Trump apuesta por un acercamiento a Kim Jong-un para olvidar el callejón sin salida de Irán
Frustrado ante una guerra contra Irán estancada y que le aburre, y deseoso de castigar a los aliados, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, vuelve a mirar cada vez más a lo que él considera que fue el momento de gloria de su política exterior durante su primer mandato: las negociaciones nucleares —fallidas— con el líder norcoreano, Kim Jong-un. Enfadado con un Gobierno surcoreano al que acusa de no ayudar a resolver el bloqueo en el estrecho de Ormuz, ahora amenaza con un nuevo acercamiento al régimen autoritario de Pyongyang que puede sacudir los delicados equilibrios geopolíticos en Asia-Pacífico, con ellos, los del mundo.
Aquella primera campaña de Trump para lograr la desnuclearización de Corea del Norte incluyó tres reuniones entre el republicano y el vástago de la dinastía Kim entre 2018 y 2019. Las únicas de la historia entre un presidente estadounidense y un máximo líder norcoreano. No arrojaron ningún resultado del que Washington pudiera jactarse, más allá de alguna vaga promesa. Al contrario. Pyongyang se reforzó en el convencimiento de que su programa nuclear es la tabla de salvación que le protege de ataques enemigos y ha multiplicado su producción de estas armas: los expertos calculan que hoy día cuenta con unas 60, tres o cuatro veces más que hace una década, y posee material suficiente para llegar a las 90.
Pero el mandatario republicano recuerda con nostalgia los fastos y la atención mediática que rodearon aquellas cumbres, aquella sensación de estar haciendo historia y que cada vez se antoja más improbable que se repita en la guerra contra Irán. En los pasillos de la residencia presidencial es posible ver la foto de su apretón de manos con Kim en Singapur en 2018, pero no parece que vaya a haber jamás una similar con el líder espiritual en Teherán, Mojtaba Jameneí, colgada en el Despacho Oval.
Trump sacó a relucir la posibilidad de un nuevo acercamiento con Kim el pasado domingo, cuando anunció su deseo de recortar las maniobras militares anuales con Corea del Sur, que concluirán precipitadamente este viernes, seis días antes de lo previsto. El presidente mencionaba en términos elogiosos su “amistad” con el líder al que hace casi diez años apodaba “hombre cohete”, por las constantes pruebas de misiles norcoreanas. También ha alegado descontento con Seúl por no apoyarle lo suficiente en la guerra en Irán. Ahora, según el periódico The Wall Street Journal, se plantea celebrar una nueva cumbre con “el brillante camarada” cuando viaje a Asia este otoño.
Una posibilidad es que la reunión cara a cara ocurra en noviembre, aprovechando la cumbre de líderes del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) que se celebrará en la ciudad china de Shenzhen. Aunque oficialmente no hay ningún plan en marcha para un encuentro con Kim —Corea del Norte no es miembro de la APEC—, el deseo de Trump de que ocurra “apunta a que el presidente busca afanosamente un logro del que presumir en política exterior, dado que la victoria en Irán sigue siendo esquiva”, señala el Journal. También recuerda que “la mayoría de los presidentes [estadounidenses] han rechazado reunirse con Kim sin condiciones previas”.
No es la primera vez en este mandato que Trump expresa su interés en un nuevo acercamiento con el autócrata norcoreano. El año pasado, durante otra gira por Asia, ya instó a la prensa que le acompañaba a bordo del avión Air Force One a que “hiciera circular” sus esperanzas de una nueva cumbre. Quedó en nada: el propio presidente comentó después que esa reunión hubiera oscurecido la que ya estaba programada —y era fundamental para enderezar la relación bilateral clave entre Washington y Pekín— con el presidente chino, Xi Jinping, en Corea del Sur.
Corea del Norte no ha hecho comentarios sobre el interés renovado de Trump en relanzar una relación en la que, según llegó a contar el presidente estadounidense, Kim le escribió “cartas bellísimas”. “Nos enamoramos”, dijo el republicano. En declaraciones desde el Despacho Oval el lunes, el mandatario aseguró que el líder norcoreano sí ha respondido a los mensajes y que los intercambios entre los dos son “muy positivos”. No aportó más detalles.
“Está muy claro que está de nuevo comunicando su deseo de reunirse con Kim, de desarrollar contacto con Corea del Norte. Pero esta vez es diferente, porque ha dicho que reducirá las maniobras militares con Corea del Sur, que se perciben como extremadamente importantes”, apuntó el lunes Andrew Yeo, de la Catholic University of America de Washington, en una charla organizada por el think tank CSIS. El mandatario volvió sobre esa cuestión el lunes en el Despacho Oval: recordó que Estados Unidos protege a Corea del Sur frente a su vecino del norte y preguntó por qué su aliado no quería ayudarlo en lo que calificó una “operación militar muy sencilla”.
