Los aspirantes piden certezas a la UNAM ante el uso de IA en el examen: “No tengo que probar otra vez que me merezco ese lugar”
Cada minuto que pasa la angustia sobre el futuro de 158.000 aspirantes para estudiar una carrera en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) aumenta. Las sospechas de que algunos estudiantes utilizaron herramientas de inteligencia artificial (IA) para hacer trampa en la prueba ha obligado a la universidad pública más importante de México a frenarlo todo. La institución ha instalado un comité técnico con 16 académicos que evaluarán las irregularidades alrededor de la prueba y entregarán “esta misma semana” recomendaciones sobre cómo resolver la polémica.
La incertidumbre ya ha llevado a algunos aspirantes a organizar protestas en Ciudad Universitaria para exigir respuestas. Estas manifestaciones, que han reunido a apenas unas decenas de personas, reflejan el dilema en el que se encuentra la UNAM: repetir la prueba a todos los aspirantes o respetar los resultados a pesar de los reclamos y de la sospecha. Todos los grupos son recibidos por una comitiva de la universidad que les escucha y recibe sus quejas por escrito. El veredicto del comité técnico sentará un precedente sobre el uso de nuevas tecnologías en las pruebas de nuevo ingreso para las instituciones de educación superior. El rector, Leonardo Lomelí, ha asegurado que hasta el momento “todas las posibilidades están abiertas”.
A la falta de certezas natural de un estudiante que aspira a entrar a la universidad para decidir sobre su futuro profesional, se han sumado las dudas sobre si el próximo mes tendrán la oportunidad de asistir a clases en la UNAM. “Hice el examen de manera honesta como para que ahora digan que mi esfuerzo se fue al caño”, comenta molesto Ángel Noé Castañeda, un joven de 18 años que consiguió un lugar en la licenciatura en Literatura Dramática y Teatro. Castañeda se ha plantado frente al edificio de Rectoría con una pancarta en la que pide que los resultados de la prueba se respeten. Cuenta que se preparó intensivamente durante seis meses y que cuando hizo el examen en línea le pidió a su familia que salieran de casa para hacerlo con las condiciones que la institución había pedido. Duda que en una segunda toma, se anime a hacer nuevamente el examen. “No tengo que probar otra vez que me merezco ese lugar”, sentencia.
Los estudiantes saben que en esta polémica está en juego la credibilidad de la UNAM. Considerada la mejor universidad pública de México y América Latina, la institución recibe anualmente muchísimas más solicitudes de ingreso de las que puede atender. Este año hay 50.000 lugares y solo 21.000 serán asignados por el resultado del examen en el que participaron 158.000 estudiantes. Ese mismo rigor que la universidad pide a los aspirantes. “Se supone que ya hubo filtros para detectar si alguien hizo trampa. Era algo que se veía venir y no tomaron las medidas antes”, apunta Daniela Donato, de 21 años y que compitió por uno de los lugares en la carrera de Medicina. Este es su tercer intento para acceder a una de las facultades más prestigiosas del país en materia de Salud. Donato dice que podría ser la primera doctora en su familia y se muestra frustrada ante el freno de la UNAM por los resultados irregulares. Está dispuesta a repetir el examen para no perder la oportunidad.

Bajo los murales de David Alfaro Siqueiros que adornan la torre de rectoría, las pancartas de los aspirantes que protestan contrastan con los estudiantes que llegan al campus central de la universidad para hacerse una foto con su título de licenciatura con la Biblioteca de fondo. “118 aciertos no fue suerte, fue esfuerzo”, se lee en uno de los letreros de la manifestación. Unos terminan su formación, mientras otros intentan conseguir esa oportunidad. En México, acceder a la educación universitaria pública es un privilegio que no suele estar relacionado con el estatus económico de los estudiantes, sino con el mérito y capacidad para desenvolverse en el entorno académico.
“Es un hecho que siempre va a haber quien intente hacer trampa, pero tengo la sensación de que había partes del examen, como de comprensión lectora, que para una inteligencia artificial son complicadas de resolver”, dice Santiago González Cortés, un aspirante de 20 años de la carrera de Medicina. González obtuvo 119 puntos —de un total de 120— y cuenta que durante el examen en línea era evidente que existían medidas de seguridad para impedir estrategias fraudulentas. Está expectante ante la decisión del comité técnico y sabe que su futuro está a merced del veredicto final. El estudiante cree que el examen presencial sigue siendo el que genera más confianza entre los aspirantes.




Ximena Bárcenas, de 19 años, coincide. Ella se presentó al examen en 2025 y en su segundo intento este año ha conseguido un lugar en la licenciatura en Trabajo Social. Conoce tanto la prueba presencial como la nueva modalidad en línea, y la primera le pareció “más cómoda”. Ha acudido a Ciudad Universitaria acompañada de su familia, que respalda el esfuerzo que hizo para hacer el examen en casa evitando cualquier interferencia. Está nerviosa pero tiene claras las incógnitas que no han sido resultas en uno de los casos más polémicos de la UNAM en su historia. “Tuvieron dos meses para revisar bien los resultados, ¿por qué nos están haciendo pasar por esto ahora?” Las clases debían empezar el próximo 10 de agosto, pero nadie está inscrito. Esta semana esta siendo, sin duda, la más larga de sus vidas.

