Cuál es el origen de la histórica alianza entre EE.UU. y Marruecos y qué papel juega en la crisis migratoria en el enclave español de Ceuta – BBC News Mundo
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Desde un antiguo tratado de amistad hace más de dos siglos hasta la autopista Donald J. Trump en el Sahara, la relación entre Marruecos y Estados Unidos siempre ha sido especial.
El rey marroquí Mohamed VI renombró esta semana en honor al presidente estadounidense una vía de más de 1.000 kilómetros que se adentra en el Sahara Occidental, en un aparente agradecimiento por el apoyo de Trump a la soberanía de Rabat sobre este territorio en disputa.
Esto ocurrió poco después de que más de 70.000 personas irrumpieran desde Marruecos en la ciudad española de Ceuta, dejando al menos 140 muertos en ambos lados de la frontera y una grave crisis migratoria.
La reacción del gobierno estadounidense a este suceso dejó patente su cercanía con el reino alauita.
Trump describió lo ocurrido como una “catástrofe” similar a “la invasión de un país”, el Departamento de Estado responsabilizó a las políticas migratorias del gobierno español de Pedro Sánchez y la Casa Blanca culpó a las “políticas globalistas de extrema izquierda”.
En ningún momento cuestionaron a Marruecos, desde donde se originó la avalancha humana hacia Ceuta.
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Aunque a pocos ha sorprendido, la postura de Washington sí ha generado cierta preocupación en España, país miembro de la OTAN que alberga fuerzas estadounidenses en las bases militares de Rota y Morón.
Marruecos no pertenece a la alianza atlántica de defensa pero es uno de los principales socios militares y de inteligencia de EE.UU.
Analizamos cómo el país norteafricano y el norteamericano han afianzado su relación a lo largo de los años, qué beneficios obtienen ambos y cómo la alianza está marcando los acontecimientos actuales.
Un buen comienzo
Pese a su lejanía geográfica y cultural, la relación entre Estados Unidos y Marruecos comenzó muy pronto. Y lo hizo con buen pie.
En 1776 Estados Unidos se constituía como nación tras declarar su independencia del Imperio británico, mientras Marruecos era un sultanato independiente gobernado por la dinastía alauita, la misma que continúa hoy en el trono.
Apenas un año y medio después de la emancipación estadounidense, el sultán Mohamed III autorizó a los barcos de la nueva nación a entrar libremente en los puertos marroquíes.
Rabat presenta aquel decreto como el primer reconocimiento internacional de Estados Unidos.
Sin embargo, la Oficina del Historiador del Departamento de Estado de EE.UU. fecha el primer reconocimiento en el 23 de junio de 1786, cuando ambos países firmaron en Marrakech el Tratado de Paz y Amistad.
Para la joven república estadounidense esto era algo más que un gesto diplomático: la Marina británica ya no protegía sus buques y estos quedaron expuestos a los corsarios de Marruecos, Argel, Túnez y Trípoli, que capturaban embarcaciones y retenían a sus tripulantes para exigir rescates.
El acuerdo garantizó la navegación pacífica y el acceso de los barcos de EE.UU. a los puertos marroquíes, además de abrir oportunidades comerciales y reforzar la legitimidad internacional del nuevo país.
“La ubicación geográfica de Marruecos a la entrada del Mediterráneo y sus vínculos con Europa, África y el mundo islámico beneficiaron a Estados Unidos mientras buscaba reconocimiento y comercio por todo el mundo”, le dice a BBC Mundo Timothy W. Kneeland, profesor de Historia y Ciencias Políticas de la Universidad de Nazareth en Nueva York.
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El tratado fue renegociado en 1836 y continúa en vigor.
“Como siempre te dirán los marroquíes, el tratado de 1786 sigue siendo el acuerdo vigente más antiguo de la historia de Estados Unidos”, señala Sarah Yerkes, investigadora de Medio Oriente del Carnegie Endowment for International Peace y especialista en política exterior estadounidense hacia Medio Oriente y el norte de África.
La continuidad del tratado no implicó una cercanía constante en las relaciones entre ambos países.
Cuando Marruecos quedó dividido en 1912 entre un protectorado francés y zonas bajo control español, Washington se resistió inicialmente a reconocer el nuevo orden colonial, pero acabó haciéndolo en 1917.
Tras la independencia marroquí en marzo de 1956, Estados Unidos reconoció inmediatamente al nuevo Estado soberano y abrió su embajada en Rabat tres meses después.
Seguridad, comercio y el Sahara
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La cooperación en seguridad había comenzado años antes de la independencia marroquí.
En 1950, cuando Marruecos aún era un protectorado francés, Washington acordó con Francia utilizar y ampliar varias instalaciones aéreas en el país.
Un cuarto de siglo después, EE.UU. dio otro espaldarazo a su amigo norteafricano.
En noviembre de 1975, mientras agonizaba el dictador español Francisco Franco, Hassan II movilizó a unas 350.000 personas en la Marcha Verde para presionar a España a que abandonara su colonia del Sahara Occidental en el oeste de África frente a las Islas Canarias.
España acabó otorgando la administración del territorio a Marruecos y Mauritania.
Washington defendía públicamente la neutralidad y una solución negociada, pero documentos diplomáticos desclasificados revelan una postura más afín a Rabat.
