Enviado a la cárcel un hombre por la muerte y mutilación de un jaguar en Bolivia
El video de un jaguar agonizando después de ser abatido por disparos de armas de fuego está causando conmoción en Bolivia. Las imágenes fueron registradas el pasado sábado por un vecino del municipio de Guayaramerín, fronterizo con Brasil, después de que el felino ingresara a una vivienda de la zona amazónica. Los moradores llamaron a la junta vecinal, que, con disparos de escopeta, mató al animal; antes de ser rematado, fue enlazado por el cuello. El cuerpo fue encontrado un día después, desmembrado y en posesión de una mujer. La justicia envió preventivamente el lunes por la noche a la cárcel a uno de los presuntos autores por 60 días y busca a otro identificado.
El hecho abrió un debate sobre las acciones a seguir frente a la aparición de un animal salvaje en poblaciones rurales del país. Por un lado, algunos defienden la reacción de los moradores para preservar su vida. Por el otro, biólogos y activistas medioambientales aseguran que no se puso en marcha el pertinente protocolo de seguridad, que no incluye la muerte del animal, sino la intervención de un equipo especializado. Además, apuntan estos últimos, el jaguar —reclasificado recientemente como especie en peligro de extinción— era cachorro y estaba domesticado porque no se defendió y reaccionó mansamente a los ataques.
El docente veterinario y rescatista Marco Antonio Greminger sostiene que el espécimen debería haber sido enlazado, entregado a las autoridades correspondientes y que estas definieran su situación para devolverlo a su hábitat. “La población de estos barrios alejados está acostumbrada a encontrarse con estos felinos. Saben que un animal salvaje, con un simple grito, activa su sistema simpático para atacar o huir. Pero el jaguar del video está en pose para dormir, bosteza dos veces y no se asusta con los gritos humanos porque está acostumbrado”. Cree que el felino estaba “mascotizado” porque, a esa edad, que no pasa del año, su subsistencia depende de su madre.
La posición de Greminger es respaldada por el presidente de la Asociación de Gobiernos Autónomos Municipales del Beni (AmdeBeni), Cristian Velasco. “Ustedes ven un animal que no representaba en ese momento ningún tipo de riesgo. Es realmente indignante cuando vemos que terminan de matarlo, lanzándole otro disparo. Es inhumano”. La causa de mayor conmoción es el desmembramiento del animal: fueron halladas su cabeza, patas y piel, partes que suelen ser traficadas en el mercado negro.
La unidad especializada de Policía Forestal de Preservación del Medio Ambiente (Pofoma) asegura en su informe que el felino recibió al menos cuatro tiros y alega un biocidio premeditado. “El cuerpo del animal fue hallado decapitado, desollado y mutilado”, se lee. El Ministerio Público exige la máxima de las penas para los involucrados, que ronda los ocho años.
El caso adquiere mayor sensibilidad al considerar el estado del jaguar. La reciente versión actualizada del Libro Rojo de los Vertebrados sobre el estado de conservación de la fauna boliviana califica al espécimen como en peligro de extinción, lo que significa que se encuentra amenazado por “el tráfico ilegal de colmillos y partes hacia mercados asiáticos, el conflicto persistente con la actividad ganadera, la sobrecacería de sus presas y la pérdida de hábitat vinculada a los incendios”.
El imponente porte del jaguar, que puede medir hasta dos metros de largo y pesar 135 kilos, lo ha llevado a ser uno de los objetivos favoritos de la caza furtiva. Bolivia es uno de los escenarios donde más muertes se le da; es el país con la tasa anual más alta del mundo de jaguares abatidos por actividades ilícitas, que alcanza un promedio de 61 ejemplares, y con 30 cadáveres decomisados cada año, según un informe de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES) de 2021.
En 2018, una pareja china fue detenida en la Amazonía boliviana con 185 colmillos del felino, destapando una red de tráfico que llevaba años operando en el país y que hasta anunciaba por radio pagos por cada ejemplar. Recientemente, el caso más sonado de tráfico ilegal fue en 2024, cuando se descubrió que la empresa argentina Caza y Safaris ofrecía la caza de un ejemplar por 11.000 dólares en territorio boliviano.


