Fortalezas y debilidades de Claudia Sheinbaum
Dentro de dos semanas la presidenta presentará su segundo informe de gobierno. Transcurridos dos años del sexenio (en realidad 22 meses, pues entró un diciembre), ya hay materia para observar algunas fortalezas y debilidades de su gestión. Y digo algunas porque, en varios casos, es demasiado pronto para que los cambios introducidos arrojen resultados categóricos en un sentido u otro. Es el caso de Salud y de Educación: están en marcha una batería de programas fundantes y refundantes, a la par que persisten múltiples incidentes de mal funcionamiento. Tomará tiempo saber si Sheinbaum consigue avanzar sustancialmente en lo que podría convertirse en la mayor apuesta de su gobierno.
Pero en otros terrenos los resultados permiten advertir lo que ha hecho menos bien e incluso en lo que podría haberse equivocado. No sorprende que su mejor desempeño se observe en las áreas donde sus virtudes de científica y su laboriosidad aterrizan mejor. Establecer diagnósticos profesionales, definir un plan de acción, asignar tareas y asentar mecanismos de revisión y ajuste. Es una fórmula rigurosa con la que supervisa la agenda de su gabinete ampliado, en muchos temas, también a los gobernadores de todos los partidos. Eso se ha traducido en un manejo responsable de las finanzas públicas, en una ambiciosa reforma y simplificación de la administración pública, en programas nacionales para abordar el problema del agua o la actividad agrícola y ganadera, y en reacciones inmediatas a los embates de Washington, entre otros temas.
En alguna ocasión resumí el perfil de Sheinbaum como el de una izquierda con Excel;, en efecto, su gobierno ha sido más eficaz allí donde objetivos y métricas hacen buen maridaje. Mucho más complejas han sido las áreas que difícilmente caben en una hoja de cálculo, por así decirlo. Es el caso de las relaciones con la clase política y con la crítica ofrecen un panorama menos positivo. Veamos algunos ejemplos en uno y otro sentido.
Sin duda, el logro más espectacular tendría que ver con la disminución de la delincuencia. Por más que los adversarios y la prensa crítica lo reconozcan entre dientes y busquen maneras de matizarlo, ha conseguido dar un vuelco a tendencias que hasta hace dos años parecían inamovibles: un descenso de alrededor de 50% en la mayoría de los crímenes., lo más importante, todo indica que el complejo sistema montado para combatir a la delincuencia seguirá afirmándose y profundizando esa tendencia. La crítica asegura que los efectos positivos se compensan con algunos negativos como el aumento de feminicidios, desapariciones o extorsiones en algunas zonas o en todo el territorio. Sí y no, porque parte de ese incremento se debe al esfuerzo del gobierno por reclasificar los delitos y dar garantías para que los ciudadanos denuncien estos casos. Lo cierto es que hay un avance inobjetable.
Habría que advertir que parte del balance de lo que ha hecho Sheinbaum está condicionado por el estado en que López Obrador dejó cada rubro de la administración. No ha sido fácil enderezar el tema de los ferrocarriles o de Pemex, áreas en las que la presidenta ha presentado un programa muy ambicioso a pesar de la situación en la que las encontró. Es demasiado pronto para saber si logrará sus objetivos, luego de contratiempos inesperados. Muy distinto es el caso de la inseguridad, donde, paradójicamente, lo realizado por López Obrador potenció las posibilidades de Sheinbaum. Seguiré insistiendo que existe una lectura errónea de la política de “abrazos no balazos”, que en realidad era una tregua con la que el presidente buscaba dotar al Estado mexicano de la capacidad de fuego para enfrentar al crimen organizado. Sheinbaum dio un giro “criminalístico” a la estrategia con Omar García Harfuch al mando, es cierto, pero se apoyó en la enorme infraestructura que López Obrador construyó con la Guardia Nacional, su red de cuarteles y seis años de reuniones diarias de seguridad entre todos los niveles de gobierno.
Pero si la presidenta ha hecho del manejo de la administración pública su fuerza, lo político le ha costado más trabajo. Lo anterior no significa que carezca de aciertos; estar seis años a cargo de la capital vacunan de la ingenuidad a cualquiera. Sheinbaum logró legitimar su liderazgo, minimizar el peso de sus adversarios y establecer una relación razonable con gobernadores y élites empresariales, entre otras cosas. La manera en que se ha conducido con Trump es un logro, por donde se le mire., sin embargo, contrasta la profundidad de las tareas emprendidas en materia de administración y finanzas con las del ejercicio del poder político. No es casual que sean las reformas políticas las que hayan enfrentado mayor controversia, ajustes y correcciones al interior del equipo. Es sintomático que los hombres y mujeres de la presidenta estén en áreas más técnicas, mientras que en la parte política o judicial varios de los protagonistas clave están allí por necesidad.
Con todo, se trata de un proceso. La reconducción de Morena por parte de Ariadna Montiel y Citlali Hernández, más cercanas a la presidenta, será la verdadera prueba de fuego. No tanto para saber cuántos candidatos imponen los gobernadores y líderes del partido y cuántos coloca Palacio Nacional, sino por el objetivo de evitar auto goles de Morena con candidatos impresentables y de encontrar, de donde vengan, cuadros compatibles con la visión del segundo piso de la 4T.
En otro tema, resulta evidente la dificultad de la presidenta para trasladar a sus compañeros de partido el rigor que le caracteriza en materia de ética y mesura. El combate a la corrupción en las altas esferas sigue siendo una asignatura pendiente. Y lo es no por una incapacidad administrativa para establecer investigaciones y normas más estrictas, sino por la percepción en Palacio de la falta de certidumbre en materia política, me parece. Esperemos que en los siguientes 50 meses lo consiga.
Finalmente, habría que abordar no solo lo que hace bien y lo que hace no tan bien. Hay temas en los que creo se ha equivocado. La manera de confrontar a la crítica y a los adversarios me parece contraproducente a sus intereses. No abundaré en algo que he tratado una y otra vez en este espacio. Una estrategia de control de daños dominada por la militancia mal entendida y una polarización innecesaria calientan los ánimos y desvían la mirada de lo que, en esencia, ha sido un buen gobierno. Podría ser extraordinario si se lo permite.
@jorgezepedap

