El fuego se contiene tras calcinar 3.750 hectáreas del parque natural de la Sierra de Espadán, en Castellón
“Está muy controlado”, dice con alivio uno de los bomberos forestales que este viernes continúa refrescando los puntos calientes del incendio declarado hace casi una semana en la Vall d’Uixó (Castellón). La impresión sobre el terreno coincide con el mensaje trasladado por las autoridades tras la primera reunión del Cecopi de la jornada. Aunque el incendio todavía no puede darse por estabilizado, los responsables del operativo confían en que, si la evolución sigue siendo favorable, puedan anunciarlo a lo largo del fin de semana.
La mejora de la situación ha permitido, además, levantar buena parte de las evacuaciones. Todos los vecinos que permanecían desalojados podrán regresar este viernes a sus casas, salvo los de los municipios de Artana y Eslida. De este modo, unas 2.800 personas seguirán evacuadas. Así lo ha anunciado el consejero de Emergencias, Juan Carlos Valderrama, quien ha precisado que la situación del resto de los desalojados volverá a evaluarse en el último Cecopi del día.
Las cifras siguen siendo descomunales: 9.599 hectáreas calcinadas, un perímetro de 81 kilómetros y cerca del 12% de la superficie que conforma el parque natural de la Sierra de Espadán reducida a cenizas. El espacio protegido, con 31.180 hectáreas protegidas, ha perdido alrededor de 3.750 hectáreas a causa del fuego, un 40% del total de la superficie forestal quemada desde el pasado sábado, según el último balance. En los dos primeros días, el fuego avanzó por las faldas de la sierra por La Vall d’Uixó o Vilavella, fuera de los límites del parque, pero luego se internó hasta llegar casi a su corazón, Alcudia de Veo.
Se trata de un golpe devastador para uno de los grandes pulmones verdes de Castellón y el segundo parque natural más extenso de la Comunitat Valenciana. La Sierra de Espadán, un imponente macizo montañoso salpicado de fuentes, barrancos y frondosos bosques de alcornoques, es uno de los enclaves naturales más singulares de la región.
Por primera vez desde que comenzó el incendio, el relato de la mañana ha estado marcado más por la contención que por el avance del fuego. “La noche ha ido bastante bien y ha sido bastante tranquila”, resume el director de Extinción, Fernando Pérez. Tras una semana de carreras para frenar las llamas y proteger las poblaciones, el operativo afronta ahora una fase distinta. El objetivo ya no es detener un incendio desbocado, sino rematarlo.
Todas las miradas están puestas en “cuatro o cinco puntos estratégicos”, puntos calientes que todavía resisten dentro del perímetro. “Hemos cambiado la composición del dispositivo. Antes teníamos un porcentaje elevado de bomberos profesionales cuyo trabajo era la defensa de las poblaciones”, explica Pérez. Ahora la prioridad es otra: apagar los últimos rescoldos antes de poder declarar estabilizado el incendio.
Desde primera hora, los medios aéreos sobrevuelan la zona descargando agua sobre los puntos calientes que detecta el helicóptero equipado con cámara térmica. Son focos que todavía respiran, pero ya no empujan el incendio. “Hay puntos calientes que de vez en cuando dan llama, pero no son frentes que vayan avanzando”, insiste el director de Extinción.
Mientras las brigadas peinan la montaña, otra investigación avanza lejos del frente del incendio. La Guardia Civil trata de reconstruir cómo comenzó un incendio que ha mantenido en vilo durante una semana a buena parte de la provincia. A principios de semana, la delegada del Gobierno en la Comunidad Valenciana, Pilar Bernabé, confirmó que los agentes habían tomado declaración a varios testigos. Este viernes ha revelado un nuevo dato: los investigadores sitúan el origen del fuego en “dos focos diferenciados en tiempo y espacio”, aunque muy próximos entre sí, ambos localizados al inicio del monte, junto al casco urbano de la Vall d’Uixó y de los barrios que tuvieron que ser evacuados. Bernabé ha evitado confirmar si la investigación ha permitido ya identificar al responsable.
Durante casi una semana, la lucha contra el incendio ha llevado al límite a los servicios de emergencia de Castellón. Han sido jornadas de relevo tras relevo, de noches en vela y de kilómetros recorridos por una montaña que apenas da tregua. “La gente ha trabajado mucho y muy duro en un escenario muy complicado”, resumía el jueves el director del Puesto de Mando Avanzado, Fernando Kindelán.

El mayor desafío ha estado en la cabeza del incendio. Allí, en uno de los rincones más abruptos de la Sierra de Espadán, las llamas avanzaban entre barrancos, laderas escarpadas y una masa forestal prácticamente inaccesible. “Era de las zonas más complicadas del perímetro”, relatan los propios bomberos forestales, obligados durante días a pelear contra un fuego al que, en muchos puntos, solo se podía llegar a pie.
A la dificultad del terreno se ha sumado una meteorología empeñada en complicar cada maniobra. La inversión térmica —una capa de aire cálido que atrapa el aire frío junto al suelo— ha sido uno de los principales quebraderos de cabeza del operativo. El humo quedaba retenido sobre el valle, reduciendo la visibilidad hasta casi hacer desaparecer la montaña y obligando en algunos momentos a limitar la actuación de los medios aéreos. Al mismo tiempo, ese fenómeno alteraba el comportamiento del incendio y hacía mucho más imprevisible su evolución.
Los bomberos saben que, en estas condiciones, basta una ráfaga para cambiarlo todo. “Cuando sopla el viento, el fuego puede recorrer una ladera de 500 metros en apenas cinco minutos. En el momento en que prende la copa de un árbol, el incendio empieza a propagarse de copa en copa y ahí nosotros ya no podemos hacer nada con nuestras mangueras frente a árboles de 15 metros de altura”, explicaba uno de los efectivos. Es entonces cuando el protagonismo pasa al aire. “Por eso, en incendios de estas características, los medios aéreos hacen el 90% del trabajo”.

