Ceuta entierra a los primeros migrantes fallecidos en la avalancha en El Tarajal
Tumbados sobre el lado derecho, con el rostro orientado hacia La Meca y con cuidado de que la tierra no toque sus cuerpos. Los primeros 18 fallecidos por la llegada masiva de migrantes a través del espigón fronterizo de Ceuta de los pasados 30 y 31 de julio, en la que murieron 82 personas, todos hombres salvo una mujer, han recibido sepultura final este viernes por la tarde en el cementerio musulmán de Sidi Embarek. El entierro, público, ha congregado a una decena de imanes de las mezquitas de la ciudad. Sus lápidas, identificadas con números porque no se conocen sus nombres ni sus historias, están conectadas con una causa judicial con los pocos datos que tiene de ellos: dónde les encontraron, características físicas, ropa y alguna peculiaridad que pueda conectarles con los suyos. Solo nueve de los fallecidos han sido identificados, de momento, Marruecos no acepta la entrega a sus familias, ha explicado la consejera de Sanidad, Nabila Benzina. “No se conocen los motivos. La funeraria lo ha intentado dos veces. Alguna familia ha venido y ha podido velar a su ser querido, pero no reunirse con él en su país”, ha contado antes de que se comenzara el enterramiento. Benzina asegura que lo seguirán intentando, aunque tampoco tienen mucho tiempo porque hay que cumplir las recomendaciones sanitarias.
La ceremonia ha empezado antes del rezo de las seis menos cinco y ha terminado a las ocho. Horas antes ya estaba dispuesto el espacio que iban a ocupar, en una zona de ampliación del cementerio. Un foso con paredes de cemento contenía sus tumbas. Estaba cubierto por unos tablones de madera y tenían varios montones de arena cerca. El calor húmedo de la tarde hacía que seis enterradores, equipados con monos, guantes y mascarillas, se hicieran gestos pidiendo algo para cubrirse la cabeza y agua. Al lado derecho aguardaban 18 lápidas triangulares marcadas con sus respectivos números, del 5.408 en adelante. Sobre la arena, una decena de palas, azadas y rastrillos.
“Hemos convocado a todo el personal”, explicaba la consejera Benzina. El único cementerio musulmán de la ciudad celebra una media de 20 funerales al mes y en una sola tarde se le ha dado sepultura a 18 personas, algo que indicaba lo extraordinario de la situación. “Nunca hemos hecho algo así”, dijo.
Los primeros fallecidos han salido del coche fúnebre a las 18.23, en cuatro bolsas funerarias blancas. Los enterradores las han ido depositando en cuatro camillas naranjas. Una decena de imanes de la ciudad han comenzado a rezarle y han seguido haciéndolo mientras se introducía el cuerpo en la fosa “Hay una súplica que se recita siempre que van a dar sepultura: ‘En el nombre de Alá y sobre la religión del Mensajero de Alá’. Después continúan con aleyas (versículos) del Corán que elige el imán que más autoridad o respeto tiene en el grupo”, explica Navil Rahal, concejal del Ayuntamiento y antiguo sepulturero del cementerio. “Todos van igual, se les ha amortajado, se les reza. No hay ricos, ni pobres”, añade.
Tras dejarlos en sus tumbas, han cubierto sus cuerpos con ladrillos rectangulares de arcilla y comenzaron a rellenar la tumba con arena. La solemnidad no ha estado exenta de sistema; los empleados del cementerio echaban paladas y al mismo tiempo rociaban con agua para reducir la polvareda. “La tierra no debe tocar el cuerpo, queda una cámara en el interior, como si estuviera dormido dentro”, detallaban. El cementerio musulmán de la ciudad va de ampliación en ampliación porque a los fallecidos no se les puede enterrar uno encima de otro, como en los nichos, explica Rebeca Benarroch, directora general de Sanidad.
La segunda tanda de fallecidos ha comenzado a recibir sepultura a las 18.51. El proceso se ha repetido con variaciones en las aleyas. La médico Cleopatra R’kaina y la enfermera Caridad Blanco estaban allí, como policía mortuoria. Blanco explica que el saco con el que han sido enterrados cubre el sudario de los fallecidos y es de zinc, un material resistente, que permite que, en el caso de que haya que hacer una exhumación, se conserve en buen estado. En la tumba, también echaban varios cacitos de un producto llamado Biosac, para neutralizar bacterias y olores.
Cuando ha llegado el final, todos los asistentes han hecho nuevas súplicas. Se ha sumado un grupo de jóvenes magrebíes que aseguraban haber llegado a la ciudad a nado, aunque con mejor suerte.

