El terremoto en Colombia, un enorme primer desafío para Abelardo De la Espriella
En un cuartel militar, el batallón Pichincha de Cali, se caen los techos de las edificaciones. Son las 7.35 de la mañana de este lunes, y han pasado menos de 60 horas desde que Abelardo de la Espriella diera allí mismo su primer discurso como presidente de Colombia. El mandatario, que ha asumido la descentralización del país como una de las banderas de su naciente presidencia, no eligió cuál de ellas será prioritaria. El impacto del sismo de este lunes definió por él. El temblor, de magnitud 7,4 y una inusual duración de alrededor de cuatro minutos, golpeó una de las zonas más ricas y pobladas del país: un corredor que va desde Cali —la tercera ciudad por población, donde De la Espriella tomó posesión el pasado viernes— hasta Medellín, la segunda, y donde estuvo este domingo en su primera visita oficial como presidente. El epicentro se ubicó cerca de San José del Palmar, en las montañas andinas del departamento del Chocó, pero el temblor se sintió incluso en Ecuador o Panamá. En Cali, Medellín, Pereira, Manizales y Quibdó, dejó edificios colapsados, aeropuertos cerrados y una cifra creciente de personas fallecidas.
El mandatario, que venía de una gira que lo había llevado el fin de semana por Barranquilla, donde estaba cuando ocurrió el sismo, y Medellín, voló este lunes por primera vez a Bogotá desde que es presidente. Suspendió la agenda que tenía prevista en La Guajira, al extremo norte de Colombia, para encabezar un Puesto de Mando Unificado en la sede de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD), además de convocar al Comité Nacional para el Manejo de Desastres. Dijo que asumía “directamente el liderazgo” de la atención de la emergencia. Sobre las 13.20, dio una corta declaración en la que reveló el detalle de los daños: 111 personas muertas, 1.575 viviendas afectadas, 61 edificios colapsados. Anunció otros puestos de mando en varias ciudades y afirmó que él concentrará todas las decisiones y viajará a los puntos afectados, para encabezar la operación de rescate.
La ciudad más afectada parece ser Pereira. Entre los 800.000 habitantes del área metropolitana de esa ciudad, capital del Risaralda, hay al menos 40 decesos, según el alcalde local. En todo caso, la cifra de muertos crece hora a hora y es, todavía, imposible de cerrar. Las propias autoridades seguirán actualizándolas a medida que avancen los equipos de rescate hacia las zonas de más difícil acceso.
De la Espriella encara la emergencia con funcionarios heredados del gobierno anterior, del que fue opositor ferviente, en entidades clave como el Servicio Geológico Colombiano o la propia UNGRD. Al frente de esta última está Javier Pava, cercano al expresidente de izquierda Gustavo Petro y quien regresó a la dirección de la entidad luego de que esta estuviera en el centro del mayor de los escándalos de corrupción de la Administración de izquierda.
El exmandatario declaró que su sucesor debe garantizar “una respuesta inmediata y articulada”. “En una emergencia nacional no puede haber territorios olvidados ni ciudadanos de segunda categoría. El Estado debe llegar primero a quienes más lo necesitan”, afirmó.
Hasta el momento, De la Espriella ha designado un gabinete propio y no ha reemplazado aún a las cabezas de otras entidades por personas de su confianza. Encara así el manejo de una tragedia de dimensiones aún por definir, apoyado en un equipo que le resulta ajeno. Es la primera gran prueba del Gobierno de un presidente que hasta hace tres días hacía oposición, y que ahora debe conducir el aparato estatal que criticó, en medio de un desastre natural, no de una disputa política. Algunas voces de la derecha le han llamado a declarar un estado de emergencia constitucional, que le permitiría emitir decretos con fuerza de ley para enfrentar la emergencia. No se ha pronunciado al respecto.
Si De la Espriella llega con un Ejecutivo nacional en el que aún dirigen entidades figuras de la izquierda, ha construido una relación más sólida con los alcaldes y gobernadores, piezas fundamentales del Estado local a la hora de responder a este tipo de sucesos. El caso más visible en esta crisis es el de Alejandro Éder, el alcalde de Cali, quien fue su anfitrión en la posesión presidencial, le dio la bienvenida al nuevo mandato y mostró una notoria sintonía con el mandatario alrededor de la logística de la inédita ceremonia de toma de posesión fuera de Bogotá. Esa cercanía con mandatarios regionales, cultivada desde antes de asumir, puede convertirse ahora en el principal activo institucional de un Gobierno que no ha construido un equipo propio en las entidades técnicas.

El terremoto llega, además, en un momento simbólicamente cargado: apenas dos días después de que De la Espriella recorriera el Eje Cafetero y Antioquia prometiendo gobernar “para las regiones” y no solo desde Bogotá. La tragedia convierte esa promesa, hecha en clave de discurso de campaña, en una obligación inmediata y medible: la manera en que el nuevo gobierno reparta la atención, los recursos y la presencia presidencial entre Cali, Pereira, Manizales, Quibdó y el propio San José del Palmar dirá más sobre su proyecto de descentralización que cualquier anuncio hecho hasta ahora.
Queda por verse si un gobierno que apenas empieza a instalarse, con una burocracia que no es la suya y una cifra de víctimas que todavía no toca fondo, logra convertir esta primera crisis en la prueba de gestión que necesita para ganar legitimidad más allá de sus votantes, o si la orfandad institucional con la que arrancó —sin tiempo aún para nombrar a su gente en las entidades que hoy debe activar— termina pesando más que la buena sintonía que ha mostrado con los mandatarios locales.


