y que estuvo décadas en el puesto. Pero el personaje que mejor encarna aquella edad dorada de oportunidades, fortunas y desventuras es Richard W. Meade. Tras llegar desde Londres a comienzos del siglo XIX, se convirtió en agente naval estadounidense y en uno de los principales operadores comerciales de la ciudad. En los años del sitio francés a la ciudad, hizo fortuna con la necesidad.
“Se enriqueció desde un principio con las exportaciones a Cádiz y [.] llegó casi a monopolizar toda la consignación de buques de pabellón norteamericano que llegaban a nuestras costas”, relata el artículo del documento destacado del mes. El comerciante vendía harina, trigo, arroz y otros productos procedentes de Estados Unidos y llegó a convertirse en uno de los principales proveedores de la Junta de Gobierno gaditana durante la Guerra de la Independencia. Fue además padre de George Gordon Meade, nacido en Cádiz en 1815 y futuro general del Ejército de la Unión que acabó derrotando al ejército confederado de Robert. Lee en Gettysburg en la Guerra de Secesión. Peor destino tuvo el padre, al que los negocios se le acabaron torciendo. Tras adelantar multitud de mercancías a una Administración española arruinada por la guerra, recibió pagarés que nunca pudo cobrar y acabó sus días encarcelado y arruinado.

Mejor fortuna tuvieron las aventuras empresariales entre Estados Unidos y Cádiz que se labraron en los siglos XIX y primeros del XX. Los fondos del Archivo pasan entonces de los grandes nombres a las miles de cartas ordinarias que relatan una provechosa relación comercial. Destacan entonces firmas de empresarios como González de la Sierra, Bensusan o Gómez. De este último se atesora hasta 305 misivas procedentes del país norteamericano, “una enorme masa documental de cartas comerciales con clientes y proveedores de todos los rincones del mundo desde la década de 1830 hasta la década de 1960”.
También hay casos curiosos, como el de dos navieras especializadas en comprar decenas de miles de toneladas de madera de roble americano para fabricar las duelas de las botas de los vinos de Jerez. “Pero cuando allí probaron ese vino, esas mismas empresas comenzaron a mandar esas mismas botas ya envinadas. Hicieron el viaje de vuelta”, añade el director del Archivo. Al final de ese recorrido comercial destaca otro nombre propio, el de Rafael de la Viesca, fundador de Radio Cádiz —actual Cadena Ser— y primer propietario de un vehículo matriculado en la ciudad. “Se especializó en exportar vehículos americanos. Por el puerto de Cádiz llegaron las primeras unidades a motor”, apunta Saborido.
La muestra incluye también fondos fotográficos de Estados Unidos, gracias a la colección reunida por el desaparecido Rafael Garófano, que donó al Archivo. De la que forman parte alrededor de 300 imágenes estereoscópicas estadounidenses del siglo XIX conservadas en la institución, hay secuoyas gigantes, las arboledas de Mariposa y Calaveras, formaciones de El Capitán, sobre todo, paisajes del valle de Yosemite. Dos siglos después de aquellos primeros cargamentos de harina, las placas acabaron en el Archivo de la calle Cristóbal Colón de Cádiz. El recorrido resulta casi circular. Distintas formas de contar que, cuando Estados Unidos apenas comenzaba a ser Estados Unidos, Cádiz ya estaba al otro lado del océano.


