La importancia del periodismo hispano en Estados Unidos: “El idioma es político y nuestras comunidades nos necesitan”
Son quienes dan forma a la noticia, quienes esculpen la historia. Están detrás del reportaje, del video informativo de TikTok, llevan a cuestas una sala de redacción, sostienen el nervio de la decisión editorial o piensan las estrategias para que el periodismo no solo sea rentable, sino que no muera. Son puertorriqueños, españoles, venezolanos, mexicanos, cubanos. Tienen acento cuando hablan inglés y pasan al bilingüismo con la gracia de la incorrección, sobre todo situando el idioma en función de aquello que hacen. Donde las encuestas ven un porcentaje, ellos ven un rostro; donde el sistema ve un migrante, ellos una persona. Ahora se han dado cita en el mayor evento de periodistas hispanos de Estados Unidos para hablar de lo que hacen y de aquello que son.
Desde el pasado martes, el hotel New Orleans Marriott, en la ciudad sureña de Nueva Orleans, acogió la conferencia de la Asociación Nacional de Periodistas Hispanos (NAHJ, por sus siglas en inglés), la mayor organización que, desde hace más de cuatro décadas, fomenta y promueve el periodismo hecho por y para hispanos en Estados Unidos. Son cerca de 4.000 miembros, entre periodistas, estudiantes, profesores y profesionales de los medios, quienes se dan cita cada año para confluir y pensar el periodismo dirigido a una de las comunidades históricamente menos representadas en la prensa.
Mariana Navarrete voló desde Nueva York para asistir al evento. Es una periodista mexicana de 26 años a quien uno de los jefes del medio donde trabajó en Connecticut le dijo una vez: “¿Para qué te vas a involucrar en espacios que solo hablan español, si ellos ni nos leen?”. Navarrete había querido comenzar a contar las historias de los más de 735.000 latinos que viven en ese Estado. No fue posible, o al menos como ella pensaba. Tuvo que luchar por sacar adelante las historias que más le importaban.
Por eso desde hace tiempo el gremio de periodistas hispanos en Estados Unidos ha tenido la conciencia y la obligación de hacerse cargo de lo que algunos grandes medios no tienen como prioridad. Se trata de la comunidad que se ha tenido que contar a sí misma, ocuparse de las historias que el mainstream ha sepultado. Los reveses son muchos: el periodismo en español ha sido precario, invisibilizado y desprovisto de espacios.
En uno de los pasillos del hotel donde tuvo lugar la conferencia estaba sentada Tamoa Calzadilla, la periodista venezolana que ha liderado equipos de investigación y que hoy ocupa el rol de jefa editorial de Palabra, una plataforma para periodistas independientes asociada a la NAHJ. Calzadilla asegura que, en un país con una audiencia de más de 60 millones de personas de origen hispano o latino —entre los cuales, según el último Censo, unos 39 millones hablan ambos idiomas y unos 18 prefieren hablar solamente el español en el hogar— los “desiertos informativos” hoy son impactantes.
“Tienen necesidades de información que no están siendo cubiertas. Hay zonas en el país con al menos un solo medio o ninguno, donde la gente que habla español no tiene dónde informarse. Entonces hay un gran vacío respecto a los medios en español”, sostiene.
Una encuesta del centro de estudios Pew reveló en 2024 que poco más de la mitad de los adultos hispanos en el país (54%) se informan principalmente en inglés, frente al 21% que se informa en medios en español. Por mucho tiempo, los espacios dirigidos a latinos se restringieron a fomentar el entretenimiento, creyendo que con novelas y programas de participación se saldaba la deuda con la audiencia hispana. Aunque hoy esta visión se ha superado, el periodismo en español sigue estando en desventaja. Algunos medios son solo apéndices de sus similares en inglés. Incluso los salarios son mucho más bajos y las oportunidades laborales también. En los últimos tiempos, no son pocos los medios de comunicación en español que han tenido que despedir en masa a sus periodistas, reducir sus redacciones e incluso cerrar.
