Explicaciones incompletas
Tras dos meses de silencio desde su imputación por liderar supuestamente una trama de tráfico de influencias, y ante la acumulación de indicios comprometedores, José Luis Rodríguez Zapatero dio este jueves por primera vez aclaraciones públicas en una entrevista en TVE, pero aportó poca información novedosa ante unas acusaciones que han causado un grave perjuicio a su propia posición como referente de la izquierda en España. El expresidente reiteró lo que el 17 de junio ya había declarado ante el juez José Luis Calama: que no intervino en el rescate de la aerolínea Plus Ultra, que no planificó la creación de una empresa offshore para camuflar sus ingresos, y que no usó a sus hijas como testaferros. En la entrevista también alegó que las joyas guardadas en su despacho, y valoradas en más de 1,3 millones de euros, fueron un “regalo de cortesía”, pero no reveló nada sobre su origen. La decisión de comparecer en televisión puede entenderse como una voluntad de transparencia, pero exigirá explicaciones más completas ante el juez y ante la opinión pública.
El expresidente del Gobierno tuvo razón al defender ante las cámaras de TVE su presunción de inocencia, que le ampara como a cualquier investigado, y la necesidad de un juicio ordenado que evite nuevas filtraciones que solo crean indefensión en el imputado. La intervención judicial de sus agendas de dos años y su consiguiente exposición pública, incluyendo asuntos privados del todo ajenos al caso, ha socavado estos derechos, y no puede repetirse. Ha habido fallos en este procedimiento y Zapatero hizo bien en señalarlos, porque no hay juicio justo posible sin el más escrupuloso respeto a los derechos fundamentales del justiciable. También es una buena noticia que se presentase a responder a las preguntas de la prensa, como había prometido hacer con la mayor celeridad el 19 de mayo, cuando fue imputado, pero las explicaciones que debía al conjunto de la ciudadanía y a los simpatizantes socialistas han llegado tarde y resultan insuficientes.
Zapatero no ofreció durante la entrevista ningún hecho o dato fehaciente contradictorio a los presumidos por las acusaciones, y remitió sus explicaciones a futuras comparecencias ante el juez. Ni siquiera en el asunto del atesoramiento de las joyas apuntó a la fecha, el origen, el motivo ni el donante. Afirmó que no había habido “uso o afán patrimonial” de estos bienes y aseguró que “en absoluto ha habido intención de defraudar”. Ante la posibilidad de que al no entregarlas en su momento al Patrimonio Nacional hubiese vulnerado su propio código ético, respondió que eso era “interpretable”. Se trata de una parte menor en todo caso, pero la exposición de las joyas es tal vez la más dañina para su imagen de dirigente íntegro entre sus simpatizantes, y requiere aclaraciones más detalladas.
El problema para la credibilidad del expresidente estriba en que mientras él no aporta datos, aumentan los indicios en su contra. Complican su posición las recientes deposiciones que han lanzado el administrador de Análisis Relevante, Julio Martínez Martínez, y la del presidente de Plus Ultra, Julio Martínez Sola, en su estrategia de defensa. Lo que eran inferencias del informe de la Guardia Civil, reproducidas en el auto inculpatorio del juez, se han convertido en indicios de consideración: sólo un exacto relato contrario y detallado puede contrarrestarlos. Y en ausencia de respuestas convincentes, las incógnitas y las sospechas suelen prosperar. Cuanto más tarde en dar estas respuestas, mayor la inquietud entre los ciudadanos y los socialistas, y el daño político para su partido y el Gobierno.
