Sin recursos para atender a los menores en Ceuta: “Veníamos avisando de que estaba pasando algo, pero no hicieron caso”
El sudor se mezcla con las lágrimas en el rostro de Malak, una chica de 14 años que lleva un pie vendado. La adolescente, vestida con una camiseta de fútbol y un pantalón corto, cuenta desconsolada que le duele mucho el tobillo que se torció mientras cruzaba a Ceuta por las rocas desde la costa marroquí de Castillejos hace dos días con su hermano Zakariyya, de su misma edad. “Quiero ir al médico”, pide desconsolada. Los hermanos, oriundos de la población costera de Rincón (M’diq), a 23 kilómetros al sur de Ceuta, se han cansado de esquivar a los militares que este viernes por la tarde pastoreaban a miles de hombres, muchos de ellos jóvenes y también algunas mujeres, en dirección a la frontera. Al igual que una decena de chicos que regresaba en torno a las seis de la tarde a su país, aseguran que han intentado acudir a los centros de menores, que la ciudad les diera cobijo, pero solo encontraron saturación y rechazo. Dicen que no han comido. Algunos, que solo han bebido agua. Con la ropa manchada, cansados, caminan hacia la frontera. Algunos cojean. “Nos hemos subido al monte huyendo y nos hemos caído rodando. Los militares nos están echando”, relata Malak exaltada.



