La vida “revolucionaria” en Nicaragua del hermano de Natalie Harp, la devota secretaria de Trump
Preston Harp era un hombre fuera de los focos mediáticos hasta que su hermana menor, Natalie Harp, colmó titulares en Estados Unidos como la asistente más “devota” del presidente Donald Trump. Ella integró el reducido círculo íntimo que acompañó al mandatario estadounidense en un sigiloso cambio de avión el pasado 8 de julio, al término de la cumbre de la OTAN en Ankara, luego de que el Servicio Secreto detectara una posible amenaza iraní. Esa notoriedad arrastró un detalle curioso: su hermano vive del otro lado del espectro político, en Nicaragua —un país que Washington sanciona de manera constante— y defendiendo a capa y espada al régimen autoritario de Daniel Ortega y su esposa Rosario Murillo.
A Natalie Harp, de 35 años, la llaman “la impresora humana” en los pasillos de la Casa Blanca. El apodo describe su función y también su devoción: siempre al lado de Trump, solícita, presta para imprimir los documentos, artículos y publicaciones que el magnate insiste en revisar en papel y en formatos específicos. Entró en la órbita del republicano en 2019, cuando contó que había superado un cáncer de huesos gracias a la política Right to Try, que amplió su acceso a tratamientos experimentales. De los mítines y la Convención Nacional Republicana pasó a trabajar directamente para el magnate que retornaba al Despacho Oval.
Los periodistas Maggie Haberman y Jonathan Swan, autores de un libro sobre el segundo mandato del republicano, la describen como “la más devota” de su equipo de asistentes; el propio Trump ha dicho que ella lo quiere tanto como su esposa y sus hijos. Esa cercanía llegó al terreno político hace unos días cuando el senador demócrata Jon Ossoff la usó para cuestionar las prioridades del presidente y desató una airada reacción de la Casa Blanca.
La magnitud de ese acceso quedó clara el pasado 8 de julio. Mientras el secretario de Estado, Marco Rubio, y el secretario del Tesoro, Scott Bessent, permanecían en el Air Force One utilizado como señuelo, Natalie fue de los pocos funcionarios que acompañaron a Trump en el aparato al que se trasladó en secreto. El episodio la catapultó a la conversación política estadounidense, de paso, expuso a su hermano, instalado en la Nicaragua “cristiana, socialista y solidaria” de Ortega.
En Masatepe, un municipio a orillas de las costas del Pacífico nicaragüense, Preston Harp, de 38 años, se divierte en bares, se declara sandinista, se fotografía en actos del régimen copresidencial y usa inteligencia artificial para posar con uniforme de la Policía Nacional, el principal brazo represivo de los Ortega-Murillo, una institución acusada por Estados Unidos de estar detrás de la brutal represión contra las manifestaciones que en 2018 exigían el fin del régimen. La matanza dejó más de 360 víctimas mortales, según organizaciones de derechos humanos. Harp exhibe su vida “revolucionaria” sin resquemores en las redes sociales.
Preston encarna casi al pie de la letra el cliché del expatriado estadounidense antiimperialista: pelo largo de aire hippie y simpatía abierta por gobiernos que se reivindican revolucionarios. En Nicaragua trabaja junto al veterano activista estadounidense S. Brian Willson, que perdió ambas piernas en 1987 al ser arrollado por un tren de municiones de la Marina mientras protestaba contra el envío de armas a la Contra, y a quien la administración de Ronald Reagan llegó a señalar como “terrorista doméstico”. Décadas después, la copresidenta Rosario Murillo ensalza en Managua a Willson como un “héroe viviente”. Preston revisa sus memorias y escritos, con su hermana en el ojo del huracán mediático, él ha salido del anonimato.

Preston habló esta semana de su hermana con la periodista Erin Burnett, de CNN. La describió como alguien fascinada desde adolescente con la Casa Blanca y los presidentes estadounidenses, a quienes escribía cartas, y sostuvo que, al abrirse paso hasta el círculo íntimo del magnate, “cumplió su sueño”.
Natalie y Preston crecieron en California, educados en casa bajo una formación cristiana muy conservadora. Él recuerda a su madre como profundamente religiosa y rígida, y desarrolló pronto un carácter rebelde, atraído por el rock, el skate y autores como Carl Sagan y Jack Kerouac. Natalie era la hija obediente. Preston sostiene que buena parte de la admiración de su hermana por Trump proviene del “excepcionalismo estadounidense” que ambos aprendieron en casa. La relación se fracturó en julio de 2020, cuando su padre, Robert Harp, murió por suicidio en plena pandemia. Preston contó al Daily Mail que su madre y su hermana querían decir a otros parientes que había muerto mientras dormía, y que él decidió revelar lo ocurrido.
Natalie y la madre se mudaron poco después a West Palm Beach, a pocos kilómetros de Mar-a-Lago, la mansión de Trump en Florida. Él tomó otro rumbo: trabajó como músico y empleado de supermercado, y en 2022 viajó por primera vez a Nicaragua, donde dijo haber sentido, por primera vez desde la muerte de su padre, algo parecido a la paz. Un año después se instaló en el país que gobiernan Ortega y Murillo.

Propagandista del régimen
En sus publicaciones en redes sociales, Preston es un defensor acérrimo del régimen copresidencial. Por ejemplo, en una de sus más recientes publicaciones en Facebook, dijo que el Frente Sandinista gobierna porque fue “elegido por el pueblo”. Rechazó que Nicaragua sea una dictadura y presentó las marchas del gobierno con empleados públicos como una expresión de gratitud hacia la Revolución Sandinista. “¿Quién tiene el control? El pueblo”, escribió, antes de cerrar con las consignas “¡Viva el Frente Sandinista!” y “¡Patria libre o morir!”. Su defensa llegó apenas un mes después de que Ortega, en el acto oficial del 19 de julio, anunciara el fin de la vía electoral en Nicaragua: “Aquí no volverá a haber elecciones”, sentenció.
En la entrevista con CNN, Preston dijo no tener interés en tender puentes hacia su familia. Aseguró que no mantiene relación con Natalie ni con su madre, ni intención de volver a Estados Unidos. “No puedo conectar con esa vibra, así que simplemente voy a dejarlo así”, dijo, en referencia a la relación que ellas mantienen con el presidente Trump. Mientras su hermana permanece pegada al corazón de la Casa Blanca, Preston ha escogido hacer su vida en la Nicaragua de Ortega y Murillo, convencido de haber encontrado allí la “paz” que buscaba.



