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Reconocer: del meme nadie se salva

Cada quien puede pensar lo que quiera y, probablemente, todos tengan razón desde el ángulo desde el que miran un fenómeno. El punto interesante es otro: en internet no siempre decidimos a qué conversación entrar; muchas veces ya estamos dentro antes de darnos cuenta.

Hay temas que se vuelven inevitables. Aunque pases de largo, aunque no te intereses demasiado, algo te alcanza. Así pasa con fenómenos como Bad Bunny: a unos les gusta, a otros no; algunos lo celebran, otros lo critican. Todas esas opiniones conviven y, de algún modo, nadie queda completamente fuera.

Lo curioso es que muchas veces los memes terminan siendo más llamativos que el suceso mismo. No porque expliquen mejor lo que pasó, sino porque lo vuelven fácil de reconocer y compartir. El hecho se transforma en meme y deja de necesitar explicación: basta con entender el guiño para estar dentro.

A esto se le llama memificación del acontecimiento, y cumple una función clara: permitir que más personas entren a la conversación sin tener que saber todos los detalles ni tomar una postura firme. El meme traduce el tema a un lenguaje común, baja la exigencia y crea un punto de encuentro. No argumenta; conecta.

Así, incluso quien no estaba interesado termina participando. Ve el meme, capta la referencia, sonríe o frunce el ceño… y ya orbitó la esfera. No es tanto elección como exposición. No es debate, es convivencia con ideas distintas que aparecen una y otra vez en la navegación.

Tal vez por eso estas conversaciones cansan y divierten al mismo tiempo. No exigen profundidad, pero sí presencia. Nos ponen en un espacio compartido donde unos opinan fuerte, otros se burlan y muchos solo observan.

Y la reflexión final es tranquila: tal vez no se trate de resistirse ni de salvarse. En internet nadie queda completamente fuera; las conversaciones circulan, nos rozan, nos alcanzan. Lo único que cambia es la forma en que las habitamos. A veces entramos, a veces observamos y otras simplemente dejamos pasar, sabiendo que formar parte del mundo hoy también implica convivir con lo que no elegimos.

Soy Leticia Pérez, observando la interacción digital y escribiendo lo mejor posible