En medio de este escenario, la cadena Telemundo ha podido expandirse, tras varias décadas de servicio a la audiencia hispana. La periodista española Marta Planells, vicepresidenta de Noticias Digital y Streaming de Telemundo, quien lleva 10 años trabajando en la industria del periodismo en Estados Unidos, tiene claro que el camino ha sido buscar la manera de ser independientes tanto editorial como económicamente. “Lo hemos logrado porque desde arriba hay una visión clara”, dice. Aunque Telemundo es parte de NBCUniversal, no se limita a ser su servicio exclusivo en español, sino un medio con autonomía.
“Somos hermanos, de tal forma que el contenido que se genera en NBC News en inglés llega a Telemundo en español, pero también el contenido que hacemos en Telemundo se traduce al inglés. Y eso es lo novedoso que nosotros hemos logrado hacer gracias al entendimiento que tenemos de la audiencia”, sostiene Planells. “Me parece que el reto para los medios ahora es entender que el negocio digital es muy variopinto y debemos encontrar un modelo de negocio que sea rentable, teniendo en cuenta la cantidad de plataformas y el consumo masivo que hay”.
El periodismo en español en la era Trump
La situación hoy se vuelve mucho más áspera para los periodistas hispanos o que practican el periodismo desde comunidades latinas, una de las más atacadas por el Gobierno de Donald Trump. Profesionales como Mariana Navarrete han tenido que dejar de cubrir temas relacionados con la migración o dejar de asistir a protestas, por miedo a que su estatus legal en el país pueda peligrar.
Hace diez años, cuando el presidente Trump hacía campaña para llegar a la Casa Blanca —entre otras cosas, con la promesa de hacer frente a la migración—, también nacía el programa de maestría de periodismo bilingüe de la Craig Newmark Graduate School of Journalism de la Universidad de la Ciudad de Nueva York. El objetivo era claro: “Apostar por que las comunidades hispanas tengan ese espacio para que se pueda reportar sobre ellos, pero a través de estudiantes bilingües, que puedan moverse en la realidad de los dos idiomas, y que a su vez puedan amplificar las situaciones e historias de esa comunidad que tan frecuentemente están estereotipadas y poco comprendidas en los medios”, dice Carmen Graciela Díaz, directora del programa, quien también ha llegado a participar en el evento de periodismo anual.

Según Díaz, el objetivo era transformar “las salas de redacción con mayor representación de nuestra comunidad con nuevas generaciones de periodistas”. Diez años después, con Trump de vuelta en la Casa Blanca, el panorama es mucho más agresivo. Hoy los periodistas allí graduados ya saben que se enfrentarán a cubrir las historias de las personas que, entre otras cosas, más han padecido la política antiinmigrante de la actual Administración. El reto del inicio sigue en pie: “Pensar cómo nos mantenemos vigentes, cómo servimos y hacemos que los periodistas cubramos a las comunidades hispanas, latinas, con dignidad, con rigor, con respeto y con equilibrio en un momento en que nuevamente tenemos tanto ruido. El español no es solamente un asunto lingüístico. Lo veo como una herramienta, como un puente cultural, apunta Díaz.
Jasmine Garsd, corresponsal de migración de la Radio Pública Nacional (NPR), llegó a Nueva Orleans para ofrecer un taller sobre cómo reportar en comunidades en situación de vulnerabilidad y compartir enseñanzas sobre cómo mantenerse seguro. Es una de las periodistas que ha estado sobre el terreno contando las historias de la agresiva política antiinmigrante desatada desde Washington. Ha padecido en carne propia las marcas de esta época.
“Estamos en un momento de mucha intimidación al periodista. Este año trabajé en Minneapolis y nos lanzaron gas lacrimógeno en varias ocasiones. Hay un ambiente en general de intimidación al periodista. Es una Administración en la cual la línea oficial es que los periodistas están mintiendo, que son una fuerza de la oposición. Se está haciendo un trabajo para desacreditar al periodismo. También hay un desgaste emocional y psicológico”, asegura.

No obstante, aunque sigue siendo un reto para los periodistas hispanos —un tanto físico como psíquico y monetario—, las comunidades hispanas y latinas continúan impulsando el periodismo en español. Incluso cuando eso implique tomar partido. “Aquí la apuesta no es por hacer un periodismo de equilibrismo; estamos contando honestamente, con recursos periodísticos, las historias que deben ser contadas y nadie mejor que ese periodista que pertenece a la comunidad para saber qué contar y cómo contar”, asegura Tamoa Calzadilla.