La orden de recortar las maniobras ha causado una enorme sorpresa. Corea del Norte, que desde el fracaso de las negociaciones con Estados Unidos se ha acercado cada vez más a su gran patrocinador, China, y a Rusia, ha enviado soldados a la guerra en Ucrania, donde ha aprendido nuevas tácticas y ha tenido acceso a nueva tecnología. Los ejercicios militares conjuntos se percibían como claves para la coordinación entre las fuerzas surcoreanas y las estadounidenses ante la nueva realidad militar norcoreana.
Presión sobre Seúl
“El mensaje del presidente Trump agrega presión sobre varios asuntos pendientes relacionados con el Gobierno de Corea del Sur”, ha afirmado este miércoles el ministro de Exteriores surcoreano, Cho Hyun, ante una comisión parlamentaria. El diplomático considera que la orden persigue tres objetivos: forzar a Seúl a atender las reclamaciones de Washington, enviar una señal a Pyongyang y ayudar a Estados Unidos a romper el estancamiento en el conflicto iraní.
Trump aseguró que hay 39.000 militares estadounidenses desplegados en Corea del Sur, aunque la cifra oficial ronda los 28.500. Tampoco precisó qué clase de participación había solicitado a su homólogo surcoreano, Lee Jae-myung. La presidencia surcoreana sostiene, no obstante, que ha participado en los esfuerzos internacionales para alcanzar un alto el fuego y restablecer la libre circulación en el estrecho de Ormuz y afirma que negocia con Washington posibles contribuciones prácticas y militares.
A esa fricción se añade el compromiso surcoreano de invertir 350.000 millones de dólares (300.000 millones de euros) en Estados Unidos como parte del acuerdo comercial firmado el año pasado. De ese total, 150.000 millones se destinarán a la cooperación en la industria naval, pero ambos gobiernos continúan negociando cómo ejecutar los 200.000 millones restantes, según la agencia surcoreana Yonhap. Cho ha defendido la demora por la necesidad de estudiar la viabilidad comercial de las inversiones, cumplir los trámites legales y resolver imprevistos que no ha especificado. El ministro de Finanzas surcoreano, Koo Yun-cheol, ha negado que su país esté retrasando deliberadamente el proceso.
Las pruebas castrenses, que comenzaron el 17 de agosto y debían prolongarse hasta el día 27, concluirán finalmente el 21. Es la primera vez que unas maniobras conjuntas de esta magnitud se acortan por petición estadounidense una vez iniciadas, recoge Yonhap. Los aliados completarán solamente la fase defensiva, en la que ensayarán cómo responder a un ataque norcoreano, pero dejarán sin realizar la parte centrada en una contraofensiva. Seúl y Washington negocian todavía qué hacer con los 14 ejercicios conjuntos previstos sobre el terreno, pero el Pentágono sostiene que esos cambios no afectarán a sus objetivos de entrenamiento.
El régimen norcoreano condena sistemáticamente estas maniobras, que se celebran bajo distintas denominaciones y formatos desde 1976. El régimen norcoreano las considera ensayos para una invasión, mientras Estados Unidos y Corea del Sur insisten en su carácter defensivo. En un comentario difundido este miércoles por la agencia estatal norcoreana KCNA, Corea del Norte califica a ambos países de “belicistas” y asegura que seguirá ejerciendo su derecho a la “autodefensa” mientras persista la amenaza militar.
Mientras Pyongyang se deja querer —y analiza qué ventajas puede obtener del deseo de Trump de una aproximación—, y Corea del Sur trata de contemporizar, el resto de potencias en Asia contempla la situación con interés. Un Japón ya preocupado por la errática política de Trump en la región busca reconfigurar sus alianzas y reforzar sus lazos militares con Australia.
China mueve sus fichas: el anuncio de la reducción de las maniobras coincide con la llegada a Seúl del ministro chino de Exteriores, Wang Yi, en su primera visita bilateral a Corea del Sur en cinco años. Wang se ha reunido este miércoles con su homólogo Cho y será recibido el jueves por el presidente Lee, así como por su consejero de Seguridad Nacional, Wi Aung-lac. La situación en la península figurará entre los principales asuntos de las conversaciones.
Pekín, el principal socio económico y aliado tradicional de Corea del Norte, conserva gran capacidad de influencia sobre cualquier intento de reactivar el diálogo regional. El estrechamiento de la alianza militar con Rusia, a la que Pyongyang ha enviado tropas y armamento para la guerra de Ucrania, ha ampliado además el margen de maniobra de Kim.



