Detenido un menor del grupo ultraviolento 764 acusado de amenazar de muerte a Irene Montero
Una operación conjunta de la Guardia Civil, los Mossos d’Esquadra y la Ertzaintza ha desembocado en la detención en la provincia de Gipuzkoa de un joven de 17 años y nacionalidad española como presunto autor de las amenazas de muerte que a comienzos de este año recibieron, entre otros, la eurodiputada de Podemos Irene Moreno y la tertuliana Sarah Santaolalla, según han informado a EL PAÍS fuentes cercanas a la investigación. Los agentes consideran al menor “el principal referente en España de la organización extremista 764″, un grupúsculo terrorista virtual y transnacional creado por un adolescente en EE UU en 2021 con tintes nazis, satánicos y pedófilos, que propugna perpetrar todo tipo de violencia para lograr el colapso de la sociedad y que dedica parte de sus esfuerzos a la captación y sextorsión (chantaje sexual) de otros menores.
Una reciente operación de nueve países europeos, liderada por España, permitió localizar 4.340 enlaces en internet en los que se alojaba propaganda violenta de este y otros grupos similares aglutinados bajo la red The Com (abreviatura en inglés de La Comunidad). Tras su detención el pasado 16 de julio, un juzgado de San Sebastián ha ordenado su ingreso en un centro de menores con carácter preventivo, según han informado este domingo los cuerpos policiales en una nota conjunta.
Al ahora detenido se le considera el presunto autor también del envío de numerosas amenazas dirigidas contra centros educativos, ayuntamientos, bibliotecas, asociaciones sociales, organismos públicos y centros de ocio entre enero y abril de 2026, en las que “anunciaba tiroteos, ataques armados y otras acciones violentas que nunca llegaron a producirse, aunque generaron una importante alarma social y obligaron al despliegue de dispositivos extraordinarios de seguridad”, según la nota policial. En sus comunicaciones hacía referencia a su supuesta pertenencia al grupo 764 y anunciaba que retransmitiría los asesinatos en directo a través de internet para que pudieran ser seguidos por otros miembros de esta organización con rasgos de secta.
La investigación ha revelado que el arrestado es también el presunto autor del acoso mediante doxing y swatting a una persona residente en el País Vasco y a otra en Cataluña. El doxing consiste en obtener y difundir datos personales de una persona para extorsionarla, amenazarla o convertirla en objetivo de campañas de acoso. Esta información puede utilizarse posteriormente para realizar acciones de swatting, que consisten en comunicar falsamente a las fuerzas de seguridad una emergencia en el domicilio de la víctima para provocar una respuesta policial que ponga en peligro a la persona señalada o su familia.
Las pesquisas revelaron además que el detenido participaba en chats de redes sociales, plataformas de videojuegos y aplicaciones de mensajería instantánea donde se sometía a manipulación psicológica a otros menores y jóvenes vulnerables, para obligarlos posteriormente a prácticas de humillación extrema, como los denominados blood walls (expresión en inglés que significa literalmente muros de sangre) y cutsigns (signos de corte). En los blood walls, los miembros del grupo obligan a sus víctimas a hacerse dibujos sobre la piel con sangre o heces en los que aparecen el alias del agresor o el nombre del grupo. Con el término cutsigns se conoce la obligación o inducción a las víctimas a grabarse en el cuerpo mediante cortes. En ambos casos, todo es registrado con fotografías o vídeos para su posterior difusión como acreditación por parte de los agresores del control que ejercen sobre sus víctimas y, así, incrementar su prestigio dentro del grupo.

A veces, además, se incorporaba a estas prácticas simbología satánica o elementos asociados al extremismo violento, bien como expresión ideológica, bien para incrementar el impacto, la intimidación y la capacidad de provocación de sus contenidos. En el registro de dos domicilios en Gipuzkoa vinculados al menor, se han incautado numerosos dispositivos electrónicos, soportes de almacenamiento digital y documentación relacionada con la actividad del detenido y la organización 764, entre ellos anotaciones manuscritas con simbología nazi y satánica.
La Agencia de la Unión Europea para la Cooperación Policial (Europol) recogía en su último informe sobre las tendencias del terrorismo en la UE la peligrosidad de 764 y otros grupúsculos que actúan bajo el paraguas de The Com y que comparten como objetivo principal “desestabilizar las estructuras sociales” mediante ataques y la captación y corrupción de menores. “No hay una ideología única que domine este ámbito y los miembros suelen carecer de un objetivo coherente o claro”, añadía el documento del organismo europeo, que destacaba que a sus miembros les une principalmente “la atracción por la violencia sexual o de otro tipo, el nihilismo, la misantropía, el satanismo, la misoginia o elementos del terrorismo y el extremismo violento yihadista o de extrema derecha”. Sus miembros son en su práctica totalidad adolescentes y adultos jóvenes, en su mayoría varones.
Interior también ha situado la amenaza que constituye esta red entre sus prioridades en línea con la Estrategia Nacional contra el Terrorismo. Fuentes policiales señalan que este tipo de grupos ha experimentado en los dos últimos años “una marcada expansión hasta convertirse en una amenaza de alcance global”. En la misma línea, cuerpos policiales de otros países también han abierto investigaciones sobre las actividades de 764 por su vinculación con delitos de sextorsión, acoso organizado, distribución de material de explotación sexual infantil, inducción a las autolesiones, difusión de contenidos de violencia extrema, maltrato animal y campañas de amenazas y hostigamiento contra instituciones, entidades sociales y personas. Canadá catalogó a este grupo como terrorista en diciembre pasado.
Fuentes policiales destacan que 764 y el resto de organizaciones extremistas que gravitan en torno a The Com utilizan principalmente las redes sociales, las plataformas de videojuegos y las aplicaciones de mensajería instantánea como canal de acceso a menores y jóvenes, su principal caladero para reclutar miembros, pero también para encontrar víctimas. Para ello, utilizan contenidos aparentemente inofensivos, adaptados al lenguaje y a los códigos culturales de los jóvenes. Tras ese primer contacto, el siguiente paso es atraer a estos jóvenes y niños hacia grupos privados y chats “en los que se desarrollan procesos más intensos de captación, radicalización, manipulación y victimización”, añaden estas mismas fuentes. “En estos espacios, las víctimas pueden ser inducidas o coaccionadas para producir material de abuso sexual infantil, autolesionarse, maltratar animales, acosar a otras personas o participar en acciones violentas”, añaden las mismas fuentes.