Henry Kissinger comunicó a Hassan II en 1974 que, si estuviera en su lugar, actuaría de la misma manera; y en enero de 1976 reconoció que Estados Unidos “no puso demasiados obstáculos” a Marruecos en el Sahara.
Meses después, un informe diplomático ya definía la posición estadounidense como “esencialmente promarroquí”, según la Oficina del Historiador del Departamento de Estado.
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Sin embargo, indica a BBC Mundo la investigadora Sarah Yerkes, “cuando realmente tomó forma la relación bilateral en materia de seguridad fue tras los atentados del 11 de septiembre de 2001” en Estados Unidos.
“Desde el punto de vista geopolítico, Marruecos ha sido un firme aliado de Estados Unidos en su lucha contra el terrorismo mundial”, explica, por su parte, el profesor Kneeland.
El gobierno de George W. Bush designó en 2004 al reino norteafricano “aliado principal extra-OTAN”, una categoría que facilita el acceso a armamento y cooperación militar.
Marruecos acoge además el African Lion, el mayor ejercicio anual del Comando de Estados Unidos para África.
Ambos países entrenan conjuntamente a sus fuerzas especiales y copresiden el grupo para África de la coalición internacional contra el grupo autodenominado Estado Islámico, encargado de coordinar la asistencia antiterrorista en el continente.
Estados Unidos fue entre 2021 y 2025 el principal proveedor de grandes sistemas de armamento de Marruecos con el 60% de sus importaciones, seguido de Israel, con el 24%, y Francia, con el 10%, según el Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (Sipri).
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En el plano económico, el vigente tratado de libre comercio bilateral de 2006 fue el primero de Estados Unidos con un país africano y eliminó numerosas barreras comerciales.
En 2025, el comercio de bienes alcanzó los US$7.400 millones, casi ocho veces los US$927 millones registrados en 2005 antes de la entrada en vigor del tratado, con un marcado superávit para EE.UU.
La cifra, en todo caso, se considera modesta para la economía estadounidense, que tiene a Marruecos como su 46º mercado de exportación.
En cuanto a la diplomacia, Marruecos logró su mayor recompensa en 2020 cuando, al final de su primer mandato, Trump reconoció la soberanía marroquí sobre el Sahara Occidental como parte del acuerdo por el que el país norteafricano normalizó sus relaciones con Israel.
Washington mantiene esa posición y considera la propuesta de autonomía de Rabat la única base para resolver el conflicto.
“Marruecos es el miembro más exitoso de los Acuerdos de Abraham. La normalización con Israel ha resistido el conflicto de Gaza y ahora es bastante sólida”, sostiene la académica Yerkes.
El triángulo EE.UU.-Marruecos-España
La crisis de Ceuta ha generado tensiones en el triángulo formado por Estados Unidos, Marruecos y España.
El suceso ha puesto de relieve la alianza entre EE.UU. y Marruecos, en un momento en el que se plantean serias dudas sobre las relaciones de España con su vecino africano y con su socio norteamericano en la OTAN.
Madrid es un aliado militar importante de Washington y, al mismo tiempo, depende de la cooperación marroquí para gestionar su frontera norteafricana.
Sin embargo, ambas alianzas atraviesan momentos bajos.
Aunque el gobierno de Pedro Sánchez atribuyó la irrupción masiva en Ceuta a las mafias de tráfico de personas y a las redes sociales, e incluso agradeció la colaboración del gobierno marroquí, expertos, políticos y medios españoles han acusado al reino alauita de propiciar o al menos permitir el suceso.
El gobierno de Trump, por su parte, ha criticado duramente a España por disentir sobre el límite de gasto militar en la OTAN y vetarle el uso de las bases de Rota y Morón para sus operaciones en Irán.
Esas diferencias se hicieron especialmente evidentes en la crisis de Ceuta.
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Aunque Washington no respaldó expresamente la versión marroquí, tampoco pidió explicaciones a Rabat ni se hizo eco de las acusaciones sobre una posible relajación deliberada de los controles fronterizos.
Por el contrario, Trump presentó el episodio como consecuencia de las políticas migratorias españolas, en un claro ataque al gobierno de Sánchez.
“No creo que Washington vea los acontecimientos de Ceuta como algo impulsado por Marruecos. La Casa Blanca ha sido mucho más crítica con España y con lo que considera su mala gestión de la frontera, que permitió que ocurriera la crisis”, interpreta la investigadora Yerkes.
La reacción de Washington, en todo caso, confirma la solidez de su alianza con Rabat, en contraste con las fricciones con su aliado español en la OTAN.
Además, recalcan expertos, Marruecos puede ganar valor para Estados Unidos como socio en materia de seguridad y logística después de que España vetara sus bases y su espacio aéreo para los ataques contra Irán.
Con motivo de la Fiesta del Trono —la celebración nacional que el pasado 30 de julio conmemoró la entronización de Mohamed VI en 1999— Trump dejó clara la dirección de la alianza en un mensaje dirigido al monarca.
“Este año celebramos 250 años de historia estadounidense y de amistad duradera con Marruecos, un vínculo forjado en la confianza y el respeto mutuo”, indicó.
Tras mencionar el Sahara Occidental como territorio marroquí en un aparente guiño a su socio, el presidente estadounidense deseó que la cooperación en todos los sectores se prolongue “durante los próximos 250 años”.

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